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La Santa Sede pidió en la ONU que la inteligencia artificial esté al servicio del bien común y la dignidad humana

Durante una reunión del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (Ecosoc), el Vaticano sostuvo que el desarrollo de la inteligencia artificial solo representa un verdadero progreso cuando respeta la dignidad de las personas, contribuye a reducir las desigualdades y favorece un desarrollo sostenible centrado en el ser humano

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La Santa Sede reafirmó este lunes ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que la inteligencia artificial debe estar al servicio de la dignidad humana y del bien común, al participar de una sesión del Consejo Económico y Social (Ecosoc) realizada en Nueva York y dedicada al avance de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030.

En la declaración presentada por la Misión del Observador Permanente de la Santa Sede, se sostuvo que “la verdadera medida del progreso” no está dada por el grado de sofisticación de las nuevas tecnologías, sino por su capacidad para servir a las personas y contribuir al bien común.

El documento recordó además que, en consonancia con la encíclica Magnifica humanitas del papa León XIV, la inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta valiosa para acelerar el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Sin embargo, advirtió que, si su utilización compromete la dignidad humana, por más eficiente o innovadora que sea, terminará debilitando el modelo de desarrollo que pone a la persona en el centro.

La representación vaticana remarcó que el desarrollo auténtico debe promover la liberación integral de los pueblos frente al hambre, las enfermedades, el analfabetismo y otras formas de exclusión. En ese sentido, destacó la importancia de impulsar una participación más equitativa en la economía mundial, fortalecer sociedades basadas en la solidaridad y consolidar instituciones democráticas que garanticen la libertad y la paz.

Finalmente, la Santa Sede reconoció que el crecimiento económico permitió que miles de millones de personas salieran de la pobreza extrema en las últimas décadas, aunque advirtió que persisten profundas desigualdades entre países y al interior de ellos, además del surgimiento de nuevas formas de pobreza.

Por ello, exhortó a la comunidad internacional a corregir esas desigualdades y a sostener un modelo de desarrollo sostenible que tenga como referencia permanente el respeto por la dignidad inviolable de toda persona.

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