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Monseñor Ariel Torrado Mosconi: “Dios tiene un deseo muy profundo de encontrarse con nosotros”

El obispo de Nueve de Julio lo señaló en la Solemnidad de Corpus Christi, al destacar la presencia viva de Jesús en la Eucaristía e invitó a los fieles a fortalecer su encuentro personal con Dios, y en ese sentido convoca esta tarde a las 16 donde se caminará desde la Catedral a Fátima

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La comunidad católica de Nueve de Julio celebra este domingo la Solemnidad de Corpus Christi y lo hace comenzando con una misa presidida por el obispo diocesano, Monseñor Ariel Torrado Mosconi, quien reflexionó sobre el significado de la Eucaristía como presencia real de Cristo entre los hombres.

La celebración desde la Catedral, transmitida en vivo por Facebook e Instagram de Cadena Nueve, permitiendo que numerosos fieles pudieran participar desde distintos puntos de la diócesis y la región, fue seguida por los sitentes al tempo, que siguieron con atención el mensaje del celebrante.

Durante su homilía, el obispo sostuvo que “Dios tiene un deseo muy profundo de encontrarse con nosotros” y recordó que Jesús quiso permanecer entre su pueblo bajo la humilde apariencia del pan para alimentar la fe y acompañar la vida de cada creyente.

Además, el celebrante destacó que la fiesta de Corpus Christi invita a contemplar el inmenso amor de Dios manifestado en la decisión de permanecer para siempre junto a la humanidad.

“Dios tiene un deseo muy profundo de encontrarse con nosotros”, afirmó. Y agregó que ese deseo quedó expresado por Jesús en la Última Cena cuando manifestó a sus discípulos: “He deseado ardientemente comer esta Pascua con ustedes”.

Para Torrado Mosconi, la Eucaristía es precisamente la respuesta de Dios a ese anhelo de cercanía. “Él ha querido quedarse bajo la apariencia de pan para sustentar nuestra vida, alimentar nuestra existencia y dar sentido a nuestra historia”, señaló.

Durante su reflexión, el obispo invitó a los fieles a descubrir la presencia de Dios en aquello que muchas veces parece simple o cotidiano. Recordó que Cristo eligió hacerse presente de manera humilde: primero en la fragilidad de un niño nacido en Belén y luego en el sacramento del altar.

“A veces uno desearía que el encuentro con Dios se diera de manera más portentosa, pero el Señor se hace presente de manera muy humilde y sencilla”, expresó.

En otro tramo de la homilía, hizo referencia a la importancia de la fe para reconocer a Jesús en la hostia consagrada y recuperar la capacidad de asombro frente a un misterio que, por su frecuencia, puede correr el riesgo de naturalizarse.

“Tenemos que aprender a no perder esa capacidad de asombro, porque a veces nos acostumbramos y pareciera que ya no nos conmovemos ante esta presencia real del Señor que viene a nosotros”, afirmó.

El obispo también recordó una enseñanza tradicional transmitida a generaciones de católicos cuando, durante la consagración, se invitaba a rezar interiormente: “Señor mío y Dios mío”, como expresión de fe ante la presencia real de Cristo.

A lo largo de su mensaje insistió en que la participación en la misa no debe reducirse al cumplimiento de una obligación religiosa.

“Tenemos que venir al encuentro con Él en la Eucaristía, en la misa, no como quien cumple un precepto o una norma, sino como quien viene a encontrarse personalmente con este Dios que ha querido hacerse cercano y permanecer en medio de nosotros”, sostuvo.

Asimismo, explicó que la verdadera devoción eucarística lleva necesariamente a reconocer a Cristo en los demás.

“Sólo en la medida en que tengamos conciencia de este Dios vivo que está presente en medio de nosotros en la Eucaristía, podremos después descubrirlo en nuestra vida diaria, en la familia, en los pobres y en los que sufren”, manifestó.

Continúa la celebración en la tarde de este domingo

Las actividades de Corpus Christi continuarán este domingo 7 con una única misa vespertina en la Catedral Santo Domingo de Guzmán, prevista para las 16 horas.

Finalizada la celebración eucarística, los fieles participarán de la tradicional procesión con el Santísimo Sacramento por las calles de la ciudad hasta el Santuario Nuestra Señora de Fátima. Allí se realizará la bendición final, culminando una de las festividades más importantes para la Iglesia Católica, dedicada a honrar la presencia de Cristo en la Eucaristía.

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