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Argentina-Cabo Verde: la mirada de un cura de Berutti desde Milán

El sacerdote de la localidad del distrito de Trenque Lauquen radicado en Italia hizo un análisis que le hizo llegar a un amigo de la infancia y la compartimos

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El Padre Daniel Osvaldo Balditarra es un sacerdote nacido en el pueblo de Berruti – partido de Trenque Lauquen-, que hace muchos años se radicó en Milán, Italia.
A un amigo le envió esta reflexión sobre el partido de futbol que en el final del sábado, puso en augustia al pueblo argentino. Finalmenete, ganó el seleccionado de los Lionel, Messi y Sacaloni.
“Hay partidos que no se juegan por los puntos ni por las vitrinas, sino por el rústico derecho a la posteridad. Lo de Cabo Verde fue eso: la rebelión de los invisibles.
Me gustó Cabo Verde. Me gustó verlos plantarse con la dignidad de los que no tienen nada que perder y todo por fundar.
Le hicieron partido a la Argentina; más que eso, arrinconaron contra las cuerdas los nervios de millones de compatriotas que miraban el televisor con el alma en un hilo. Fue el fútbol de antes, el de la verdad descalza.
Una de esas raras noches donde el abismo está tan cerca que se puede oler, porque la lógica estuvo a punto de saltar por los aires y dejarnos afuera del Mundial.
​En la planilla de Cabo Verde no había apellidos cotizados en millones de euros, ni estrellas de pasarela. Pero había un muchacho que llevaba el apellido Cabral.
El destino es a veces un novelista irónico: mientras el Cabral de nuestra historia patria es celebrado por su heroísmo en el barro de San Lorenzo, este otro Cabral, el de la camiseta humilde, será recordado por los que aman el juego limpio por firmar uno de los goles más hermosos del campeonato.
​Al final, cuando el silbato decretó el desahogo, ocurrió el milagro que redime a la tribuna: la hinchada argentina estalló en un aplauso cerrado. En las redes, la prepotencia habitual cedió el paso a un pedido de disculpas, a un reconocimiento casi religioso por haber estado a punto de la hazaña.
​Queda el eco de una noche calurosa, el recuerdo de un adversario dignísimo y la certeza de que, de vez en cuando, el fútbol se despoja del negocio para volver a ser simplemente eso: once hombres contra otros once, disputándose el respeto bajo las estrellas.”

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