
El Gobierno nacional confirmó la designación de Diego Santilli como nuevo jefe de Gabinete de Ministros, en reemplazo de Manuel Adorni, quien dejó el cargo tras un período marcado por cuestionamientos políticos y un creciente desgaste dentro de la administración.
La decisión fue tomada por el presidente Javier Milei junto a la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, con el respaldo del asesor Santiago Caputo. Desde la Casa Rosada sostienen que la incorporación de Santilli responde a la necesidad de imprimir un perfil más político a la coordinación del Ejecutivo, con mayor capacidad de diálogo con gobernadores, intendentes y bloques legislativos.
A diferencia de su antecesor, cuya gestión estuvo fuertemente ligada a la comunicación y la confrontación política, Santilli asumirá con el objetivo de fortalecer la articulación entre ministerios, reconstruir puentes con las provincias y ordenar la agenda parlamentaria en un contexto que exige mayores consensos para avanzar con las principales reformas impulsadas por el oficialismo.
El recambio también representa un nuevo acercamiento entre La Libertad Avanza y dirigentes provenientes del PRO, espacio del que proviene Santilli. En el Gobierno consideran que su experiencia en la gestión pública y su trayectoria política pueden aportar mayor volumen a una etapa que definen como clave para consolidar la gobernabilidad.
Según trascendió, la llegada del nuevo jefe de Gabinete será acompañada por una reorganización de la estructura ministerial. Entre los cambios que se analizan figura el fortalecimiento del rol coordinador de la Jefatura de Gabinete, una redefinición del área de Interior y una nueva estrategia de comunicación oficial tras la salida de Adorni.
En paralelo, el Ejecutivo buscará acelerar el tratamiento de proyectos considerados prioritarios en el Congreso, entre ellos iniciativas vinculadas a la desregulación económica, reformas institucionales y medidas destinadas a atraer inversiones.
Con este movimiento, el Gobierno apuesta a dejar atrás una etapa de tensión política y recuperar capacidad de negociación tanto en el Congreso como con las provincias. El objetivo, sostienen fuentes oficiales, es relanzar la gestión con una estructura política más sólida y enfocada en garantizar la aprobación de las reformas que el presidente Milei considera centrales para la segunda mitad de su mandato.


