
En Argentina, más de 100.000 personas sufren lesiones cada año a causa de siniestros viales, y aproximadamente 12.000 de ellas quedan con discapacidades permanentes que transforman radicalmente su vida cotidiana. Las secuelas incluyen fracturas, latigazo cervical, traumatismos craneoencefálicos, lesiones en el tórax y pelvis, así como trastornos psicológicos como el Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT).
A nivel global, la Organización Mundial de la Salud estima que entre 20 y 50 millones de personas sufren traumatismos no mortales en el tránsito, muchos de ellos con consecuencias a largo plazo.
En varios hospitales de provincia, hasta el 70% de las camas de terapia intensiva están ocupadas por lesionados de tránsito, muchos de los cuales sobreviven con discapacidades que afectan no solo a los pacientes, sino también a sus familias más cercanas.
El impacto económico es igualmente significativo: los siniestros viales representan pérdidas equivalentes al 3% del Producto Bruto Interno (PBI) en muchos países, afectando al Estado, a las personas y a sus familias.
Luchemos por la Vida, una organización dedicada a la seguridad vial, destaca que los traumatismos causados por accidentes de tránsito se pueden prevenir. Para lograrlo, se requieren medidas concretas, como:
- Promover usuarios de la vía pública más seguros mediante legislación, control y sanciones.
- Mejorar la infraestructura vial para facilitar tránsito y transporte.
- Reducir las velocidades máximas permitidas.
- Incrementar la seguridad de los vehículos.
- Brindar atención sanitaria rápida y eficaz a las víctimas.
- Garantizar justicia y acompañamiento a víctimas y familiares.
“Cada accidente evitado es una vida salvada y un futuro protegido”, subraya Luchemos por la Vida. La prevención y la educación vial son herramientas esenciales para disminuir la tragedia silenciosa que representan los lesionados de tránsito.


