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Triunfo del nacionalismo

Escribe para Cadena Nueve, jorge Suevus

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Es indiscutible el triunfo del nacionalismo como paradigma.

Aunque el globalismo lo discute con desesperación, generando alarmas.

Se habla de crisis humanitaria (muchas veces con acierto) en Cuba, en Venezuela, en Israel… sin más intención que fragmentar los problemas para luego por medio de una operación retórica (sinécdoque) nombrar desde el fragmento otra cosa, para colmo, invirtiendo (como dirían los abogados) la carga de la prueba: Trump terrorista.

El globalismo consiguió que 100 personas tengan la misma riqueza que 4000 millones de personas.

¿Acaso no es o sería eso una crisis humanitaria?

¿La Intendente desacierta cuando pone sobre la mesa que el problema es el futuro?

El problema de la Intendente es que los amagues no le escamotean el juego como sí les ocurre a las autoridades de las instituciones y a las fuerzas políticas que la discuten.

No es necesario que ella pueda describir tantos juegos: es notorio que los domina. Maradona, Messi y Colapinto no están atentos al ajedrez que define qué hizo el globalismo y qué hace el nacionalismo. De cualquier manera, no la conozco: no tengo idea sobre qué conocimientos tiene o cómo se guía.

Sí es notorio que la rige en el horizonte, el amor. Y, si me lo permiten: el amor más jerarquizado que guían sus palabras y acciones, casi indiscutiblemente, es el amor a la comunidad de Nueve de Julio. Es algo extraño: pero es nodular para el paradigma nacionalista. Está a la altura de la Historia la Intendente María José Gentile (aclaro que, además de no conocerla -ni idea de quién es- tampoco conozco su origen ni procedencia familiar. Podría apostar que conoce qué es y como se lleva adelante una empresa del sector privado pero también lo ignoro).

Y lo hace sin estructura partidaria propia (más allá de un grupo más o menos grande), sin estar rodeada de intelectuales y una fuerza (como tuvo Balbín o tuvo Alfonsín o, en general, el justicialismo) que pudiera acompañarla: pero no escatima esfuerzos para dirigirse y dirigirnos hacia el mismo objetivo estratégico del nacionalismo vigente. Que no es otra cosa que el amor de cada pueblo a su pueblo, que el amor de cada Nación a su Nación.

Que es el mismo objetivo que tiene cada Continente para sí mismo; en nuestro caso: América para los americanos (desde el polo norte al polo sur).

El globalismo trata de confundir, pero eso lo tenemos claro.

Trump juega fuerte: no tiene mucha idea de muchas cosas, pero juega como un ajedrecista.

Respecto de Irán movió las piezas según “captura de paso” (captura de un peón enemigo que avanzó dos casillas como si hubiera avanzado una): impide que Irán alcance las bombas nucleares para que Israel reconozca que no puede tener bombas nucleares (las tiene, pero no son operativas sin el apoyo de Trump).

¿Por qué?

Porque Irán, de la mano de Putin y Trump será (es, una vez que dejen de tender hacia la posibilidad de hacerse de bombas atómicas) parte de Occidente. Porque Occidente no es más judeocristiano: es judeo-cristiano e islámico.

De un plumazo (o bombazos) garantiza Trump varias décadas (hasta que se agote el combustible fósil como energía y sea reemplazado por energía producida por tecnologías -no las propuestas estúpidas del globalismo de energías alternativas) de nacionalismo: Irán no puede tener armas nucleares, pero tampoco Israel, ni Turquía, ni Arabia Saudita. O los cuatro o ninguno. Claro que: ninguno.

El paso siguiente será que Irán no pueda proporcionarle petróleo barato a China (como ocurrió con Maduro -no por otra cosa acordaron “invadirlo”, apresarlo y llevárselo a USA sin cambio de régimen).

Además, algo crucial: pronto vendría Rubio, Secretario de Estado de los Estados Unidos.

¿A tomar mate con Milei?

No: muy probablemente a aclararle a Milei que está mal el swap con China, que está mal la importación de productos y autos de China y, a la pasada, a marcarle el límite a Kast (que ya reunió a sus fuerzas armadas y de seguridad y aún no asumió).

¿Por qué?

Porque ni Rubio ni Trump van a permitir que China, a través del cable de comunicaciones con Chile y sus obras de represas y comunicaciones en Argentina, deriven en una guerra fraternal entre pueblos americanos. Porque Chile tiene una alianza de defensa estratégica con Inglaterra (desde las Islas Malvinas, con un puerto para armas nucleares). Algo que posibilita que ante el fracaso de algún gobierno, como está fracasando el gobierno de Milei o como fracasará el gobierno de Kast (es similar a lo que hizo Sebastián Piñera, con las mismas política que hizo Bachelet -lo mismo cada uno, porque son dos riendas del globalismo: rienda derecha y rienda izquierda), no les posibilite generar sentimientos anti argentinos a los chilenos, o anti chilenos a los argentinos, para que no pueda ninguno de los dos hacer lo que hizo Galtieri (o hacía el Estado de Israel con los Palestinos y hace Zelensky con Ucrania) para prolongar sus gobiernos (y, tal vez, vidas).

No está demás recordar que estos análisis, que son posibles a gracias Cadena Nueve, podrían ser corroborados por la información ¿acaso no estaría ocurriendo en el mundo lo que habrían acordado Trump y Putin en Alaska?   Porque el gran ganador de lo que ocurre hoy en Medio Oriente es Rusia y el gran perdedor, Inglaterra (y sus divisiones artificiales entre los pueblos: como la división artificial entre Israel y Palestina o los Emiratos Árabes versus Yemen, Arabia Saudita, Qatar e Irán -aliado de Putin).

Es decir, el nacionalismo nos beneficia como Nación y como Distrito: claro que, los intelectuales y la Educación, es probable que (mientras) jueguen a la Play o miren Series de plataforma (o estén produciéndose para los medios), porque funcionarios y políticos en general, son choriplaneros. Por eso acusaban de choriplaneros a quienes necesitaban ayuda del Estado.

Pero, estamos en un juego pesado, donde la mayoría de los funcionarios no nota qué ocurre y cree que Gentile o la Intendente, juegan juegos personales, cuando habría olvidado (espero que no) qué sería ocuparse de su vida personal.

No es broma lo que nos ocurre, aunque el fracaso de la Educación (desde La Noche de los Bastones Largos y su cenit con La Noche de los Lápices y las desapariciones forzadas más los Vuelos de la muerte) posibilite pensar que si uno es funcionario (docente, juez o astronauta) viva en Narnia o Disney.

El padecimiento del vecino (de al lado o de enfrente) solo es un vaticinio (como expresaba Bertolt Brecht) de lo que podría ocurrirle a uno, si el nacionalismo no hubiera triunfado.

Celebremos, a pesar de tantas vidas perdidas (mínimas al lado de lo que costó en vidas humanas la Guerra Fría), el triunfo del nacionalismo: y trabajemos por un sector privado fuerte, poderoso, repleto de obreros y empleados con mayor nivel intelectual que el que hoy tienen los docentes de todos los niveles y los intelectuales (que sin duda se pondrán a estudiar con más rigurosidad y posibilidades).

Porque el conocimiento se genera trabajando en el sector privado.

Y es el sector privado el que resuelve produciendo las restricciones presupuestarias: porque posibilitan recaudaciones y superávits gemelos.

Que no es otra cosa que el mismo objetivo estratégico de la Intendente, de Cadena Nueve y de cada uno de nosotros: nuevejulienses y argentinos (nacidos o radicados).

Tal vez podría notarse que, al hablar de ella, una simple mujer, uno habla de cada uno de los nuevejulienses: sus aciertos, los de María José Gentile, médica, Intendente (bueno, acá habría que estudiar qué tendría que ver su familia y su ascendencia -indudablemente contaminada de ¿nuevejuliensismo?, de carácter nuevejuliense) nos representa: no otra cosa sería la soberanía. Eso que posibilita que nos reconozcamos en su imagen como nuevejulienses: para rechazar la imagen cuando no nos gusta lo que nos devuelve como espejo o para reafirmarnos como lo creeríamos que seríamos. Porque la imagen no tiene sexo: así que, los hombres, no duden en reconocer fortalezas y bellezas en su imagen.

Haría de nuestro Distrito, el más importante en términos de sector privado e industrialista, de la Sección (cuarta) Electoral: pero, tal vez, pudiéramos disputarle lugar a la preponderancia que tuvo la provincia de Córdoba.

Claro que para eso necesitaríamos acompañar los sueños de Cadena Nueve, no solo de quien nos gobierna localmente.

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