
La muerte de Antonio Ubaldo Rattin, a los 89 años, trae a la memoria no solo la trayectoria de uno de los grandes símbolos de Boca Juniors y de la selección argentina, sino también recuerdos personales de una época en la que hacer radio significaba ingenio, esfuerzo y muchas veces situaciones inesperadas.
En los primeros años de LT33, cuando Boca y River jugaban en La Bombonera, AM 1560 decidió realizar la transmisión del partido. El relator era Juan Enrique Cambelo, los comentarios estaban a cargo de Antonio Saizar y Gustavo Tinetti seguía las alternativas desde el campo de juego. La técnica de entonces era muy diferente a la actual: hubo que desplegar una enorme cantidad de cables para poder concretar la transmisión.
Antes del comienzo del encuentro Gustavo logró ingresar al vestuario de Boca. Los vestuarios estaban prácticamente a ras del piso y se cerraban con un pesado chapón metálico. Cuando los jugadores salieron hacia la cancha intenté hacer lo mismo, pero desde afuera cerraron el acceso sin advertir que yo había quedado adentro.
No me quedó otra alternativa que escuchar el partido desde el vestuario y aportar información al relato con lo que alcanzaba a oír de la transmisión de Juan Enrique Cambelo y Antonio Saizar. Recién al finalizar el primer tiempo se abrió nuevamente la puerta y pude salir.
Después del partido fui en busca de Antonio Rattin para realizar una entrevista. Mientras caminaba lo llamaba una y otra vez: “¡Rattin… Rattin!”. Como no respondía, seguí insistiendo con el micrófono abierto. En los nervios del momento terminé diciendo: “¡Rata… Rata!”. Recién allí se dio vuelta, sonrió y aceptó hacer la nota.
Hoy aquella situación puede parecer una simpática anécdota, pero en esos años significó una gran desprolijidad al salir al aire con el micrófono abierto. Sin embargo, también refleja cómo era hacer periodismo deportivo en aquellos tiempos, cuando todo se resolvía con pasión, improvisación y mucho esfuerzo.
Antonio Ubaldo Rattin había nacido el 16 de mayo de 1937 en Tigre. Fue uno de los grandes referentes de Boca Juniors, club en el que jugó toda su carrera entre 1956 y 1970. Disputó 382 partidos oficiales, marcó 28 goles y obtuvo seis títulos.
Con la selección argentina participó en los Mundiales de 1962 y 1966. Su nombre quedó ligado para siempre al recordado encuentro frente a Inglaterra en Wembley, cuando fue expulsado verbalmente por el árbitro alemán Rudolf Kreitlein, en una época en la que todavía no existían las tarjetas amarillas y rojas. Aquel episodio marcó un antes y un después en la historia del fútbol y es considerado uno de los antecedentes que impulsaron la incorporación del sistema de tarjetas a partir del Mundial de México 1970.
Tras su retiro fue director técnico y más tarde incursionó en la política, desempeñándose como diputado nacional y concejal. Hasta sus últimos años siguió siendo un referente ineludible de Boca y del fútbol argentino.
Con su partida se va uno de los grandes capitanes de la historia del fútbol nacional. Y, para quienes tuvieron la oportunidad de conocerlo y entrevistarlo, queda además el recuerdo de un hombre sencillo, protagonista involuntario de una anécdota que todavía hoy sigue arrancando una sonrisa.




