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La Provincia de Buenos Aires debe liderar la próxima Revolución productiva del S.XXI

Escribe para Cadena Nueve, Luis Gotte*

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En Buenos Ayres jamás se abrió un debate serio sobre el despoblamiento del interior productivo y la lenta agonía de sus pueblos. Nunca se sancionaron leyes ni se diseñaron políticas públicas capaces de frenar su desaparición. Ningún gobierno provincial se preguntó: ¿qué actividades económicas pueden devolverles población, empleo y crecimiento?

Es urgente decidir cómo recuperar los 600 pueblos que desaparecerán en la próxima década. No alcanza con discursos: hay que fomentar su repoblamiento mediante la construcción de 60.000 viviendas con tecnología 3D de hormigón, por ejemplo. Pero cuidado: no se trata de caer en la demagogia de un simple plan habitacional. La clave es diseñar una estrategia de desarrollo productivo provincial.

Porque ningún pueblo se sostiene únicamente con casas: se sostiene con trabajo, producción y arraigo. Sin empleo y sin actividad económica, las viviendas en poco tiempo se volverían a abandonar. Con industria, agro, tecnología y crédito productivo, en cambio, cada pueblo puede ser un motor de crecimiento.

En este escenario aparece una de las mayores riquezas de la provincia de Buenos Ayres: el maíz.

Tradicionalmente, gran parte del maíz de la Pampa Húmeda se exporta como materia prima con escaso procesamiento industrial. Por el contrario, en los principales países desarrollados el maíz constituye la base de una compleja red de agrobioindustrias capaces de generar empleo, innovación tecnológica y alto valor agregado.

A partir del maíz pueden producirse alimentos balanceados para la ganadería, carne bovina, porcina y aviar, bioetanol, bioplásticos, bioquímicos, almidones industriales, bebidas, aceites, proteínas vegetales, indumentarias y calzados (Reebok), biomateriales para la construcción e incluso insumos para la industria farmacéutica.

Cada una de estas actividades multiplica el valor económico de la producción primaria y genera puestos de trabajo calificados cerca del lugar donde se produce la materia prima.

Los pueblos del interior productivo poseen ventajas extraordinarias para un nuevo modelo: tierra disponible, conectividad vial, capacidad agropecuaria, infraestructura básica, cooperativas, pymes y una cultura productiva profundamente arraigada. Lo que falta es una planificación estratégica que articule producción, industria, vivienda y poblamiento, vinculada a los puertos y al tendido ferroviario, complementado incluso con tecnologías modernas como el uso de drones para el traslado de la producción, tal como ya sucede en Suiza, Ruanda, Chile, México y Perú.

La construcción de nuevos barrios mediante impresión 3D podría transformarse en la primera etapa de un programa mucho más amplio. Las viviendas permitirían radicar técnicos, ingenieros, operarios especializados, emprendedores y jóvenes familias vinculadas a estas nuevas actividades productivas.

Alrededor de los pueblos se instalarían plantas de bioetanol, fábricas de alimentos balanceados, criaderos intensivos, industrias de biomateriales, centros logísticos, laboratorios biotecnológicos y polos de innovación vinculados al agro.

De esta manera, el repoblamiento dejaría de ser una simple política habitacional para convertirse en una política de desarrollo y crecimiento municipal.

La provincia de Buenos Ayres posee las condiciones para liderar una nueva revolución productiva del S.XXI basada en la integración entre agricultura, industria, energía, ciencia y tecnología. El maíz puede ser uno de sus principales motores.

Recuperar pueblos no significa regresar al pasado o resolver la cuestión demográfica. Significa construir una nueva geografía económica donde la producción de valor agregado genere empleo, arraigo y crecimiento demográfico.

Los Tigres Asiáticos, Rusia, China y hasta países del Sahel comenzaron con un sueño y lo conquistaron: sin recursos extraordinarios, pero con una élite política y empresarial que decidió competir en serio, planificó, invirtió, educó y protegió industrias nacientes durante décadas. No fue azar ni “el mercado”, fue estrategia sostenida. Esa es la lección para Buenos Ayres: acá no decidimos nada, apenas sobrevivimos, y la diferencia entre sobrevivir y desarrollarse es exactamente esa: querer ser grandes y actuar en consecuencia.

*Autor de, La hora de tu comunidad (Ed. Fabro, 2022)- La hora de tus intendentes (Ed. Fabro, 2024)- La Revolución Bonaerense del Siglo XXI – Las Cartas Orgánicas Municipales (en edición, 2025)

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