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Las “mariposas” en el vientre antes de un gran momento

Lejos de ser solo una metáfora romántica, la sensación de vacío y agitación en el estómago es una respuesta biológica precisa que conecta cerebro, intestino y emociones

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Muchos viven una sensación de nerviosismo y agitación antes de una entrevista de trabajo, al dar un discurso o al comienzo de un romance.

Las “mariposas en el estómago”, junto con un ritmo cardíaco acelerado, sudoración y una sensación general de inquietud, son una linda descripción de una parte de la respuesta de lucha o huida que puede activarse cuando estamos emocionados o asustados.

Pero ¿qué son exactamente estas mariposas? ¿Por qué las sentimos en el estómago? ¿Y hay algo que podamos hacer al respecto?

Alerta de amenaza

Estas “mariposas”, junto con la frecuencia cardíaca acelerada y la sudoración, forman parte de tu modo de supervivencia. Es entonces cuando entra en juego el sistema nervioso autónomo.

Cuando se percibe una posible amenaza —ya sea física o social, real o imaginaria— la información se envía a la amígdala cerebral para su procesamiento emocional. Si la amígdala detecta peligro, activa una señal de socorro hacia el hipotálamo, que desencadena una serie de cambios destinados a preparar al cuerpo para la acción.

Las glándulas suprarrenales liberan adrenalina y noradrenalina al torrente sanguíneo. Estos mensajeros químicos activan receptores en vasos sanguíneos, músculos, pulmones y corazón. El resultado:

  • Aumenta la frecuencia cardíaca
  • Se incrementa el flujo sanguíneo
  • Suben los niveles de azúcar en sangre
  • Los músculos se preparan para la fuerza (lucha) o la velocidad (huida)

La digestión puede esperar

En una situación de amenaza, la digestión pasa a segundo plano. El cuerpo reduce el flujo sanguíneo al estómago y los intestinos y detiene temporalmente la peristalsis, el movimiento constante del intestino que impulsa los alimentos.

El sistema nervioso autónomo también estimula los órganos a través del nervio vago, que conecta el cerebro con el corazón y el sistema digestivo.

No existe evidencia directa que explique exactamente qué parte de esta cascada produce la sensación de “mariposas”, pero es probable que esté relacionada con la interrupción de la actividad intestinal y las señales que el nervio vago envía al cerebro sobre ese cambio.

Esta sensación es técnicamente una “sensación visceral” y forma parte del eje intestino-cerebro, el sistema de comunicación bidireccional que comparte señales sobre estrés, estado de ánimo, digestión y apetito.

¿Influyen los microbios intestinales?

Los microbios intestinales forman parte de este complejo sistema. Aunque podría parecer tentador atribuirles directamente la sensación de mariposas, no hay evidencia de que actúen de manera coordinada e inmediata como para explicar esa aparición repentina de ansiedad.

Sí existe evidencia —principalmente en estudios con ratones— de que los microbios influyen en la respuesta al estrés.

En humanos, un pequeño estudio mostró que una dieta orientada al microbioma, rica en fibras prebióticas, podría reducir el estrés percibido en comparación con una dieta saludable estándar. Sin embargo, los resultados aún son preliminares y no permiten conclusiones definitivas.

¿Qué puedo hacer con las mariposas?

Lo primero es preguntarte si realmente necesitas controlarlas. Si se trata de una situación puntual y estresante, podrías simplemente reconocerlas y continuar con tu día hasta que el sistema de “descanso y digestión” vuelva a activarse.

Algunas estrategias útiles incluyen:

  • Observar conscientemente la sensación en el cuerpo
  • Notar la respiración
  • Dar pequeños pasos hacia aquello que temes

Tomar una acción bajo tu control le demuestra a tu cerebro que puedes afrontar la amenaza.

A veces, abordar la causa de la ansiedad ayuda: prepararte mejor para una entrevista o cambiar tu perspectiva puede marcar la diferencia.

Si la ansiedad es frecuente o interfiere con tu vida, puede ser útil adoptar un enfoque basado en la evidencia como la terapia de aceptación y compromiso (ACT), que propone “abandonar la lucha”: en lugar de combatir la ansiedad, aprender a convivir con ella mientras avanzas hacia lo que es importante para ti.

En definitiva, esas mariposas no son una señal de debilidad. Son una prueba de que tu cuerpo está intentando ayudarte a sobrevivir. Aprender a escucharlas —sin dejar que te dominen— puede convertirse en una herramienta poderosa de autoconocimiento y resiliencia.

Fuente: Amy Loughman es profesora titular de psicología en la Universidad de Melbourne

 

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