El interés nacional (de cada país) domina la escena desde Estados Unidos. El presidente Trump (representa a la elite industrialista norteamericana, no es “un loco suelto”) dirige el paradigma de manera categórica e irreversible.
Messi juega juegos difíciles: gambeteó al globalista Alberto Fernández y gambeteó al globalista extremo y anarco-capitalista (autodenominado “topo para destruir al Estado”) Javer Milei, pero puso el pecho y la zurda en el nacionalismo (además dijo que su hijo tiene dos ídolos: Trump y Ronaldo). Porque el nacionalismo no es sin Estado (el mínimo posible, para sostener a los gobiernos como esclavos de su pueblo).
Gentile (la Intendente) también juega. No es tiempo de bromas, ni de pulseritas distintivas de quienes gozan de privilegios innombrables, como no es tiempo de producirse para verse bien cuando uno es funcionario de alguno de los tres poderes del Estado. A veces gesticula sorprendida ante expresiones de ignorancia infantil de quienes hablan antecediéndola en la palabra.
El acuerdo país-país que hizo Milei para engañar a Trump le sirve a la Argentina y a Estados Unidos: a Estados Unidos para enfrentar a Inglaterra, aliada de China y el globalismo y para poner en su lugar a Chile (que tiene alianza de defensa con Inglaterra, para discutir en una guerra la Patagonia, con nuestros hijos en el frente de guerra).
Se requiere de seriedad fijando la mirada en el futuro: hacer costos, promover el desarrollo nacional, predisponer la energía abundante y barata para nuestros pueblos (en este punto, cuando el nacionalismo avance sin guerras, las cooperativas, sus confederaciones y sindicatos de empleados, estarán en problemas: no podrá haber diferencias en los sueldos de los empleados, con los del sector privado -porque debilita los costos del nacionalismo).
La Argentina, luego de Milei, será nacionalista.
La Sociedad Rural Argentina aún algo desorientada (recibió a los ingleses y chinos, pero sin darle la importancia que hubiera sido necesaria si aún fuera globalista), trata de posicionarse: creo que se ve venir un bloqueo total con esos países.
Trump profundiza el avance con las religiones, el Papa León XIV (algo desorientado respecto de la precisión que tuvo el Papa Francisco) hace avanzar lo posible: Putin y Trump definen un Occidente judeo cristiano musulmán (por eso la alianza de Rusia con Irán -resta notar porqué permite Putin que Trump ataque a Irán, qué acordaron en Alaska; cierto que resuelven el sionismo globalista del sionismo religioso). Porque las industrias avanzan generando amor entre sus miembros que luego se derrama en los pueblos a través de sus familias.
El poderío tecnológico de las armas (Trump y Putin) están orientados no solo para abrirle paso a las industrias, también a la paz (para que la logística sea la más barata posible): antes, las armas, se utilizaban para dominar “porque sí”, por lo que sea. Para demostrar quien tenía más poder para usarlo de cualquier manera.
Por eso están en Nordelta, en Puerto Madero, en cada lugar donde hay jefes del narcotráfico, y hay preocupación aquellos que les dieron lugar a los narcotraficantes por un poco de poder o algún puesto, mirando hacia arriba: para ver si está cayendo algún misil de Trump. Prometió atacarlos personalmente, estén donde estén (acá habría que expresarse como los adolescentes: “preguntale a Mencho”). Porque el narcotráfico entorpece el avance industrial.
Reza Pahlevi ve su oportunidad como la previó Corina Machado: el problemita que padecen los dos es que responden a Inglaterra, globalista, enemiga del nacionalismo, amiga de China y enemiga de Trump y Putin.
El mundo se organiza, se ordena en dirección correcta: nosotros, los nuevejulienses no estamos desorientados. Tenemos paciencia estratégica porque Cadena Nueve arriesga a dar la nota, habilitando soñar según el objetivo estratégico de nuestra ciudad y de un mundo de amor, paz e industrialista.


