
En los últimos años, los monopatines eléctricos comenzaron a ganar protagonismo en las calles argentinas. Aunque su llegada es relativamente reciente, su uso se ha expandido de forma sostenida, convirtiéndose en una alternativa de transporte dentro de los llamados Vehículos de Movilidad Personal (VMP).
Entre sus principales ventajas, se destacan su tamaño reducido, bajo costo, facilidad de transporte y su carácter ecológico, ya que funcionan con energía eléctrica y no generan ruido. Además, permiten combinarse fácilmente con otros medios de transporte, lo que los vuelve atractivos en entornos urbanos.
Sin embargo, no todo es positivo. Especialistas advierten que estos vehículos presentan riesgos importantes: son inestables, difíciles de ver y prácticamente inaudibles en la vía pública. Estas características aumentan la posibilidad de siniestros, tanto para quienes los conducen como para peatones y otros actores del tránsito.
Uno de los principales problemas radica en que la infraestructura vial no fue diseñada contemplando este tipo de movilidad. Esto genera confusión sobre por dónde deben circular. Si bien la normativa establece una velocidad máxima de entre 25 y 30 km/h, ya circulan modelos que pueden alcanzar hasta 80 km/h, lo que incrementa el peligro.
Ante el aumento de incidentes, distintos países como Alemania, Francia, España, México y Brasil avanzaron en regulaciones específicas. En Argentina, la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV) estableció normas mediante la Disposición 480/2020, a las que se suman legislaciones locales como la de la Ciudad de Buenos Aires.
La normativa vigente establece que los conductores deben tener al menos 16 años, usar casco y elementos reflectantes, y circular a una velocidad máxima de 25 km/h. Además, los vehículos deben contar con luces delanteras y traseras, frenos en ambas ruedas, base de apoyo y timbre o bocina.
En cuanto a la circulación, están habilitados para transitar por calles, avenidas, ciclovías y bicisendas, pero tienen prohibido hacerlo por veredas, rutas y autopistas. También está vedado transportar acompañantes.
Desde organizaciones dedicadas a la seguridad vial remarcan que, si bien estos vehículos representan una oportunidad para avanzar hacia una movilidad más sustentable, el desafío pendiente es garantizar el cumplimiento de las normas. La fiscalización y la adhesión de todos los municipios a regulaciones claras aparecen como claves para reducir riesgos y proteger a todos los usuarios de la vía pública.


