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Mensaje de la Iglesia de Chile, aplicable a nuestra realidad

“Recuperar la paz social y el diálogo político en Chile”, advierte “con dolor” que toda forma de violencia, ya sea física, verbal, ideológica o institucional; hiere profundamente a la patria y socava la solidaridad social.

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La violencia que afecta a una sociedad no se reduce únicamente al delito, la agresión física o la inseguridad en las calles. Existe también una violencia verbal, ideológica y estratégica cuando se exacerban divisiones o se instala una lógica de enemistad permanente, señala un reiente mensaje del Episcopado de Chile, describiendo lo que observa como realidad social y política de ese país.

Custodiar la dignidad de la vida cívica

En su mensaje, el Episcopado chileno señala que la paz no es simplemente la ausencia de conflictos, sino que es obra de la justicia, del respeto mutuo y de la voluntad sincera de buscar el bien común.

Por ello, hace un llamado especial a las autoridades, particularmente a quienes legislan, para que custodien la dignidad de la vida cívica con prudencia y rectitud, evitando las disputas degradantes y el lenguaje impropio que lesionan la nobleza del servicio público.

Cuando quienes deben elevar el debate lo rebajan, no solo dañan su propia investidura, sino que también contribuyen al desprestigio de las instituciones. Quien pierde la medida en las palabras fácilmente hiere la caridad y ofende. Toda función pública debe ser un servicio que favorezca la verdad.

Rehabilitar el lenguaje de la razón y la verdad

El Episcopado destaca, como lo ha recordado recientemente Papa León XIV, la necesidad de rehabilitar el lenguaje de la razón y la verdad, entendiendo que el consenso no es una señal de debilidad, sino un signo de madurez política y de amor al país.

La ciudadanía necesita ver en sus líderes capacidad de escucharse, corregirse y colaborar.

Urgente renovación espiritual

Los representantes del Episcopado nacional consideran indispensable una renovación espiritual que recupere el sentido de la dignidad del otro y funde la convivencia en el mandamiento del amor al prójimo.

Asimismo, subrayan la necesidad de abrir espacios para la reflexión, el silencio interior, la formación ética y la vida espiritual, pues solo un corazón educado en la caridad y la solidaridad puede sostener una sociedad verdaderamente humana.

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