
Este 4 de agosto, se cumplen 126 años del nacimiento de Arturo Humberto Illia, un dirigente radical y médico que ocupó la presidencia de Argentina entre 1963 y 1966, y cuya figura, pese a los logros de su gestión, suele ser olvidada en la memoria colectiva.
Nacido en Pergamino, provincia de Buenos Aires, Illia dedicó su vida a la política y a la medicina, y su paso por la Casa Rosada se distinguió por la austeridad, la ética y el compromiso con el bienestar social.
Illia llegó al poder tras unas elecciones libres en un contexto en el que el peronismo estaba proscripto.
Durante su gobierno, su administración promovió la explotación estatal de los recursos estratégicos, anuló contratos petroleros desfavorables, impulsó la industria nacional y destinó el 23% del presupuesto nacional a educación, un récord histórico.
Bajo su gestión, el Producto Bruto Interno y el Producto Externo Industrial crecieron significativamente, disminuyó la desocupación y se redujo la deuda externa.
Además, se implementó un plan de alfabetización y se sancionaron leyes fundamentales como la del Salario Mínimo, Vital y Móvil.
En 1965, Illia levantó la prohibición que pesaba sobre el peronismo, convocó a elecciones legislativas y permitió que sus candidatos compitieran libremente, reflejando su compromiso con la democracia.
Sin embargo, su gobierno fue abruptamente interrumpido el 28 de junio de 1966 por un golpe militar encabezado por Juan Carlos Onganía, apoyado por sectores de la prensa de la época.
A diferencia de muchos de sus predecesores, Illia asumió la presidencia sin frac, con un traje de calle, reflejando su cercanía con los ciudadanos.
Al ser derrocado, regresó a Córdoba con lo único que poseía: su casa y su consultorio médico. Su declaración de bienes reflejaba una vida sencilla: algunos trajes, camisas, zapatos y pertenencias básicas, sin lujos ni excesos.
En su declaración de bienes ante el escribano mayor de la Casa de Gobierno, detalló con precisión lo que poseía: tres trajes grises, un traje negro, dos sacos sport, tres camperas, cuatro pullovers, ocho camisas de vestir, cuatro camisas de manga corta, diez pares de medias, tres pares de zapatos negros, un par de chinelas, un desavillé, una salida de baño, ocho juegos de ropa interior, diez corbatas, tres pijamas, un par de anteojos negros y un portafolios. Sin automóviles, sin propiedades adicionales, lo único que conservaba era su casa y su consultorio médico. Esta declaración refleja la modestia y coherencia de un presidente que vivió de manera cercana a la realidad de los argentinos comunes, un ejemplo de austeridad en la función pública que contrasta con muchos de sus sucesores.
Su último mensaje a la Nación, emitido dos días antes del golpe, evidenció su firmeza y compromiso con los principios democráticos que siempre defendió.
Hoy, a más de seis décadas de su mandato y tras su fallecimiento el 18 de enero de 1983, Illia sigue siendo un ejemplo de integridad y humildad, un presidente cuyo legado merece ser recordado y estudiado por las futuras generaciones.


