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Nueve de Julio unido en oración aguarda el tramo final de la beatificación de Eduardo Pironio

La junta Médica del Vaticano 'dio un parecer positivo' al analizar que la sanación de un bebé en Mar del Plata en diciembre 2006 podría ser un Milagro que se le atribuye al entonces Cardenal que falleciera en el Roma y hoy sus restos descansan en la Basílica de Luján

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La Junta Médica del Vaticano dio el visto bueno al supuesto milagro por intercesión del cardenal Eduardo Pironio, al considerar que el hecho “supera la ciencia médica” se indicó en el Vaticano.

El proceso es seguido con atención por el Obispo de Nueve de Julio, Monseñor Ariel Torrado Mosconi.

El titular de la diócesis Santo Domingo de Guzmán, había adelantado a Cadena Nueve que “pasar la Junta Médica es muy importante y ahora pasará a la Comisión de Teólogos y, posteriormente, a la ordinaria de cardenales. Si todo va bien, Nueve de Julio tendrá el primer santo de su historia.

Todos esos pasos quedarán firmes cuando el papa Francisco anuncie que fue un milagro al firmar ese reconocimiento.

Los hechos analizados por los expertos en el Vaticano tuvieron su origen en el año 2006.

El viernes 1º de diciembre Juan Manuel Franco, por entonces un bebé, tragó y aspiró purpurina. “Lo primero que atiné fue hacerle upa y sacarle todo el polvo que tenía. Pero la iluminación me dijo que tenía que llevarlo a la clínica”, contó Laura, su mamá.

La situación comenzó a empeorar a los pocos minutos: Juan Manuel no podía respirar. El médico Marcelo Sigismondi les dijo a Laura y Mariano, el papá de Juan Manuel, que no había antecedentes de supervivencia ante este tipo de intoxicación.

“En estos cuadros, lo que aspirás va a los pulmones y eso genera una neumonía química. Por más que respires, el oxígeno no entra. Del 1 al 10, nuestro hijo estaba en 0,1, según nos decían”, relató Mariano.

El niño fue trasladado de la Clínica 25 de Mayo al Hospital Materno Infantil. “Si saben rezar, recen”, les dijo el pediatra a los padres. Juan Manuel fue ingresado a terapia intensiva y luego le indujeron el coma con asistencia respiratoria.

Con este cuadro clínico y angustia de los padres, el día antes de un nuevo aniversario del natalicio del sacerdote nuevejuliense, -sábado 2 de diciembre – Laura y Mariano participaron de la Marcha de la Esperanza, que fue creada por Eduardo Pironio y en el recorrido, hay una parada con oraciones en la parroquia del Hospital Materno Infantil.

Allí se encontraron al padre Silvano de Sarro, sacerdote de la parroquia San Antonio de Padua, que, al enterarse de la situación, les entregó una estampa del ex-obispo de la ciudad entre 1972 y 1975.

Sentados en la sala de espera del hospital, a la mañana del día siguiente – 3 de diciembre – leyeron la biografía del cardenal y un suceso que les llamó mucho la atención.

La madre del que luego sería sacerdote estuvo muy enferma después de tener a su primer hijo y los médicos le dijeron que no podía volver a quedar embarazada porque corría riesgo de vida. Ella, afligida, se fue a confesar con un obispo de La Plata, que le pidió que le rezara a la Virgen de Luján, y le dijo: “A veces los médicos se equivocan”. Finalmente, tuvo 22 hijos y el futuro obispo de Mar del Plata fue el último.

“Era la frase que necesitábamos escuchar”, remarcó Laura. “Nos dio la fuerza que nos faltaba para ponernos de pie: empezamos a creer que Juan Manuel iba a volver a casa”, coincide Mariano. Acto seguido, leyeron la oración en la que le pidieron a Pironio que su hijo pudiera sanar.

En paralelo, un grupo de familiares llevó ese mismo día una muestra de sangre al Hospital de Niños de La Plata para analizar los metales que tenía Juan Manuel en la sangre. Y, en base a eso, determinar qué tratamiento necesitaría.

A las pocas horas de haber recitado la oración, el panorama del hijo comenzó a mejorar.

El estudio en La Plata arrojó que el niño no tenía elementos tóxicos en sangre. El progreso fue día tras día: lo sacaron del coma, se despertó y comenzó a comer.

“El 3 de diciembre es la fecha de cumpleaños de Pironio, el 5 es su ordenación. Ese lapso coincide con el progreso de Juan Manuel. Los médicos tenían anotado en la historia clínica el cuadro de nuestro hijo. Y en esos primeros días decía ‘grave’. El lunes 4 de diciembre, a las 11am, figuraba ‘leve mejoría’. En ese momento leímos la oración”, revelaron Laura y Mariano al portal marplatense. Juan Manuel recibió el alta el 13 de diciembre, sin secuelas a nivel respiratorio, neurológico o hepático.

Hoy el “niño del milagro” es un adolescente que cursa el último año de la secundaria. Además, estudia para ser chelista, algo que tomó de sus progenitores, que son profesores de música.

Mientras tanto, la familia participa todos los años de la Marcha de la Esperanza y suele visitar la Basílica de Luján, donde se encuentran los restos de Pironio.

“Para nosotros no es tan especial que Pironio sea beatificado porque a Juan Manuel ya lo tenemos, pero de alguna manera es devolver algo de lo que nos dio. Subirlo a los altares, que podamos rezarle todos. Y también como testimonio: sirve para gente que pasa momentos límite. La fe tiene una fuerza poderosa. Ese es el mensaje”, sostuvieron Laura y Mariano.

Aspecto de la vida de Eduardo Pironio

El nuevejuliense fue ordenado presbítero en la Basílica de Nuestra Señora de Luján el 5 de diciembre de 1943.
Fue rector del Seminario Metropolitano de Villa Devoto en la Arquidiócesis de Buenos Aires, decano de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica Argentina, visitador apostólico a las universidades católicas de la Argentina, auxiliar de la Arquidiócesis de La Plata y padre conciliar en la III y IV sesión del Concilio Vaticano II.

Llegó a Mar del Plata, proveniente de la diócesis de Avellaneda, el 27 abril de 1972. Fue un obispo muy popular y acercó la Iglesia a la sociedad. También, por estas mismas razones, fue amenazado, y era común ver pintadas en la casa parroquial que decían “Pironio Montonero”.

Su prédica comprometida con la Iglesia latinoamericana le valió el mote de “comunista”, aunque de acuerdo a los dichos de quienes lo conocieron de cerca, el prelado “nunca utilizó su rol dentro de la comunidad para adoctrinar políticamente”.

En vísperas del golpe militar del 1976 fue amenazado de muerte y el gobierno de María Estela Martínez de Perón le ofreció proveerle custodia personal, oferta que rechazó porque “confiaba en Dios”.

En marzo de 1976, tras la aparición sin vida de Coca Maggi en una playa cerca de la laguna de Mar Chiquita, el papa Pablo VI promocionó a Pironio a Prefecto de vida y ordenó su traslado al Vaticano, donde permaneció hasta su muerte el 5 de febrero de 1998.

La obra de monseñor Pironio se mantiene hasta la actualidad. Fue el creador de la “Marcha de la esperanza” que año tras año reúne a miles de fieles que peregrinan desde los barrios marplatenses hacia el centro de la ciudad. La primera edición de esta marcha tuvo lugar el 8 de diciembre de 1973.

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