El extravío desde el fallecimiento de Jesús Abel Blanco, continúa su deriva: al menos, discursivamente.
No se habla de política, aunque se la asocia a la gestión, a Kicillof y a Cristina.
Cuando el movimiento nacional justicialista siempre fue y será un movimiento político.
La gestión es secundaria y solo cuando es notorio que surgen dirigentes desde las bases que dominan los aspectos técnicos y doctrinarios para hacer un buen gobierno: que genere armonía entre el capital y el trabajo.
La Intendente les lleva la delantera porque, aunque desconoce la doctrina peronista, hace lo mismo que haría el peronista menos doctrinario: hace costos y trabaja con los objetivos estratégicos comunes a la Provincia y la Nación, con un solo propósito.
Beneficiar la posición del distrito ante los distritos y alcanzar mejor posición en la Sección y entre secciones electorales.
El peronismo local no se beneficiará de la endogamia de cuatro generaciones, apenas resuelve la herencia de la agencia de empleos de la que intentó apoderarse La Cámpora.
La política peronista no confunde la contingencia de la política nacional y provincial, ambas antiperonistas, aunque Kicillof estaría abandonando su carácter socialdemócrata (el mismo que el de Alberto Fernández y el de Cristina desde el ingreso de Kicillof al ministerio de economía de Cristina, que consiguió que Cristina perdiera las elecciones ante Macri), aunque decía que era marxista.
El peronismo toma posición geopolítica porque defiende el interés nacional y podrían haber mencionado su acuerdo a la economía de Trump y el diseño nacionalista del mundo entre Trump y Putin, porque sería la primera vez, de volver a gobernar, que el peronismo tendría el mundo a favor.
Porque Perón gobernó con el liberalismo norteamericano en contra y contra el comunismo soviético en contra: por eso Perón asumió su tercera posición.
Ni todo para los empresarios ni todo para el Estado: armonía entre el capital y el trabajo.
Pero, los cantos de sirena son más cercanos que la doctrina: por eso se confunde a la doctrina con la supuesta proscripción de Cristina (que no es proscripción, sino sentencia judicial de la Justicia Federal, ligada al poder; es decir, una vez que gane el peronismo, se la indulta sin más) o con el movimiento derecho al futuro, para desperonizar a la militancia peronista.
De cualquier manera, crucemos los dedos y que las religiones monoteístas tengan fuerza suficiente para “iluminar” el sendero de quienes se hacen cargo del partido justicialista del distrito.
Porque hoy, está por verse, la Intendente está generando conducción política, a pesar de no ser peronista: porque parece amar más a su pueblo que a sí misma.


