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El Campo en el País del ‘Vamos Viendo’

Escribe para Cadena Nueve, Juan Andrés Flores Belaunde*

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A lo largo de los años, el sector productivo viene reclamando a las autoridades de turno, reglas claras y duraderas que permitan hacer más previsibles los negocios, y de esa forma, no quedar a merced de los impulsos de uno y otro bando, que, sin importar color, son acusados sistemáticamente de ensañarse con el sector, vía retenciones, regulaciones, tipo de cambio, etc.

Este comportamiento del Estado (simplificando) tiene su raíz en los desequilibrios fiscales crónicos que arrastramos y que llevan a los gobiernos a “manotear” la renta agraria para tapar agujeros e ineficiencias. También ocurrió (y ocurre) con la “renta previsional”, pero ése es otro tema.

Dicha conducta termina configurando un clima de imprevisibilidad constante, al cual el productor debe adaptarse como puede para sobrevivir. Creemos que es justo decir que algo de ésa inestabilidad económica y fiscal, se ha morigerado a partir de 2024, con el casi obsesivo compromiso de la administración Milei de alcanzar equilibrio fiscal, pisar tipo de cambio y contener inflación. Son cosas que el chacarero aprecia (excepto el “dólar petiso”) pero que no le alcanzan para planificar mínimamente su actividad.

¿Cómo hace el productor?

No es sencillo saberlo, porque cada uno hará algo distinto de acuerdo con su esquema, su escala y su forma de procesar el riesgo. Lo que sí sabemos es que el abordaje no es exclusivamente técnico e individual, sino también de sentido común, olfato y cintura para transitar la macroeconomía y sus vaivenes. Eso puede llevar al productor a aplicar sistemas más resilientes y flexibles que privilegien la estabilidad de su negocio, incluso resignando rendimiento, pero ganando sostenibilidad en el tiempo, como por ejemplo, migrar a un planteo mixto (ganadero), cuando los campos lo permiten, y de esta forma neutralizar riesgos agrícolas por medio de una actividad complementaria que está en un muy buen
momento.

Cada campaña es abordada tácticamente, es decir, se compran los insumos en función de las necesidades inmediatas y orejeando el clima y los accesos (ya hablaremos de ellos).

Particularmente, esta campaña se ve afectada por el conflicto en Irán, haciendo subir los combustibles y fertilizantes, especialmente la urea. Se dejaron de hacer las compras de productos y semillas anticipadas, porque esto se acostumbraba en épocas de alta volatilidad del dólar, que como ya vimos, está contenido. Tampoco se recurre a créditos de capital de trabajo; sus altas tasas los hacen inaccesibles para el momento actual del negocio agrícola, con números que no cierran.

Se impone como indispensable la presupuestación como herramienta de gestión, ponderando los diferentes escenarios, partiendo desde el más pesimista, haciendo que el plan sea adaptable a circunstancias adversas. Todos los análisis que pueda hacer el productor es importante que los comparta con pares, ejemplo grupos Crea y otros, para tomar ideas, “repartir la carga” y optimizar la toma de decisiones en un ámbito que le puede ayudar a disipar su stress, dada una actividad tan demandante.

Otro elemento vital son los alquileres. ¿Cómo influyen y cuanto margen de maniobra tiene el tomador de tierras? ¡Vaya si influyen si éstos representan el 50% de los costos agrícolas!

Sabemos que el margen de maniobra puede ser acotado porque tienen que mantener su stock de tierra para sostener las operaciones y el negocio. Por lo tanto, debe competir con otros arrendatarios por un bien escaso, para no perder campos. Esta tensión de los alquileres sobre los resultados, hacen que se refuerce el cortoplacismo, buscando contratos cortos (y volubles, como forma de alejarse del anzuelo en la pecera).

Las herramientas de futuros y opciones se presentan como alternativas de comercialización fundamentales para acotar riesgos en momentos de incertidumbre.

Hasta aquí, lo que está al alcance técnico y humano.

Lo que sigue es el clima y los caminos, que se han transformado en un gran dolor de cabeza para los productores agropecuarios, especialmente a los de nuestro Partido nuevejuliense.

El clima es el factor que mas esta influyendo en las decisiones y los resultados, generando que los agricultores y asesores se vean desafiados al limite de sus conocimientos y experiencia para asignar cultivos y rotaciones a sus esquemas.

El abandono de caminos y canales son ejemplos de la imprevisibilidad, no por políticas activas anti-campo, sino por ineptitud del estado.

Los municipios van detrás de los problemas, tapan agujeros, no hay proyectos a mediano/largo; la rosca política y las cuentas en rojo no lo permiten, como tampoco lo permiten el hecho de que solo el 60% de los contribuyentes de Nueve de Julio (ciudad y campo) pagan las tasas por servicios.

Este panorama doméstico que afecta a la producción también repercute en las comunidades y pueblos ya que resiente todo el tejido social rural; el sector agropecuario demora inversiones estratégicas, hay menor demanda laboral, las familias no pueden llevar a sus hijos a las escuelas, o a centros de salud por el abandono de caminos, y un largo etcétera que ya todos conocemos.

Municipio y Provincia “van viendo sobre la marcha”, y al ser corresponsables de las carencias de infraestructura que mencionamos, abonan el clima de incertidumbre y dificultades que enfrentan no solo productores, sino también transportistas, contratistas y empleados rurales.

Claro que si interpelamos a funcionarios municipales y provinciales, no aceptarán este perfil de culpables; dirán que son víctimas de la Nación, que no les reparte correctamente las porciones de la torta impositiva/fiscal.

*El autor es productor rural-Estancia El Socorro

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