
El 10 de abril se celebra el día del investigador científico en conmemoración al natalicio del Dr. Bernardo Houssay (1887-1971). En el año 1922, Houssay recibió el Premio Nacional de Ciencias por su trabajo Acción fisiológica de los extractos hipofisiarios. En 1947, obtuvo el Premio Nobel de Medicina por sus investigaciones y descubrimientos sobre el papel desempeñado por la hipófisis en la regulación de la cantidad de azúcar en sangre, convirtiéndose en el primer Nobel en ciencias de latinoamérica.
En la década de 1940, el doctor Houssay expresaba: “Siempre he creído y persisto en creer que el porvenir del país depende de la Universidad, (…) la tendencia mundial es hacer de la investigación una función a cargo de las instituciones oficiales de cada país.” Fue en 1958, cuando co-fundó el CONICET, institución que presidió hasta su muerte en 1971. En dicho organismo, impulsó la creación de la categoría de investigador con dedicación exclusiva, convencido de que era necesario que los investigadores tengan un sustento económico para abocarse de tiempo completo a investigar en ciencia.
La vocación del Dr. Houssay estuvo estrechamente relacionada con la trasmisión de conocimientos: ‘‘Desde que investigar es buscar algo que era desconocido, pienso que la enseñanza debe basarse en la investigación. Está universalmente demostrado que los más grandes profesores son investigadores en actividad. Sólo el investigador puede tener un juicio propio sobre lo que enseña y contribuir para que el país sea una potencia científica”.
En cercanías a la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, se ubica la Plaza Houssay, en homenaje a su figura. En esta zona funcionaba el prestigioso Instituto de Fisiología que bajo su dirección brindó numerosos exponentes de la medicina nacional. “El plan de toda mi vida ha sido trabajar duro en la investigación científica para crear un círculo científico de la más alta calidad científica y moral en nuestro país”.
Actualmente, José Paruelo, científico-investigador de la Facultad de Agronomía de la UBA con más de cuatro décadas de trayectoria expresó: “Nunca ha habido un retroceso tan importante como el que generó este gobierno”. Según explicó, el deterioro actual no solo se expresa en el ajuste económico, sino también en un cambio de clima político y cultural: “Lo que ha hecho este gobierno es tratar de destruirlo a través de dos mecanismos: el ahogo financiero y la deslegitimación de la ciencia”.
El investigador señaló que el desfinanciamiento se complementa con un discurso que cuestiona el valor de la educación pública: “El ataque al conocimiento viene acompañado de una prédica mediática que busca instalar en el sentido común la inutilidad de la educación pública y de las universidades como institución cultural esencial para una sociedad democrática”.
Además, Paruelo reveló que “el presupuesto aprobado en el Congreso para 2026 consolida una caída del 48,8% respecto de 2023, es por lejos el más bajo de todo el siglo XXI”. A esto se suma una fuerte pérdida del poder adquisitivo: “Docentes universitarios e investigadores han perdido más del 35% de su salario real”, lo que ya se traduce en renuncias masivas dentro del sistema.
El impacto alcanza a todas las áreas del conocimiento y la crisis se manifiesta en la paralización de la actividad científica: “Más allá de los dichos, el recorte alcanza a todas las disciplinas. Mientras se intenta adjudicar el convenio con la NASA por ARTEMIS, se baja el 50% el presupuesto de la CONAE para 2026. No sólo no ha habido llamado a nuevos proyectos PICT, sino que se han cancelado los vigentes. Desde enero de 2025 se cancelaron todos los programas del exMincyt”.
También, el investigador advirtió sobre el freno en la formación de nuevas generaciones: “¿Con qué argumentos se puede convencer a una/un joven brillante a encarar una formación de posgrado de 10 años con esta realidad?”.
Finalmente, subrayó que lo que está en juego trasciende al sector científico: “La destrucción del sistema de Ciencia y de la Universidad Pública es la destrucción de la posibilidad de desarrollo autónomo, de entender nuestros problemas y plantear soluciones y de nuestra soberanía”.


