La policía buscaba a un Peugeot gris 206 con vidrios polarizados con dos ocupantes. El auto estaba en Matheu al 800, casi herméticamente guardado. Se encontró tapado y debajo de esa cobertura, las huellas del accidente son más que evidentes.
Allí estaba Federico, el conductor y quien quería eludir a la justicia.
En tanto, en el Hospital Julio de Vedia, Agustín Pereyra – 25-, lucha por su salud. Su madre, Bárbara Méndez, a su lado, sigue a los médicos y enfermeras como la sombra al cuerpo por preguntas, diagnósticos y demás consultas. En los pocos momentos libres, la comunicación con su hermano, Alexis, gira en torno al accidente y la salud del joven.
Agustín vive en Matheu al 800. También en Barrios Unidos.
Víctima y victimario son vecinos y se domicilian en frente. Si!. Los separa la calle. La misma que los unió desde muy pequeños en cruces, para jugar, principalmente detrás de una pelota y compartir momentos acorde a la edad. Ambos visitaban las casas con frecuencia y era Federico quien más iba a la de Agustín. Son de la misma edad. Bárbara, Alexis y demás familiares no pueden creer que el auto tan buscado estaba a 15 metros de distancia de la vivienda de quien está hospitalizado. Y el mayor asombro lo tuvieron al saber el nombre. Alexis, en su momento lo promovió para las inferiores de Once Tigres.
Conforme supo CN, el conductor, que seguramente sabía que a quién había lastimado, era su vecino y amigo de la cuadra, lo primero que dijo espontáneamente ante la policía fue ‘me asusté y dispare’.
Además, tendría como antecedente un homicidio culposo. Mató a una persona con un camión. Habría sido accidentalmente.
Agustín, todavía no sabe que su vecino casi le hace perder la vida!.
Se suele decir que el mundo es chico. En este caso, queda reducido a menos de 15 metros, con historias de infancia, barrio y de la vida misma en crecimiento.



