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“El servicio auténtico siempre piensa en el otro”: la reflexión del padre Daniel Camagna sobre los valores que necesita la sociedad

"El servicio es entrega, dedicación y generosidad; el servilismo siempre esconde un interés" expresó el sacerdote en una nueva edición de Modo Trascendencia, al convocar a recuperar la vocación de servicio, fortalecer el bien común y dejar atrás el individualismo y las pequeñas prácticas de corrupción que debilitan la convivencia social

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¿Qué diferencia existe entre servir, ser servil o servirse de los demás? Esa fue la pregunta que dio origen a una profunda reflexión del padre Daniel Camagna durante una nueva emisión de Modo Trascendencia, el segmento que integra el programa Despertate, por Cadena Nueve Máxima 89.9 y Visión Plus TV.

La conversación tomó como punto de partida el fallecimiento de siete personas en un accidente aéreo ocurrido en San Juan, cuando participaban de una capacitación destinada a mejorar el servicio que luego brindarían a la comunidad. A partir de ese hecho, Camagna invitó a pensar en el valor del servicio como una actitud que trasciende profesiones, instituciones y actividades cotidianas.

“Una de las grandes contribuciones de la tradición cristiana fue comprender el servicio como una entrega al otro y no como una relación de sometimiento”, explicó.

El sacerdote sostuvo que el servicio auténtico siempre nace de la preocupación por los demás y supone preparación, responsabilidad y compromiso.

“El servicio es dar. Dar responsablemente, generosamente y, muchas veces, desinteresadamente. Aunque exista una remuneración, quien sirve siempre aporta algo más.”

En cambio, diferenció esa actitud del servilismo, al que definió como una conducta motivada por el miedo, la conveniencia o el beneficio personal.

“El servilismo nunca es gratuito. Siempre hay una segunda intención.”

Una sociedad que necesita recuperar la vocación

Camagna remarcó que todas las profesiones constituyen un servicio cuando se ejercen con vocación.

Mencionó el trabajo de médicos, arquitectos, ingenieros, comerciantes, docentes, artesanos y trabajadores de distintos oficios como ejemplos concretos de personas que diariamente contribuyen al crecimiento de la comunidad.

“Cuando alguien hace bien su trabajo porque ama lo que hace, está prestando un enorme servicio a la sociedad”, afirmó.

En ese sentido lamentó que muchas veces el trabajo termine reducido únicamente a una cuestión económica, perdiéndose el sentido profundo de la vocación.

Las pequeñas corrupciones también destruyen

Durante el diálogo, el sacerdote puso el foco en aquellas conductas cotidianas que, aunque parezcan menores, terminan dañando la confianza social.

Habló de presupuestos inflados, sobreprecios, ventajas personales, engaños comerciales y otras prácticas que, con el paso del tiempo, deterioran las instituciones.

“Nos hemos acostumbrado a pequeñas trampas que parecen normales y terminan haciendo mucho daño”, advirtió.

Para Camagna, estos comportamientos son consecuencia de haber reemplazado el espíritu de servicio por el interés individual.

Pensar primero en el bien común

Otro de los conceptos que atravesó toda la charla con el conductor del programa Gustavo Tinetti, fue la importancia del bien común como objetivo de toda comunidad organizada.

El sacerdote consideró que la sociedad atraviesa una fuerte crisis de individualismo y que resulta imprescindible recuperar espacios de encuentro donde prevalezca el interés colectivo.

“La tentación permanente es pensar solamente en uno mismo. Sin embargo, el horizonte tiene que ser siempre el bien común.”

También cuestionó los enfrentamientos ideológicos que dividen a la sociedad y llamó a construir consensos desde el respeto y el diálogo.

Una renovación espiritual

Camagna sostuvo que Argentina necesita mucho más que cambios políticos o económicos.

A su entender, la verdadera transformación comenzará cuando exista una renovación espiritual que devuelva sentido a la honestidad, al compromiso y a la responsabilidad social.

“Necesitamos recuperar una mística. Un sueño compartido que nos permita volver a creer en una sociedad donde cada uno aporte desde el lugar que le toca.”

En esa línea destacó que observa señales esperanzadoras en muchos jóvenes, quienes —según relató— manifiestan un fuerte deseo de vivir con mayor autenticidad y coherencia.

Una frase para reflexionar

Antes de finalizar el espacio, el padre Daniel Camagna dejó una definición que sintetizó el mensaje de toda la charla.

“No vivimos, convivimos.”

Con esa expresión recordó que el crecimiento individual nunca puede separarse del compromiso con los demás y que el verdadero progreso de una sociedad depende de la capacidad de cada persona para transformar su trabajo, su profesión y su vida cotidiana en un auténtico servicio al bien común.

Padre Daniel Camagna- Modo Trascendencia

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