En el norte de Mozambique, más precisamente en la comunidad de Quixaxe, provincia de Nampula, el padre Guillermo Gómez lleva adelante una tarea pastoral y social que crece día a día, combinando evangelización, educación y contención comunitaria.
Con temperaturas cercanas a los 29 grados durante el día y noches agradables de 22, el sacerdote destacó el contraste climático con el hoy de Nueve de Julio y amplio sector de Argentina y describió la realidad de una parroquia joven, perteneciente a la diócesis de Nacala, que abarca decenas de comunidades y busca mejorar el acompañamiento pastoral en la región.
Un equipo femenino que rompe barreras
Uno de los hechos más destacados de la misión fue la creación de un equipo de fútbol femenino, algo inusual en una cultura donde las mujeres suelen tener escasa participación social.
La iniciativa surgió de manera espontánea, cuando jóvenes de la comunidad presentaron listas para formar equipos, incluyendo por primera vez a mujeres. Con la ayuda de donaciones —entre ellas camisetas del club San Lorenzo de Almagro— el proyecto tomó forma.
“El fútbol se convirtió en un espacio de encuentro, alegría y visibilización para ellas”, relató el Padre Guillermo Gómez. Las jugadoras muestran un fuerte compromiso, incluso entrenando desde la madrugada antes de participar en la misa dominical.
La difícil búsqueda de agua
Uno de los mayores desafíos sigue siendo el acceso al agua potable. Tras intentos fallidos de perforación en la zona, estudios posteriores confirmaron que no hay agua en el lugar donde se encuentra la comunidad.
“Fue una tristeza grande para todos”, explicó el sacerdote. Sin embargo, nuevas evaluaciones indican que podría haber recursos hídricos a aproximadamente un kilómetro y medio, lo que abre una posibilidad futura, aunque con dificultades logísticas.
Mientras tanto, los habitantes deben recorrer largas distancias para abastecerse, una situación que condiciona fuertemente la vida diaria.
Educación, alimentación y comunidad
Además del deporte, la misión avanza en proyectos clave como la construcción de un edificio comunitario que incluirá aulas para nivel inicial, oficinas parroquiales y sanitarios. La obra cuenta con apoyo internacional, especialmente desde España.
También se sostiene un programa de alimentación para niños de la escuelita, financiado por donaciones de comunidades argentinas, principalmente de ciudades como Lincoln, Trenque Lauquen y Nueve de Julio.
“El trabajo depende de mucha gente que colabora desde Argentina. Sin ellos, nada de esto sería posible”, remarcó Gómez.
Un regreso con compromiso
El sacerdote tiene previsto regresar a Argentina en octubre, una vez finalizadas las obras en la comunidad. Sin embargo, aseguró que continuará vinculado a la misión africana, acompañando proyectos educativos, deportivos y sociales.
Su experiencia, marcada por la fe y el compromiso, también está profundamente influenciada por la figura del padre Pedro Traveset—a quien reconoce como guía en su vocación— y cuya posible beatificación comienza a generar movimiento en la diócesis de su origen. Además de Trenque Lauquen se mobiliza Nueve de Julio.
Desde una región donde lo esencial aún es un desafío, la historia del padre Guillermo Gómez refleja cómo pequeños gestos —una oración, una pelota, una camiseta, una comunidad— pueden transformar realidades donde Jesús está presente en todo momento.





