A 44 años del conflicto del Atlántico Sur, la causa Malvinas continúa generando debate en la sociedad argentina. En ese marco, el testimonio de Sergio Brangeri, excombatiente nuevejuliense, aporta una mirada directa sobre la guerra y también sobre las tensiones actuales en torno al reconocimiento de quienes participaron.
Brangeri fue convocado a los 19 años, cuando vivía con su familia en La Niña y a tres meses después de haber finalizado el servicio militar obligatorio. Sin saber cuál sería su destino, se incorporó nuevamente al Ejército en el Grupo de Artillería 101 de Junín. “Nos tomó por sorpresa a todos. Creíamos que se iba a resolver por la vía diplomática”, recordó, en alusión al contexto previo al enfrentamiento con el Reino Unido.
El exsoldado relató que la instrucción previa ya mostraba diferencias respecto de años anteriores, aunque sin información concreta. El destino final recién se confirmó con el traslado: un vuelo en condiciones extremas hacia las islas, en plena guerra. “Ahí cambia todo. Cuando aterrizás, ya no sos el mismo”, sintetizó. Estaba en la Patagonia, en el marco del TOAS – Teatro de Operaciones del Atlántico Sur-, en un cuartel donde estabamas calefaccionados y comiamos bien con actividades más pasivas y de ahí a la Isla.
Su experiencia en combate estuvo marcada por condiciones límite. Frío intenso, falta de alimento, bombardeos constantes y la pérdida de compañeros forman parte de un relato que se repite entre quienes estuvieron en el frente. “Llegamos a estar días sin comer. Comimos de un basural. Eso no tiene comparación”, afirmó a manera de contraste sobre la experiencoa previa en el continente.
En ese sentido, Brangeri fue contundente al referirse a la discusión actual sobre el reconocimiento a los soldados que permanecieron en el continente. “Las diferencias son abismales”, sostuvo, y consideró que equiparar ambas situaciones implica “distorsionar la historia”. No obstante, reconoció que muchos de los llamados movilizados atraviesan dificultades económicas y buscan algún tipo de asistencia estatal.
El excombatiente ubicó el origen de esta división en los años posteriores a la guerra, especialmente con la aparición de beneficios económicos durante la presidencia de Carlos Menem. “Ahí empezó todo. Antes no se hablaba de estas diferencias”, explicó.
También hizo referencia a las decisiones políticas que llevaron al conflicto bajo el gobierno de Leopoldo Galtieri, y a la falta de preparación con la que muchos jóvenes enfrentaron la guerra. “Éramos chicos, fuimos con entusiasmo, pero no sabíamos lo que nos esperaba”, expresó.
El final del conflicto y el regreso al continente fueron, según su relato, momentos de profundo impacto emocional. Tras la rendición del 14 de junio de 1982, fue tomado prisionero y luego trasladado de regreso al país. “Ver bajar nuestra bandera fue muy duro”, recordó.
Ya en Argentina, el recibimiento fue contradictorio: por un lado, el afecto de la gente; por otro, el silencio y la falta de contención institucional. “Estuve meses sin hablar. Mi casa parecía un velorio”, describió. Con el tiempo, el acompañamiento familiar, el apoyo de la comunidad de La Niña y la inserción laboral le permitieron reconstruir su vida.
Hoy, más de cuatro décadas después, Brangeri observa con preocupación cómo resurgen viejas discusiones.
El debate sigue abierto. Entre el reconocimiento histórico, las demandas sociales y el uso político del tema, la causa Malvinas continúa siendo un punto sensible en la sociedad argentina. “A esta altura, tener que aclarar quién estuvo y quién no, es una barbaridad”, concluyó Brangeri, dejando en evidencia que, más allá del paso del tiempo, las heridas aún no terminan de cerrar.



