Estudios recientes sobre el ADN han hecho saber que la genética influye a la hora de elegir una relación amorosa.
Siempre se consideró que la atracción se producía por una cuestión física o de puntos en común entre dos personas, como el modo de pensar, las aficiones y las creencias.
Ahora se sabe que todos estos factores influyen con incidencia en los ADN.
Esos estudios permiten calcular si una pareja tendrá más o menos atracción química.
Esto se debe a que los sentimientos y emociones de cada persona son el resultado de acciones hormonales coordinadas por el sistema nervioso y porque el sistema inmunológico tiende a ser atraído por personas con diferentes variaciones genéticas. Además de procesos biológicos, la genética influye en la intensidad e incluso en la naturaleza de estos sentimientos.
En la actualidad, diversos estudios demuestran cómo la genética juega un papel importante en las relaciones, especialmente los genes HLA y 5-HTA1.
En ese sentido la ciencia ha concluido que la atracción que se siente está directamente relacionada con el tipo de antígeno leucocitario humano o también conocido como HLA, proteínas que ayudan al sistema inmunitario del cuerpo a diferenciar entre sus propias células, sustancias extrañas y dañinas que posee cada uno.
Dos personas con diferentes variaciones en HLA tienen más probabilidades de sentirse atraídas entre sí. Además, los estudios demuestran que este antígeno también influye en la composición de los olores corporales, un factor crucial en la atracción de parejas, por lo que cuanto mayor sea la diferencia entre dos personas, más agradable encontrarán el olor del otro, y mayor será el deseo y la satisfacción sexual.
Estudios han permitido establecer una conexión entre la composición genética y la probabilidad de estar en una relación a largo plazo. Un estudio realizado por científicos de la Universidad de Pekín ha demostrado que algunas personas presentan mayores dificultades que otras para entablar relaciones amorosas prolongadas, y esto se debe a las variaciones del 5-HTA1, un subtipo de receptor de serotonina que regula su descarga.
Las personas con genotipo C producen niveles más altos de serotonina – el químico cerebral que interfiere en el estado de ánimo y la felicidad de las personas – lo que influiría en una falta de problemas para tener relaciones amorosas, y facilitaría que sus romances sean más duraderos e intensos, en comparación con las personas con genotipo CG y GG.
Por lo general, la atracción física es lo primero que ocurre cuando conocemos a una persona, después de eso, entran en juego otros factores, como gustos, deseos y similares. En este caso, la genética entra como complemento a ese combo.
La serotonina, un neurotransmisor relacionado con la felicidad y la euforia, también puede tener una conexión con el amor y algunas investigaciones indican que ciertas variaciones en el receptor de serotonina pueden aumentar la propensión de las personas a entablar relaciones más duraderas.
Conocer el ADN de cada persona ayuda a comprender predisposiciones en el diario vivir.


