
El Bien Común resulta extraño en su manera de aunar a su alrededor.
Cierto esfuerzo pulsional, inconsciente, se dirige a favor de la vida de maneras extrañas.
Aunque funciona en dirección contraria para facilitar el ingreso de vida como posibilidad expansiva para armonizar posiciones nada comunes.
En una selección arbitraria podríamos medir, por ejemplo, acontecimientos como: los profesores expulsados en “La noche de los Bastones largos”, alumnos expulsados en “La noche de los lápices”, ambos expulsados en las “desapariciones forzadas” y “vuelos de la muerte”, soldados en la Guerra de Malvinas, de un lado.
Claro que “expulsados”, como para no tomar partido aunque no haya mucha posibilidad de no tomarlo.
De otro lado, los chicos que tuvieron que ir a la guerra de Malvinas por su nivel de pobreza tanto como la de sus provincias, los empresarios y comerciantes que pierden sus fuentes de trabajo, los trabajadores que por ello quedan a la deriva, los que pierden el rumbo por carecer de organización las comunidades…
Uno se pregunta, ¿la solidaridad con Venezuela, tanto como la solidaridad por los soldados de la Guerra de Malvinas, es por los que sobrevivieron y combaten o es por los que murieron?
¿Se entiende la pregunta? ¿qué mueve a la solidaridad, quienes murieron o quienes están dando pelea?
Acá la cosa se pone peliaguda y requiere de estómago pero también de espalda para aguantárselas y continuar con el derrotero de este análisis simple.
Cierto es que me animaré a tomar algunos recursos teóricos para que pueda ser abordado por otros interlocutores, además de los habituales.
Hay una parte de cada quien (Yo Ideal) que cede en parte a lo que inicia como identificación omnipotente (Ideal del Yo) en el límite de lo que se conoce como “lucha a muerte por puro reconocimiento”.
¿Entonces?
Prefiere la mente a los muertos para contrastar que uno, aún, está con vida.
Aunque aún no se note o no se sepa bien qué es esa cosa llamada vida.
Se hace notorio en lo que se siente, cuando se ve qué nos ocurre cuando rescatan a una mujer, un niño, un hombre con vida, respecto de qué sentimos cuando vemos que rescatan a una mascota.
La identificación de cada quien con la mascota, de cada quien, es una identificación que llena de plenitud: ahí sí nos reconocemos como sobrevivientes en cada mascota, sin la necesidad de reconocernos con vida ante el cuerpo inerte de alguien.
Esta nota tiene como motivación principal hacer notar las propiedades del nuevo paradigma nacionalista cuya legalidad será la de la comunidad entre los trabajadores y empresarios, no la legalidad del globalismo que fue la de sobrevivir a costa de lo que sea, importando más los medios que los fines.
De ahora en más, los fines serán superiores a los medios.


