jueves, mayo 26, 2022
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Por la canonización de San Vicente Grossi hay una misa en Catedral

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El Padre Vicente Grossi fue un sacerdote italiano que nació en Pizzighettone – Cremona –  el 9 de marzo de 1845. Había fallecido el 7 de noviembre de 1917.

Joven, el 4 de noviembre de 1864 entró en el seminario y el 22 de mayo de 1869 fue ordenado sacerdote.

Su obra pastoral, primero en  Régona cerca del lugar donde había nacido, y después en Vicobellignano, dentro de la región de Cremona, donde permaneció por treinta y cuatro años, fue de tal magnitud que el 1 de noviembre de 1975, comenzó en Roma el Rito de Beatificación, presidido por Su Santidad Pablo VI. Recientemente, el Santo Padre Francisco lo canonizó el 18 de octubre de 2015.

En aquellos años, ‘fertemente impresionado” por la ‘gran miseria material y moral de la juventud femenina’, estableció las bases para el Instituto de las Hijas del Oratorio.

Esa congregación tiene una representación en Nueve de Julio. Se trata de las Hermanas Hijas del Oratorio que llevan adelante su misión pastoral y de asistencia a convecinos en Ciudad Nueva, Los Aromos, Villa Matilde y El Provincial, entre otros barrios. La Hermana Susana es su superiora y además, cumple una asistencia en el Hogar de Nazaret.

Por su reciente canonización, esta noche a las 20 hs. habrá una misa celebrada por el Obispo Martín de Elizalde, titular de la Diócesis Santo Domingo de Guzmán, en la Catedral de Nueve de Julio.

El Padre Vicente, fue el penúltimo hijo de unos padres con mucha fe y valores humanos. El joven Vicente, luego de recibir por primera vez a Jesús Eucaristía y atraído por la vocación sacerdotal, manifestó su intención de entrar en el seminario. Necesidades familiares lo obligaron a retrasar la decisión para trabajar en el molino de su padre, compaginando este esfuerzo con el estudio. Todo lo realizó con determinación y alegría, esperando ‘la hora de Dios’..

Luego de algunas experiencias pastorales, fue nombrado párroco de Régona – un caserio de Pizzighettone-  y después de Vicobellignano –Cremona-, donde permaneció por treinta y cuatro años. Ante la ignorancia y pobreza de los pueblos lombardos de finales del siglo XIX, se entregó en favor de los más jóvenes, que acogía en su casa, enseñaba y formaba para que fueran conscientes de su dignidad de hijos de Dios.

Eligió una vida pobre, compartiendo con los más necesitados. La unión con Cristo Sacerdote y Víctima marcó su misión y su espiritualidad, haciéndolo un hombre de intenso apostolado y de profunda oración. Entre sus características se destaca la ortodoxia y la fidelidad al Papa. Con frecuencia se entregó a la predicación por los pueblos para eliminar la ignorancia religiosa. En Vicobellignano, a través del respeto, la sinceridad y el amor a todos, practicó el ecumenismo con una comunidad protestante.

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