
El actor Luis Brandoni murió en las primeras horas de este lunes a los 86 años, luego de permanecer internado desde el 11 de abril en el Sanatorio Güemes a raíz de una caída doméstica que le provocó un hematoma subdural. Figura central de la cultura argentina, su carrera atravesó más de seis décadas con una versatilidad poco común: fue tan contundente en el drama como inolvidable en la comedia.
Su fallecimiento pone fin a una vida artística intensa, marcada por el compromiso, el talento y una presencia escénica que lo convirtió en uno de los intérpretes más reconocibles del país. Había cumplido años este sabado pasado 18 de abril, durante su internación.
Resulta difícil establecer un punto de partida preciso en su trayectoria. Antes de los escenarios profesionales, Brandoni ya actuaba en su infancia, con funciones de títeres improvisadas en Dock Sud. Esos primeros juegos, junto con su paso por el teatro infantil y la radio en la década del 50, delinearon una vocación que no tardaría en consolidarse.
Sus primeros pasos en la televisión llegaron en 1960, cuando integró el ciclo Buenos días, Pinky, una experiencia formativa que lo conectó con figuras clave del medio. Desde entonces, su crecimiento fue constante, tanto en teatro como en cine y televisión.
En los años 70, su carrera se vio atravesada por el contexto político: amenazas, listas negras y el exilio en México interrumpieron su desarrollo artístico en el país. Sin embargo, su regreso coincidió con una etapa clave del cine argentino, en la que participó de títulos fundamentales como La Patagonia rebelde, La tregua y Juan que reía, que lo consolidaron como uno de los actores más importantes de su generación.
La década del 80 lo encontró en uno de sus momentos más brillantes. Su trabajo en Darse cuenta, dirigida por Alejandro Doria, marcó un hito en el cine postdictadura. Poco después llegaría uno de los roles más recordados de su carrera: el de Antonio en Esperando la carroza, una comedia que con el tiempo se transformó en un clásico absoluto y en un retrato ácido de la sociedad argentina.
A partir de los 90, Brandoni combinó su carrera artística con una activa participación política vinculada al radicalismo. Fue diputado nacional y una voz influyente en temas culturales, sin abandonar nunca su vocación actoral. En televisión, volvió a alcanzar gran popularidad con Mi cuñado, junto a Ricardo Darín, acercándose a nuevas generaciones.
Su presencia se mantuvo vigente en las décadas siguientes, con trabajos destacados en cine (Mi obra maestra, La odisea de los giles), televisión (Un gallo para Esculapio) y teatro, donde protagonizó éxitos como Parque Lezama y Conversaciones con mamá. Incluso en los últimos años, sumó un hito internacional al compartir pantalla con Robert De Niro en la serie Nada.
En noviembre del año pasado, había sufrido una descompensación por hipertensión mientras trabajaba en teatro. Su salud se mantuvo delicada desde entonces, hasta el accidente doméstico que derivó en su última internación.
Dueño de un estilo inconfundible, Brandoni dejó una marca profunda en la cultura argentina. Su capacidad para transitar géneros, su compromiso político y su intensidad interpretativa lo convirtieron en una figura irrepetible.
Con su muerte, se cierra una etapa del espectáculo nacional. Queda, sin embargo, una obra vasta y memorable que seguirá viva en cada reposición, en cada escena recordada y en cada aplauso que, aun en ausencia, continuará resonando.



