Desde la Revolución Libertadora, acorde al inicio de la Guerra Fría, la Educación marcó su fracaso. El mayo francés se enarboló como bandera de vanguardias iluminadas (ya se nota que tenían las lámparas apagadas), días después de “La noche de los bastones largos”: un oxímoron que se vendió como pleonasmo reactivo.
Pronto, antes de un lustro, desaparecerían las disciplinas convencionales al ritmo de imposición de las que vayan surgiendo.
Está visto que los codazos (puestos políticos, cargos jerárquicos, armas, amistad con jueces) no conducen a ninguna parte (con suerte; también al descrédito o causas judiciales).
Como la educación es un desastre carecemos de pronósticos, porque no tenemos idea de cómo diagnosticar para anticipar, al menos, parte del límite de los procesos. Con el problema adicional de que, aún el diagnóstico desacertado introduce un límite, cuyo proceso lo confirma, pero dejando fuera el límite que debía orientar la lectura del proceso, imponiéndose las consecuencias con la misma evidencia que cuando el diagnóstico es correcto.
La devaluación de enero de 2014 inició un proceso globalizador que pudo avanzar a pesar de tantas advertencias. Las instituciones y la Educación se acomodaron a ese ritmo: ambientalismo, feminismo, socialdemocracia, neoliberalismo, Agenda 2030, bitcoins, préstamos al consumo, turismo frenético en el extranjero (¿se entiende esto? Los productores y empresarios de la construcción que viajaban por el mundo alimentaban la falta de recursos y hoy lastima a la sociedad civil en su conjunto).
Advertíamos desde estas líneas desde Cadena Nueve las consecuencias de lo que está ocurriendo. Ni el medio ni yo hacemos magia. Escuchamos al presidente. Asumió diciendo, en las escalinatas de espalda al Congreso, con el rey de España y el presidente (en aquél entonces, hoy es de facto) formal de Ucrania (dos alianzas del retroceso del país) que: “saldremos adelante, trabajando menos”.
El hartazgo de la vagancia exacerbada con sandeces de lo que se llamó “kirchnerismo” (socialdemócratas encaramados en el justicialismo, rienda izquierda del progresismo) y sus opositores convenientes (neoliberalismo de apariencia antiperonista para darle lugar a la socialdemocracia del justicialismo, rienda derecha del progresismo), no dejó notar que Macri fue lo mismo (dos últimos años como neoliberal -dos primeros como gobierno oligárquico, hasta que tuvo que recurrir al FMI) y que Fernández-Fernández fueron lo mismo.
A tal punto la indiferenciación que tampoco dejó notar que, lo distinto de Milei es que es lo mismo, pero de manera extrema.
Todos conduciéndonos al mismo límite y como sociedad discutiendo esos límites sin notarnos como parte que alimenta ese mismo proceso.
Hoy, todas las cajas están vacías: no solo la de las empresas, comercios, etc. que cerraron; también las de aquellos que no cerraron. Tampoco tienen un peso los trabajadores, tampoco los bancos tienen cómo devolver los depósitos porque en sus cajas tienen papelitos de incumplimientos del dinero prestado (a particulares y al gobierno nacional).
Trato de decir que se trataría de trabajar de otra manera.
Si nos dijo el presidente a dónde nos llevaba y nos está llevando (a un país sin “caja”, sin ingresos) ¿de qué sirve reclamar tasas o reclamar baja de tasas si ni el municipio, ni los comercios o empresas, ni los vecinos… tienen más que unos pocos pesos?
Además, ya sabemos que esos pocos pesos son los últimos porque aún habrá menos pesos.
Creo que urge hacer lo que reclamamos desde hace tiempo desde estas líneas: organizarnos para pasar algunas semanas sin dinero y sin recursos evitando catástrofes que no es conveniente describir.
Los chicos en las aulas nos advierten cómo es un proceso anómico: cuando se rompen los tejidos, solo las armas darán sobrevida a quienes sepan usarlas y hayan notado qué podría haber luego del límite.
Estamos a tiempo de acumular alimentos suficientes para todos para días aciagos, organizar la manera de distribuirlos hasta que pase el temporal, ordenar la verticalidad posible en las fuerzas provinciales que actúan en el distrito, generar articulaciones entre políticos de fuste (de genitales, masculinos o femeninos, robustos: con claridad estratégica).
De lo contrario, vamos a extrañar no haber padecido algún tifón que inundara la ciudad completa.
El poder comenzó a mover sus fichas: Rocca prepara a Macri, el peronismo balbucea encuentros para acordar una salida que no sea fallida (fuera del alcance de Cristina con su “tengo una idea” y del alcance de Alberto y Axel con sus “ganemos y después vemos).
Si ellos lo hacen, hagámoslo en Nueve de Julio, para que el parto sea lo menos doloroso posible.
Contando con la carta esperanzadora de ser dirigido el distrito con una Intendente que tiene lo que hay que tener para atravesar tormentas.
La suerte está echada: cruzar el Rubicón será cruzar un punto de no retorno político (será un adiós al progresismo -socialdemocracia y neoliberalismo) y la recuperación de las doctrinas que tienen en el centro al trabajo. El liberalismo y el peronismo; también el marxismo, pero ya no hay marxismo institucionalizado en el país.
Estas líneas están dirigidas a comenzar a trazar algo de lo que encontraríamos más allá del límite: porque desde ahí podremos reconstruir lo posible pero también comenzar a construir lo nuevo.
Y no será con la mente de los adultos y de los institucionalizados: ligados al pensamiento.
Será con los jóvenes imbuidos de combinatorias algorítmicas que no pueden describir pero que los adultos no conseguiremos ni imaginar.


