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Tuberculosis en Argentina: los casos crecieron más de 71,6% desde 2020 y alertan por posibles diagnósticos no registrados

Mientras aumentan los contagios y las muertes continúan en niveles preocupantes, especialistas advierten sobre fallas en la detección, dificultades para sostener los tratamientos y problemas en la vacunación de recién nacidos.

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La tuberculosis vuelve a encender señales de alarma en Argentina. De acuerdo con datos oficiales, durante las primeras 22 semanas de 2026 se notificaron 6.482 casos de la enfermedad, frente a los 3.777 registrados en el mismo período de 2020. La diferencia representa un incremento del 71,6% en apenas seis años.

Sin embargo, desde el Observatorio Social de Tuberculosis en Argentina sostienen que la situación podría ser aún más grave. La organización advierte sobre posibles falencias en los mecanismos de diagnóstico y vigilancia epidemiológica, lo que podría derivar en un subregistro de los casos reales.

La preocupación también alcanza a la mortalidad. Según el Boletín Epidemiológico del Ministerio de Salud, durante 2024 se registraron 1.263 fallecimientos asociados a la tuberculosis. Hasta el momento, las cifras correspondientes a 2025 no fueron difundidas oficialmente.

Durante todo 2024 se confirmaron 17.208 diagnósticos en el país. Del total, 10.483 correspondieron a varones y 6.725 a mujeres. La mayor incidencia se concentró en personas de entre 15 y 44 años, aunque también se detectaron 1.271 casos en menores de 15 años.

La distribución geográfica de la enfermedad presenta importantes diferencias entre jurisdicciones. La provincia de Buenos Aires y la Ciudad de Buenos Aires reúnen cerca de dos tercios de los casos notificados en todo el territorio nacional. No obstante, las tasas más elevadas se observaron en Salta, CABA, Buenos Aires, Jujuy, Formosa y Chaco.

La tuberculosis es una enfermedad infecciosa provocada por la bacteria Mycobacterium tuberculosis. Afecta principalmente a los pulmones y se transmite por el aire cuando una persona infectada tose, estornuda o habla.

Entre los síntomas más frecuentes figuran la tos persistente —en ocasiones acompañada de sangre—, dolor en el pecho, cansancio, debilidad, pérdida de peso, fiebre y sudoración nocturna. Debido a que las manifestaciones pueden ser leves durante largos períodos, muchas personas continúan transmitiendo la enfermedad sin saber que la padecen.

Los especialistas señalan que ciertas condiciones incrementan el riesgo de contraer tuberculosis, entre ellas la diabetes, los trastornos que debilitan el sistema inmunológico, la desnutrición, el tabaquismo y el consumo excesivo de alcohol.

Desde el Ministerio de Salud, encabezado por Mario Lugones, explicaron que el aumento de los casos responde tanto a la persistencia de factores sociales y sanitarios que favorecen la transmisión como a una recuperación de las actividades de búsqueda, detección y diagnóstico que habían sufrido alteraciones en años anteriores.

No obstante, organizaciones vinculadas a la lucha contra la enfermedad sostienen que el deterioro general del sistema sanitario también influye en el escenario actual.

En marzo pasado, durante la conmemoración de la Semana de la Tuberculosis, el Observatorio Social alertó sobre una situación que calificó como crítica. Según la entidad, los casos entre adolescentes de 15 a 19 años aumentaron un 26,2% en 2026.

Además, denunciaron dificultades en el acceso a la vacuna BCG para recién nacidos. “Estamos detectando que muchos bebés no reciben la vacuna al nacer y sus familias se retiran de los establecimientos con una constancia en papel en lugar de la inmunización correspondiente, lo que los expone a riesgos graves”, señalaron.

La organización también cuestionó la falta de asistencia para garantizar la continuidad de los tratamientos. Si bien la medicación es gratuita, remarcaron que numerosos pacientes encuentran obstáculos para completar los seis meses que demanda la terapia debido a la interrupción de ayudas alimentarias y de traslado contempladas por la legislación vigente.

“En una enfermedad que puede prevenirse y curarse, el problema dejó de ser exclusivamente médico. Hoy también es una cuestión social, estatal y urgente”, concluyeron desde el Observatorio.

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