En estos días, cuando los valores institucionales están vilipendiados y el respeto por las instituciones alcanza niveles alarmantemente bajos, recordé que en la Universidad Nacional de La Plata hubo un decano y profesor de Derecho Penal que enseñaba no solo la ley, sino también los valores que regulan la convivencia de las personas en sociedad.
Hace pocos días se cumplieron 60 años de su fallecimiento en Viena, Austria, mientras se desempeñaba como embajador argentino, a los 70 años de edad.
Si bien José Peco no fue docente mío, solían citarlo con frecuencia los docentes de Derecho Penal por la profundidad de su sabiduría y la claridad de su pensamiento.
A sesenta años de su partida, el pensamiento de José Peco sigue iluminando el camino de la democracia y la educación en nuestro país.
No fue solo un jurista; fue un apasionado defensor de la libertad, la justicia y la dignidad humana.
Su legado recuerda que el respeto al sufragio y a la voluntad popular es la columna vertebral de cualquier sociedad verdaderamente democrática.
En su Exposición de Motivos sobre los “Delitos contra la voluntad popular” -uno de sus trabajos-, Peco advertía: la violación del sufragio no solo socava la ley, sino que erosiona la justicia, convierte la libertad en mito y transforma la democracia en ficción. Su advertencia era clara: la defensa de las instituciones no es un acto abstracto, sino la salvaguarda concreta de nuestra convivencia y de la dignidad nacional.
Pero la pasión de Peco por la libertad no se limitaba al ámbito político; también impregnaba su visión de la Universidad. Para él, la educación superior florece únicamente bajo la tutela de instituciones auténticamente democráticas. La investigación científica, la expansión cultural y la formación profesional dependen de un entorno libre de presiones políticas, demagógicas o totalitarias. La Universidad, decía, “es el espejo del destino de la Nación”: cuando la política trastorna la estabilidad, la cultura decae; cuando la libertad prevalece, el conocimiento y la humanidad prosperan.
José Peco fue un hombre que defendía los principios democráticos y la dignidad humana, con fuerza. Incluso ante su renuncia, expresó su dolor por abandonar la cátedra de la Universidad de La Plata, el lugar que más estimaba, donde enseñó Derecho Penal Democrático y Derecho Penal Totalitario, siempre defendiendo el derecho de la libertad y explicando claramente las direrencias y sus consecuencias.
En el marco del Día de la mujer – este domingo, el Dereco de los Niños a Nacer, que se cumplirá este 25 de marzo, resuena la reflexión final que Peco legó mirando un feto en formol sobre el aborto: “Sin mengua del honor el amor me dio la vida, con mengua del amor el honor me dio la muerte”. Esta frase, en el contexto de su pensamiento, nos invita a recordar que la vida, la libertad y la dignidad no pueden prosperar si se traicionan los principios que nos hacen humanos. Defender la democracia, respetar la autonomía universitaria y honrar la verdad es, hoy más que nunca, nuestra responsabilidad.
José Peco recuerda que la libertad no es una concesión, sino un deber que exige coraje, integridad y amor por la humanidad, y alcanza a la sociedad. Su ejemplo permanece vigente mientras haya quienes, en cada aula, en cada tribunal y en cada decisión pongan los valores e intereses colectivos y de progreso por encima de los intereses personales o autoritarios.
*Director-creador del Grupo-Multimedios Cadena Nueve-Periodista-Abogado-Consultor de Medios-Autor de: ‘Delitos en la Prensa’-La Plata,1983-‘La Noticia en Imagen’, Pamplona 1991-‘Lo Mejor de Dios, Ellas’, El Remanso, 2007



