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Tensión geopolítica impulsa los mercados globales y redefine estrategias comerciales del agro

La escalada del conflicto en Medio Oriente genera subas generalizadas en energía, fertilizantes y granos, mientras los productores argentinos ajustan ventas y retenciones ante la volatilidad internacional y los desafíos logísticos señala un informe de la Universidad Austral.

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La escalada del conflicto en Medio Oriente vuelve a dominar la dinámica de los mercados internacionales, desplazando a los fundamentos propios del agro. En la última semana, la guerra que involucra a Irán, Estados Unidos e Israel impulsó subas generalizadas: la energía avanzó 11%, el gas natural 9%, la urea 7% y los granos alrededor de 3%.

Los fletes comenzaron a encarecerse debido al alza del combustible y a la creciente inestabilidad logística, mientras que los mercados financieros reflejan una búsqueda de refugio: el dólar se revalúa 2%, el oro sube 3%, las acciones caen cerca de 3% y el índice de volatilidad se dispara.

“El mercado está reaccionando con una clara huida hacia activos más líquidos y conservadores. En granos, los fondos financieros llevan su posición neta comprada a 90 millones de toneladas, el nivel más alto desde 2014”, explicó Dante Romano, especialista en mercados agrícolas.

Uno de los efectos más inmediatos del conflicto se observa en el mercado de fertilizantes. El aumento del gas, principal insumo para su producción, junto con dificultades logísticas en regiones exportadoras y encarecimiento de los fletes, impulsa los precios al alza. Este fenómeno impacta directamente en las decisiones productivas, especialmente en Estados Unidos, donde podría reducirse la superficie de maíz y trigo y aumentar la de soja, según Romano.

En Sudamérica, factores inesperados podrían modificar el comercio internacional. Brasil enfrenta retrasos en la cosecha de soja y exige un protocolo fitosanitario de China que dificulta los embarques. “Algunos grandes exportadores suspenden cargas mientras se ajusta el protocolo, y varios barcos podrían redirigirse a Argentina, abriendo una oportunidad inesperada para nuestras exportaciones”, indicó Romano.

En el plano geopolítico, se prepara una reunión clave entre Estados Unidos y China para discutir una tregua en la guerra arancelaria. Washington señala que China podría comprar hasta 8 millones de toneladas adicionales de soja estadounidense, aunque por ahora no hay operaciones concretas.

En Argentina, el clima mejora en la mayoría de las regiones productivas, con lluvias regulares que estabilizan las perspectivas de producción, salvo en el sudeste de Buenos Aires. Mientras tanto, circulan rumores sobre una posible baja de los derechos de exportación, aunque el Gobierno aclara que dependerá de la evolución fiscal y económica.

Frente a la volatilidad, los productores argentinos muestran una estrategia clara: vender maíz y retener soja, generando tensiones logísticas en la cadena comercial. “Muchos productores optan por no vender, lo que complica a acopios y cooperativas porque queda poco espacio de almacenamiento, y todavía tenemos remanentes de un trigo muy grande, además de la nueva cosecha de maíz y soja”, señaló Romano.

El escenario internacional indica señales alcistas para el maíz, mientras el trigo mira la próxima campaña global. Las estimaciones de producción en Ucrania bajan por el frío, Estados Unidos mantiene condiciones secas y Francia estabiliza cultivos, aunque sin mejora clara en la calidad.

El aumento de los fertilizantes también afecta las decisiones productivas en Brasil, que anticipa menor producción y mayor dependencia del mercado internacional. “En contextos bélicos, los países importadores suelen asegurarse stock de trigo para evitar riesgos de abastecimiento, lo que podría activar la demanda global”, afirmó Romano.

Localmente, persiste el problema de trigo sin vender, lo que presiona precios y complica el almacenamiento. Sin embargo, los precios de la nueva cosecha alcanzan niveles récord: alrededor de 190 dólares para el maíz, 340 para la soja y 220 para el trigo, influidos por el conflicto en Medio Oriente y el encarecimiento de costos.

La gran incógnita es cuánto persistirá esta tensión global. Si la situación geopolítica se estabiliza hacia la segunda mitad de 2026 y durante 2027, los mercados podrían volver a regirse por fundamentos tradicionales del agro. Mientras tanto, la volatilidad sigue siendo central para productores, exportadores y operadores financieros.

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