
Cada 15 de junio se conmemora el Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez. Este año, bajo el lema “Más allá de la sensibilización: lograr una prevención eficaz del maltrato a las personas mayores”, la jornada pone el foco en la necesidad de fortalecer las respuestas institucionales para prevenir situaciones de violencia, abandono y vulneración de derechos.
La conmemoración se desarrolla en la sede de las Naciones Unidas, en Nueva York, con un encuentro organizado por el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU, la Red Internacional para la Prevención del Maltrato a las Personas Mayores y la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos. La actividad se realiza en el contexto de la Conferencia de los Estados Partes en la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad.
Uno de los ejes centrales del debate es la relación entre envejecimiento y discapacidad. El aumento de la esperanza de vida implica que cada vez más personas envejecen con alguna discapacidad o la desarrollan en etapas avanzadas, lo que demanda políticas coordinadas que garanticen protección, acceso a servicios y apoyo comunitario.
El maltrato hacia las personas mayores puede manifestarse de distintas formas, como abuso físico, psicológico o económico, además de situaciones de negligencia o abandono. Organismos internacionales advierten que gran parte de estos hechos permanecen ocultos debido a la falta de denuncia, el aislamiento social y las dificultades para acceder a redes de contención.
Frente a este escenario, expertos coinciden en que la sensibilización ya no es suficiente. La prioridad pasa por consolidar mecanismos eficaces para detectar casos de riesgo, brindar asistencia oportuna y asegurar el respeto por la dignidad, la autonomía y los derechos de las personas mayores.
Las proyecciones demográficas refuerzan la urgencia de estas medidas. Naciones Unidas estima que entre 2019 y 2030 la población mundial de 60 años o más crecerá un 38 %, pasando de 1.000 a 1.400 millones de personas. Este incremento será especialmente acelerado en los países en desarrollo, donde los desafíos vinculados al envejecimiento requerirán respuestas cada vez más integrales.
La problemática también está estrechamente vinculada al edadismo, es decir, la discriminación basada en la edad. Según la Organización Mundial de la Salud, los prejuicios hacia las personas mayores limitan la creación de políticas públicas adecuadas y afectan su bienestar, salud y participación social.
En este contexto, la comunidad internacional reafirma el compromiso de avanzar hacia sociedades más inclusivas, capaces de garantizar una vida libre de violencia y con pleno ejercicio de derechos para las personas mayores.


