
Cada 18 de mayo, Argentina celebra el Día de la Escarapela, una fecha que invita a reflexionar sobre uno de los símbolos patrios más representativos de la historia nacional. Pequeña en tamaño, pero enorme en significado, la escarapela representa la unión, la identidad y el compromiso con los valores que dieron origen al país.
Su creación se remonta al 13 de febrero de 1812, cuando Manuel Belgrano solicitó oficialmente que se estableciera una escarapela nacional para unificar los distintivos que utilizaban los diferentes cuerpos del Ejército. Hasta ese momento, cada regimiento empleaba insignias diferentes, lo que generaba confusión en medio del proceso revolucionario.
Días más tarde, el 18 de febrero de 1812, el Primer Triunvirato —integrado por Manuel de Sarratea, Juan José Paso y Feliciano Antonio Chiclana— aprobó oficialmente el uso de la escarapela nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata con los colores blanco y celeste. Según los historiadores, estos colores provenían de la Casa de Borbón, vinculada al rey Fernando VII.
Existen distintas versiones sobre su origen. Una de ellas sostiene que los colores celeste y blanco ya habían sido utilizados durante las Invasiones Inglesas al Río de la Plata por cuerpos militares locales. Otra versión indica que un grupo de damas porteñas habría llevado estos colores durante una reunión con Cornelio Saavedra en mayo de 1810.
Además, durante los días de la Revolución de Mayo, los patriotas utilizaban cintas blancas para identificarse entre sí. Si bien durante mucho tiempo se atribuyó su creación a Domingo French y Antonio Beruti, los historiadores coinciden en que no existen pruebas concretas de que hayan diseñado la escarapela tal como se conoce actualmente.
La importancia de este símbolo patrio sigue vigente. La escarapela se utiliza especialmente durante las fechas patrias, como el 18 y el 25 de mayo, el 20 de junio y el 9 de julio. Llevarla en el pecho representa el respeto por la historia, la memoria colectiva y el sentimiento de pertenencia a la nación.
En 1935, el Consejo Nacional de Educación estableció oficialmente el 18 de mayo como Día de la Escarapela, con el objetivo de reforzar su valor dentro de las escuelas y la comunidad.
Hoy, la escarapela continúa siendo mucho más que un adorno: es una expresión de identidad nacional que une a los argentinos de norte a sur y recuerda los ideales de libertad, independencia y construcción colectiva que marcaron el nacimiento del país.
En un nuevo aniversario del Día de la Escarapela, desde distintos ámbitos educativos, culturales y sociales invitan a toda la comunidad a lucir este lunes 18 de mayo la escarapela en el pecho como símbolo de orgullo, identidad y compromiso con la historia argentina.
Un pequeño emblema que mantiene vivos los valores y el sentimiento patriótico de todo un país.


