
El 23 de febrero de 2000, el mundo del fútbol se vio sumido en el luto por la muerte de Stanley Matthews, uno de los futbolistas más grandes de la historia.
Aquel día, el inglés, que dejó una huella imborrable en los corazones de los fanáticos, falleció a los 85 años en su ciudad natal, Stoke-on-Trent, a tan solo 26 años de su retirada definitiva del deporte. Con una carrera de 33 años, Matthews se convirtió en un ícono del fútbol mundial, siendo el primer jugador en ganar el Balón de Oro en 1956 y el primero en recibir el título de “Sir” mientras aún estaba en activo.
Su estilo de juego como extremo derecho, reconocido por su increíble destreza y velocidad, le valió el apodo de “El mago del regate”. Jugó la mayor parte de su carrera en el Stoke City y Blackpool, siendo un pilar en la histórica final de la FA Cup de 1953, conocida como la “Final de Matthews”, donde su actuación brillante contribuyó a que el Blackpool remontara un partido casi perdido contra el Bolton Wanderers.
Fue un ejemplo de dignidad deportiva que jamás fue expulsado de un campo de juego.
Uno de los aspectos que lo hizo aún más admirado fue su disciplina y caballerosidad dentro del campo. En 710 partidos oficiales de liga, jamás fue amonestado ni expulsado, lo que lo consagró como un paradigma del juego limpio. Durante su paso por la selección de Inglaterra, Matthews disputó dos Copas del Mundo (1950 y 1954), además de ser convocado en 54 ocasiones, marcando 11 goles.
Tras su retiro en 1965, a los 50 años, Matthews se dedicó a expandir la práctica del fútbol por todo el mundo, especialmente en África, y fue reconocido por la FIFA con la Medalla de Oro al Mérito en 1992. Aunque su carrera como entrenador no fue tan exitosa, su legado como jugador sigue vivo, recordado tanto por su contribución al fútbol como por su incuestionable caballerosidad dentro y fuera del campo.


