Este domingo 4 de enero, la comunidad católica se reunió para celebrar la primera Misa dominical del nuevo año 2026, en el Santuario Nuestra Señora de la Virgen de Fátima.
La celebración, fue presidida por el Obispo Emérito Monseñor Martín de Elizalde, y dejó un recordatorio de la importancia de la oración y la conexión constante con Dios en nuestra vida diaria.
La reflexión de Monseñor Elizalde comenzó con la poderosa invitación a elevar nuestras voces en oración. “Es el Señor quien nos llama, glorifiquemos a nuestro Dios”, afirmó con énfasis, recordando a los fieles que, en medio de la vida agitada, es fundamental apartar momentos de silencio para escuchar la voz de Dios.
A través de las lecturas del día, especialmente del Evangelio de San Juan, el Obispo recordó que “la Palabra del Verbo estaba con Dios desde siempre”, y que esta Palabra es la que ilumina el camino de los cristianos. “Es la luz verdadera que nos guía en la vida”, continuó, enfatizando la importancia de vivir conforme a las enseñanzas de Cristo y reconocerlo en cada aspecto de nuestra existencia.
“Glorifiquemos al Señor, Jerusalén, celebra tu Dios” fue el himno que resonó en la iglesia, invitando a todos los presentes a celebrar no solo las bendiciones recibidas, sino también la presencia de Dios en sus vidas.
Durante la homilía, Monseñor Elizalde subrayó el hecho de que “ser cristiano no es solo evitar el mal, sino vivir en comunión con los demás, guiados por el ejemplo y las palabras de Jesús”. Explicó que la verdadera vida cristiana no se basa solo en las acciones exteriores, sino en una transformación interna que lleva a la persona a vivir con amor y solidaridad hacia su prójimo.
Uno de los momentos más emotivos de la misa fue cuando el Obispo invocó la presencia de “Dios, origen de nuestra vida”, destacando la misión de cada cristiano de ser portador de la paz en el mundo y en sus comunidades. “El Señor nos hace partícipes de su amor y nos invita a vivir en paz, no solo entre nosotros, sino con el mundo entero”, afirmó.
A lo largo de la celebración, el himno de la misa y las oraciones se entrelazaron con una profunda reflexión sobre el amor divino y la necesidad de estar en constante comunicación con Dios. “Si hemos recibido su Palabra, si hemos adoptado sus enseñanzas, seremos capaces de vivir como verdaderos hijos de Dios”, concluyó Monseñor Elizalde.
La misa culminó con el tradicional “Amén”, resonando como un eco de esperanza y fe, una afirmación de que, a pesar de las dificultades, Dios siempre estará con nosotros, guiándonos y acompañándonos.
En este inicio del año, la comunidad de Nuestra Señora de Fátima se comprometió a vivir con más devoción, más esperanza y un renovado fervor por seguir los pasos de Cristo, llevando su luz a cada rincón de sus vidas.







