
La clasificación de la Selección Argentina a la final del Mundial 2026, tras vencer 2 a 1 a Inglaterra, dejó una imagen que rápidamente recorrió el mundo: varios jugadores celebraron el triunfo desplegando una bandera con la inscripción “Las Malvinas son argentinas”.
A partir de ese gesto, distintos medios internacionales señalaron que la FIFA podría evaluar una sanción en función del artículo 4 de las Reglas de Juego de la IFAB, que prohíbe exhibir mensajes de contenido político, religioso o personal durante los encuentros oficiales.
Sin embargo, desde una perspectiva jurídica e institucional, existen sólidos argumentos para sostener que la consigna “Las Malvinas son argentinas” no constituye una expresión política partidaria, sino la reafirmación de una posición oficial del Estado argentino, incorporada incluso en la Constitución Nacional.
Un reclamo respaldado por la historia y el derecho internacional
La soberanía argentina sobre las Islas Malvinas no responde a una consigna electoral ni a una posición circunstancial de un gobierno.
Argentina sostiene su reclamo sobre la base de antecedentes históricos y jurídicos que incluyen los derechos heredados de España tras la independencia, la ocupación y administración efectiva de las islas hasta 1833 y la protesta permanente contra la ocupación británica iniciada ese año.
Entre los antecedentes históricos suele mencionarse el Tratado de Utrecht (1713), firmado entre España y Gran Bretaña, dentro del conjunto de acuerdos que reorganizaron los dominios coloniales europeos. La posición argentina considera que esos instrumentos forman parte del contexto histórico que reconocía la soberanía española sobre los territorios australes, derechos que posteriormente fueron heredados por las Provincias Unidas del Río de la Plata bajo el principio jurídico del uti possidetis juris. No obstante, debe señalarse que el Tratado de Utrecht no constituye por sí solo un reconocimiento expreso de la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas por parte de Inglaterra, ya que fue suscripto más de un siglo antes de la independencia argentina y su interpretación forma parte del debate histórico y jurídico.
A ello se suma el respaldo permanente de las Naciones Unidas, que desde la Resolución 2065 (1965) reconoce la existencia de una disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido e insta a ambos países a reanudar las negociaciones para encontrar una solución pacífica al diferendo.
Además, la Disposición Transitoria Primera de la Constitución Nacional establece que la recuperación del ejercicio pleno de la soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos correspondientes constituye un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino.
¿Puede sancionar la FIFA?
El reglamento de la FIFA prevé sanciones cuando jugadores o equipos realizan manifestaciones consideradas políticas durante las competencias.
En la práctica, las sanciones suelen consistir en multas económicas dirigidas a las federaciones nacionales y no a los futbolistas.
No obstante, para que exista una infracción debe determinarse previamente que el mensaje constituye efectivamente una manifestación política en los términos del reglamento.
En este caso, la frase “Las Malvinas son argentinas” expresa la posición oficial del Estado argentino desde hace décadas y está respaldada por la Constitución Nacional y por el reclamo diplomático sostenido ante las Naciones Unidas.
Por ese motivo, distintos especialistas consideran que resultaría jurídicamente discutible calificar esa expresión como un mensaje político partidario o de campaña, requisito que inspira la prohibición establecida por la FIFA para evitar proselitismo, discriminación o mensajes que alteren la neutralidad deportiva.
Una causa nacional
El reclamo argentino sobre las Islas Malvinas ha sido sostenido por todos los gobiernos democráticos desde 1983 y cuenta con amplio consenso político e institucional.
La reivindicación de la soberanía constituye una política de Estado reconocida por la Constitución Nacional y respaldada por numerosos pronunciamientos internacionales que llaman al diálogo entre Argentina y el Reino Unido.
En ese contexto, la exhibición de la bandera por parte de los jugadores puede interpretarse como una expresión de identidad nacional y de una posición histórica del Estado argentino, más que como una manifestación política en los términos previstos por el reglamento disciplinario de la FIFA.
Si bien el organismo rector del fútbol mundial conserva la facultad de evaluar los hechos y eventualmente aplicar una multa administrativa a la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), también es cierto que existen fundamentos jurídicos e institucionales para sostener que el mensaje exhibido no encuadra, estrictamente, como una expresión política partidaria, sino como la reafirmación de un reclamo de soberanía reconocido por la Constitución argentina y objeto de tratamiento permanente en el ámbito de las Naciones Unidas.


