
Las decisiones geopolíticas y económicas a nivel global están redefiniendo el escenario de los mercados agrícolas, con especial impacto en la soja, que gana protagonismo frente a otros cultivos en la campaña internacional.
El conflicto en Medio Oriente generó una fuerte suba en los costos de la energía y los insumos, particularmente en los fertilizantes nitrogenados, que registraron aumentos de hasta el 40%. En paralelo, el precio del petróleo Brent trepó a USD 114,5, consolidando un contexto de alta volatilidad que impacta directamente en los costos de producción agrícola.
A este escenario se suma la expectativa de una extensión del acuerdo comercial entre Estados Unidos y China, que podría definirse en mayo y que alimenta las proyecciones de una mayor demanda de soja por parte del gigante asiático.
Otro factor determinante son las nuevas normas de biocombustibles en Estados Unidos, que fijan objetivos de mezcla superiores a los previstos inicialmente, superando los 26 mil millones de galones para 2026. El mercado interpreta esta medida como un fuerte impulso a la demanda de aceite de soja, reforzando el sesgo alcista del cultivo.
En este contexto, los productores estadounidenses se preparan para iniciar la siembra con un cambio de estrategia cada vez más evidente. Los altos costos de insumos, especialmente fertilizantes, están inclinando la balanza hacia la soja, que requiere una menor inversión relativa frente al maíz.
“Estamos viendo un escenario donde los altos costos de insumos están empujando a los productores a volcarse hacia la soja”, explica Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral.
A nivel global, esta tendencia podría replicarse también en Europa, donde se proyecta una migración de superficie desde cereales hacia oleaginosas. La combinación de menores costos relativos y mejores perspectivas de demanda fortalece el atractivo de la soja en múltiples regiones productivas.
En números, el mercado estima que la superficie sembrada con soja en Estados Unidos podría aumentar en al menos 1,5 millones de hectáreas. Sin embargo, los datos oficiales que publicará el USDA podrían no reflejar completamente el impacto reciente del encarecimiento de fertilizantes.
En Sudamérica, Brasil se encamina a una cosecha récord de 184,7 millones de toneladas, mientras que en Argentina la producción se mantiene estimada en 48,5 millones de toneladas, con mejoras en la condición de los cultivos. No obstante, la generalización de la cosecha podría generar presión bajista en los precios en el corto plazo.
El maíz, por su parte, enfrenta un panorama más complejo en el hemisferio norte debido al mayor impacto de los fertilizantes en su estructura de costos. Se proyecta una reducción de más de 2 millones de hectáreas en la superficie sembrada.
En Argentina, sin embargo, el cereal muestra un desempeño sólido: la cosecha avanza sobre el 16,5% del área, con rindes promedio de 84,8 quintales por hectárea, superando ampliamente los registros del ciclo anterior. La producción se mantiene en 57 millones de toneladas, mientras que los embarques alcanzan niveles récord.
El trigo tampoco escapa a la presión de los costos. En Estados Unidos se proyecta la menor superficie de trigo de primavera desde la década del ’70, mientras que en la Unión Europea se anticipa una caída de 8 millones de toneladas en la campaña 2026/27.
En el plano local, los precios muestran cierta firmeza, con valores cercanos a USD 185 por tonelada en el mercado disponible y USD 220 para posiciones a diciembre. Sin embargo, persiste un volumen significativo sin precio fijado y una elevada proporción de trigo de calidad forrajera.
La dinámica entre cultivos también condiciona el comportamiento del mercado. Mientras el maíz avanza con buenos rindes pero con demoras por lluvias, la soja —más sensible al clima— concentrará la atención en las próximas semanas.
“Cuando la cosecha de soja se generaliza, suele haber presión sobre sus precios, mientras que el maíz puede afirmarse si los embarques se ven demorados”, concluye Romano.
En paralelo, medidas locales como el aumento del corte de biodiesel en gasoil del 7% al 20% y del bioetanol en naftas hasta el 15% aportan un sostén adicional a la demanda interna, reforzando el rol estratégico de los biocombustibles en el mercado agrícola argentino.


