miércoles, enero 19, 2022

Mi pecado por Juan Pablo II a 30 años de su segunda visita a Argentina

Como consecuencia de la guerra de Malvinas, Juan Pablo II viajo a nuestro país. En junio de 1982 piso suelo argentino por primera vez.

Este jueves se cumplen 30 años de su segunda vista. Ayer la recordó en ‘Despertarte’ el Obispo Ariel Torrado Mosconi  y trajo a mi memoria el haber ‘pecado por Su Santidad’.

En esos años, la Iglesia Católica colaboraba desde 1978 en la paz con Chile, habiendo sido el Cardenal Antonio Samore quien gestiono los acuerdos por el Canal de Beagle para que la relación entre los países unidos por la cordillera de Los Andes, el catolicismo, la lengua española, similares costumbres y otras, salvo el mate, sigan en armonía. Todo concluyo en 1984. Desde entonces, se convive y comparte con los hermanos chilenos mucho más que ello, y cada día más.

A  la luz de los sucesos en el Atlántico Sur, en 1982 llego Juan Pablo II. Fue el primer viaje. Se desplazaba en el ’Papa Movil’ y lo acompañaba el nuevejuliense, Cardenal Eduardo Pironio.

Cinco años después, Karol Wojtyla llevaba adelante una misión evangelizadora en Argentina, Chile y  Uruguay. Este jueves 6 de abril se cumplen 30 años de ese hecho histórico.

En mi condición de periodista cubrí las llegas de su santidad al país. La primera para LT33, la emisora AM de Nueve de Julio y la Cadena Soberanía Nacional conformada por todas las radios nucleadas en ARPA- Asociación Radiodifusoras Privadas Argentinas-, ante Malvinas. Para la cobertura se eligieron 4 hombres de prensa. Uno de ellos era quien hace esta recordación. Lo otros tres, Mario Bianchi Vivert, (Continental, hoy vive en Canadá), José Luis Braga (Rivadavia, fallecido) y Rolando Vera (Del Plata, retirado de la profesión).

En esos días de abril de 1987, como cronista de ‘Buenas Noches Argentina’, programa líder de noticias de canal 13, se me había encomendado la misión de cubrir todas las actividades de Juan Pablo II. Recorrió las ciudades de Bahía Blanca, Viedma, Mendoza, Córdoba, Tucumán, Salta, Corrientes, Paraná y Rosario.

El jueves 9 a la tarde, estaba en Buenos Aires. Había arribado a la Nunciatura Apostólica desde Paraná. Encontrándonos junto a un camarógrafo del canal, haciendo notas ‘de color’ a las personas que se habían congregado frente a la sede religiosa en Avda. Alvear y Rodríguez Peña mientras se le coreaba ‘Juan Pablo II, te quiere todo el mundo’ y el Santo Padre salia al balcón ante la muchedumbre, un abogado de la comunidad judía se acerca a saludarme. Nos conocíamos de reuniones sociales. Después fue juez y hoy está jubilado. Me refiere que miembros de la colectividad tenían audiencia con el Sumo Pontífice. Me propone hacer la cobertura periodística a lo que le expreso que el ingreso a la prensa estaba vedado. Sugiere hacer una gestión para que acceda el camarógrafo y registre el encuentro. Así lo hace y ambos se desplazan hacia la puerta principal de la Nunciatura, sobre Avda. Alvear y entran.

Al observar que el grupo se había puesto en fila y accedían dando su nombre, mientras dos sacerdotes intentaban con una lista en mano, identificarlos, me puse en el grupo y cuando llegue a los curas los mire y les exprese ‘Tinisky’ y seguí caminado con los ya ingresados. A los pocos minutos estaba en la sala de audiencias frente a Juan Pablo II.

Allí, el pastor resaltó la importancia del encuentro y mencionó los puntos ecuménicos en común. Camarógrafo y cronista estábamos frente a él, en el extremo de la sala. Tras ello, el Papa caminó hacia cada uno de los miembros de la comitiva y tras saludarlos, les obsequio un presente, el cual hacía referencia a su viaje a los tres países: Argentina, Chile y Uruguay;  y la fecha en números romanos. Se trataba de una medalla dorada con su efigie y guardada en una caja de terciopelo azul. Fue un obsequio importante.

Al llegar al camarógrafo y reportero, le faltaban dos regalos, los cuales no estaban en el número exacto del planillaje. Mientras desde protocolo se disponían a que los hombres de prensa también tengan el suyo, fue el momento para abordar a Su Santidad y le hicimos una nota, breve pero concluyente. Se hacía referencia al significado de su presencia en la región visitada.  La repercusión de la entrevista fue tal que, además de salir en Canal 13, se hizo eco el diario La Nación mencionando su origen y fuente ya que ningún periodista había podido entrevistar a Juan Pablo II en esa visita, a excepción de mi amigo Héctor Tito Garabal en el vuelo de Roma- Buenos Aires, quien días antes había viajado al Vaticano para integrar la comitiva del avión y bienvenida.

Más allá del mensaje, un aura envolvente nos atrapó dejando en cada uno de nosotros una gran serenidad espiritual. Lo vivido gano en importancia, ya que el camarógrafo era hombre de poca fe – agnóstico- y esa energía lo movilizo fuertemente en su interior. Mas que el reportaje, el aura que nos alcanzo fue el tema de conversación camino al canal. Fue de fuerte espiritualidad!

Hoy, a 30 años de aquel episodio, haber sido ‘judío’ por un instante, fue mi ‘pecado por Juan Pablo II’!… Confesión pública, misión cumplida, profunda emoción. Estaré perdonado? Gran recuerdo!.

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