Entre febrero y marzo de 1993, la adulteración con alcohol metílico de dos marcas –Mansero y Soy cuyano– de vino blanco en damajuana causó la escalofriante cifra de 29 muertos.

De acuerdo a lo que se probó durante el juicio oral en 1996, Arnaldo Mario Torraga, el dueño de la bodega Nietos de Gonzalo Torraga, agregó alcohol metílico en los vinos que comercializaba en damajuanas con la intención de “estirar” el producto con agua y mantener la graduación alcohólica mínima autorizada por el INV.

Se registraron víctimas en Buenos Aires, Entre Ríos, Corrientes y Misiones y muchos de los que se salvaron quedaron ciegos y con problemas neurológicos.

La bodega fue clausurada por medio de un decreto del entonces presidente Carlos Menem y fue intervenido el INV, que era el organismo responsable de controlar la producción y distribución de vino en todo el país.

No son pocos los que se preguntan, atentos a estos antecedentes, el riesgo de suprimir inspecciones en nombre de la “modernización” y la “desregulación”