Timote: destino de muerte de Pedro Eugenio Aramburu

Compartir
Su rostro y su nombre simbolizaron los años mas cruentos de la dictadura que derrocó al gobierno constitucional de Juan Domingo Perón. Su nombre y su decisión política, se relacionan directamente en varios hechos de violencia cometidos desde el Estado Represor contra la resistencia peronista a partir de 1955. Fue durante 15 años, la figura prominente del gorilismo golpista que hundió a la argentina en una larga noche de violencia y terror.
Su nombre fue Pedro Eugenio Aramburu, militar y político argentino, Jefe de la denomina Revolución Libertadora y Presidente Previsional; fue uno de los Jefes que, junto al General Eduardo Lonardi e Isaac Rojas, conspiro y derrocó al entonces Presidente Juan Domingo Perón, en septiembre de 1955, e intervino las agrupaciones políticas afines con el peronismo y a la C.G.T.  Dió la orden para la detención de muchos dirigentes políticos y gremiales peronistas, ordena fusilar al General Juan José Valle en 1956 y participo en la desaparición y mutilación del cadáver (ya embalsamado) de Eva Duarte.
 Matar a Aramburu era un reclamo instalado con fuerza en el imaginario peronista, los Montoneros se presentaban como los grandes justicieros de la causa.
 Años después, el 6 de septiembre de 1974 la organización Montoneros en su revista “La Causa Peronista” publica un relato de Mario Firmenich del porque del secuestro de Aramburu: “El objetivo era ejercer la justicia revolucionaria contra el mas inteligente de los cabecillas de la Revolución Libertadora: Aramburu fue su cerebro y artífice….el pueblo quería juzgarlo y condenarlo”. Eso hizo Montoneros en Timote: mostró al pueblo que mas allá de las tropas había un camino hacia la justicia, la que nace de la voluntad del pueblo.
Aramburu fue ademas culpable de un delito que a los peronistas los había herido e indignado como pocas veces se humillo a este pueblo. Aramburu había sido el artífice del robo y desaparición del cadáver de la compañera Evita. “El ajusticiamiento de Aramburu era un viejo sueño nuestro, concebimos la operación a comienzos de 1969. Había de por medio un principio de justicia popular, la reparación de los asesinatos del 56.”
La organización Montoneros fue la fusión de un sinfín de grupos preexistentes. Grupos que habían militado en la Juventud Peronista a fines de la década del 60.
Tenían un denominador común en muchos de los grupos de esta generación, influenciados por sectores de izquierda postconciliares, de sectores católicos progresistas.
El grupo al que pertenecía Fernando Abal Medina, Carlos Manguid, Emilio Maza, Carlos Ramus, Carlos Capuano Martinez, Norma Arrostito y Mario Firmenich, entre otros, venìan  de la revista “Cristianismo y Revoluciòn”, nucleados alrededor de una figura que los habìa liderado, un carismàtico, un referente:  el cura Mugica.
Era el 29 de Mayo de 1970. El día que el Onganiato festejaba el día de Ejército. El día que el pueblo festejaba el primer aniversario del Cordobazo. Era la una y media de la tarde , las radios de todo el país irrumpieron su programación para dar cuenta de una noticia que poco después conmovería al país: “Había sido secuestrado el Teniente General Pedro Eugenio Aramburu”.
En el establecimiento “La Celma”, localidad de Timote, partido de Carlos Tejedor, perteneciente a Gustavo Ramus y María Amalia Iribarren, padres del montonero Carlos Ramus, se alojó en el casco principal a un prisionero notable, el ex dictador Pedro E Aramburu.
 “La Celma” es hoy una sombría silueta de ladrillos y restos de lo que fue, ya no quedan ni paredes ni el sótano donde fue enterrado el ex presidente.
El llamado “Operativo Pindapoy ” se cumplió hace 50 años. Fue el 29 de mayo de 1970, a las nueve y media de la mañana, dos jóvenes con uniformes militares se presentaron en el departamento de Aramburu, ubicado en el 8ª piso de Montevideo 1053. La señora del General, Lucía Herrera abrió la puerta. Pedro Eugenio Aramburu se estaba acicalando.
Aramburu saludo a los oficiales, uno sacó la pistola y ordenó que debía acompañarlos.Todo parecía cumplirse al pie de la letra. A punta de pistola fue sacado del domicilio.
Para aproximarse y asegurar la retirada los secuestradores utilizaron 5 vehículos: una renoleta blanca, propiedad de Arrostito, un taxi Falcón del que era titular Firmenich y una Gladiator 380 de la madre de Ramus. Los dos restantes, un Peugeor 404 blanco y una pick-up Chevrolet robada.  En el Peugeot trasladaron a Aramburu hasta la zona de Aeroparque.
A la altura de la Facultad de Derecho cambiaron de vehículo , una camioneta Gladiator con fardos de pastos donde iría el prisionero, se encaminaron por caminos de tierra hacia Timote. allí se iniciaría el llamado juicio popular cuyo desenlace era previsible. Viajaron en paralelo a las vías del ferrocarril Sarmiento. En la zona atravesaron, Bragado, Olascuaga, Naón, Neild, Facundo Quiroga, donde llegaron a las 18,45 hs., y consultaron en el Hotel 20 de Septiembre si en forma recta, llegaban bien a Carlos Tejedor,  Martínez de Hoz, y así todo ese trayecto de la hoy ruta 70.
Consumieron varias horas de viaje por rutas secundarias hasta “La Celma”. Arribaron ya de noche y el dueño de casa, Ramus que hacía años que no estaba en la localidad, se puso a entretener al vasco Acebal casero del establecimiento y entraron a Aramburu a una habitación del casco.
El diario Socialista “La Vanguardia”, dirigida por Américo Ghioldi, denunciaba a los sectores nacionalistas del ejercito. Para los venerables gorilas de la Revolución Libertadora no era el peronismo sino esa camándula de militares nacionalistas forjados al lado de Lonardi, claves en el régimen de Onganía: Francisco Imaz, Mario Fonseca y Eduardo Señoraus, entre otros.
Para los jóvenes revolucionarios, a Aramburu había que eliminarlo porque era la salida política, que para sus verdugos comprometía la perpetración del régimen.
El Operativo Pindapoy fue el anticipo de futuras acciones sostenidas desde la lógica perversa donde todo valía para cumplir las metas. Los acuerdos con Imaz no fueron diferente a los entendidos con Massera.
Esa misma noche, 29 de mayo de 1970 empezó el “juicio revolucionario” a Aramburu, la fase terminal de la operación.
El tribunal lo conformaban Fernando Abal Medina, Mario Firmenich y “un anónimo”. El trió culpó a Aramburu de los hechos antes mencionados, de los cuales el acusado dijo no acordarse o no haber participado.
 Afirmaría Firmenich años después “era la noche del 1° de junio. Le anunciamos que el tribunal iba a deliberar. Desde ese momento no se hablo mas. Lo atamos a la cama. Pregunto por qué.
Le dijimos que no se preocupara”. A la madrugada Fernando le comunicó la sentencia: “General, el Tribunal lo ha sentenciado a la pena de muerte. Va a ser ejecutado en media hora”
“A la media hora exacta lo bajamos al sótano.  Le pusimos un pañuelo en la boca y lo colocamos contra la pared.. El sótano era muy chico la ejecución debía ser a pistola.”
 “Fernando tomo sobre si la tarea de ejecutarlo, para él,  el jefe debía asumir la mayor responsabilidad. Disparó la pistola 9 milímetros al pecho. Después hubo dos tiros de gracia, con la misma arma y uno con una 45. Fernando lo tapo con una manta y cavamos el pozo en que íbamos a enterrarlo”.
El Comunicado Nª 3 de Montoneros comunicaba la ejecución y entre otras cosas “los restos del acusado solo serán restituidos a sus familiares cuando al Pueblo Argentino le sean devueltos los restos de su querida compañera Evita. Perón o Muerte. Viva La Patria. Montoneros.”
El 16 de julio de 1970, fue allanada “La Celma”, con multitudinario operativo, contó Rogelio Rouan, , quien era Sub Comisario y que encabezo la partida hacia Timote: “el cuerpo se encontraba enterrado en el sótano, El cuerpo estaba intacto, envuelto por una manta, lo habían cubierto con cal para que no diera olor y el casero Acebal, que vivía muy cerca, no sospechaba nada raro.” Estaba amordazado y con las manos atadas a la espalda.
Del operativo participo  el General Cáseres Moni{e y el Jefe de la Policía Federal. El cuerpo puesto en un ataúd facilitado por la funeraria León Porras de Carlos Tejedor fue trasladado a Buenos Aires para su autopsia en el Regimiento de Granaderos.
El asesinato del general Aramburu causo una innumerable cantidad de opiniones respecto a su autoría, para Fernández Alvariño, autor de “Z argentino”, “Aramburu fue asesinado en el Hospital Militar de Buenos Aires y luego entregado”, otros a la inteligencia militar de Onganía en relación con Ramus y Firmenich, lo cierto es que la muerte del ex dictador quedo para siempre ligada a “La Celma” y al ignoto poblado de Timote.
A 50 años de un hecho más de sangre, de los tantos que caracterizan a la historia argentina.
Para Cadena Nueve, Miguel A. Banegas Rojas