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Chascomús celebró la vida y legado democrático de Raúl Alfonsín en 99 aniversario de su natalicio

Fue con una Misa en la Catedral presidida por Mons. Juan Ignacio Liébana, donde familiares, dirigentes y vecinos participaron de la celebración, recordando la firmeza del expresidente en la defensa de la democracia, los derechos humanos y la paz social.

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Con una emotiva misa celebrada en la catedral Nuestra Señora de la Merced, la ciudad natal de Raúl Alfonsín conmemoró el 99° aniversario del nacimiento del expresidente, considerado “padre de la democracia” en la Argentina. La ceremonia tuvo lugar este 12 de marzo y estuvo presidida por el obispo de Chascomús, monseñor Juan Ignacio Liébana.

El acto reunió a familiares, dirigentes políticos, militantes y vecinos, quienes participaron de la Eucaristía y compartieron un momento de reflexión sobre la vida y el legado del líder radical. Entre los presentes estuvieron sus hijos Ricardo, Javier y Mara, así como el exvocero presidencial José Ignacio López, quien pronunció unas palabras al cierre de la celebración.

Durante la homilía, Mons. Liébana recordó la grandeza política de Alfonsín y su compromiso con la democracia, la paz y los derechos humanos, destacando cómo su ejemplo sigue siendo una guía para la sociedad argentina en tiempos de fragilidad institucional y polarización política.

El obispo señaló que, así como el Papa Francisco sostiene en su encíclica Fratelli Tutti, la democracia y la justicia requieren un compromiso constante, diálogo, escucha y construcción colectiva. “No podemos conformarnos con lo que otros han conquistado; nos toca a nosotros sumar nuestro aporte para la construcción democrática”, enfatizó.

Se hizo especial mención al compromiso de Alfonsín con los derechos humanos y la reconciliación nacional, recordando su liderazgo durante la Semana Santa de 1987 y su decisión de privilegiar la paz y el Estado de derecho frente a presiones de fuerza, así como su rol fundamental en la creación del Mercosur y la integración regional.

El homenaje en Chascomús abre así el camino hacia el centenario del nacimiento de Raúl Alfonsín, invitando a las nuevas generaciones a reflexionar sobre la vocación política, la solidaridad y la construcción de un país más justo y democrático.

Al finalizar la ceremonia, los asistentes rezaron por la vida institucional de la nación y por un futuro de diálogo, paz y fraternidad, bajo la protección de la Virgen de Luján, patrona de la Argentina.

 

HOMILÍA MISA POR EL 99° ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DE RAÚL ALFONSÍN 12 DE MARZO DE 2026

Celebramos hoy la vida de nuestro presidente Raúl Alfonsín, ungido por el pueblo para conducir los destinos de nuestra patria, en tiempos difíciles y de fragilidad democrática e institucional. Y lo hacemos aquí, en su querida ciudad de Chascomús.
Él supo construir democracia con cada decisión y gesto que fue realizando a lo largo de su mandato. Sin duda, pasó a la historia como el padre de la democracia.
Celebramos la memoria de nuestro presidente en un contexto mundial muy frágil y en un momento nacional muy delicado. Por eso, queremos pedirle a Dios la grandeza para dejarnos interpelar por lo que nos dejó el paso de Alfonsín por nuestra historia.
A su vez, mañana celebramos 13 años de la elección del Papa Francisco. Por eso, queremos iluminar esta reflexión, con su voz clara y profética, sobre todo, expresada en su encíclica sobre la fraternidad y la amistad social, Fratelli Tutti. Allí nos dice: “La historia da muestras de estar volviendo atrás. Se encienden conflictos anacrónicos que se consideraban superados, resurgen nacionalismos cerrados, exasperados, resentidos y agresivos… Lo que nos recuerda que cada generación ha de hacer suyas las luchas y los logros de las generaciones pasadas y llevarlas a metas más altas aún. Es el camino. El bien, como también el amor, la justicia y la solidaridad, no se alcanzan de una vez para siempre; han de ser conquistados cada día. No es posible conformarse con lo que ya se ha conseguido en el pasado e instalarse, y disfrutarlo como si esa situación nos llevara a desconocer que todavía muchos hermanos nuestros sufren situaciones de injusticia que nos reclaman a todos” (FT 11). Por eso, podríamos decir que la democracia ha de ser conquistada cada día… No nos podemos quedar cómodos e instalados en lo que otros han conquistado para nosotros. Nos toca a nosotros y a nuestra generación sumar nuestro aporte para la construcción democrática.
Democracia que se construye con una sana política y una reivindicación de este arte de hacer política como lo hizo Alfonsín. Sigue diciendo el Papa Francisco en la Fratelli Tutti: “Hoy en muchos países se utiliza el mecanismo político de exasperar, exacerbar y polarizar. Por diversos caminos se niega a otros el derecho a existir y a opinar, y para ello se acude a la estrategia de ridiculizarlos, sospechar de ellos, cercarlos. No se recoge su parte de verdad, sus valores, y de este modo la sociedad se empobrece y se reduce a la prepotencia del más fuerte. La política ya no es así una discusión sana sobre proyectos a largo plazo para el desarrollo de todos y el bien común, sino sólo recetas inmediatistas de marketing que encuentran en la destrucción del otro el recurso más eficaz. En este juego mezquino de las descalificaciones, el debate es manipulado hacia el estado permanente de cuestionamiento y confrontación” (FT 15). Basta mirar los últimos debates en el Congreso, para darnos cuenta de lo bajo que hemos caído como sociedad. Más que discutir ideas, se atacan y descalifican a las personas, con violencia, agresividad, gestos y gritos, propios de una batalla campal. Esto atrasa y avergüenza, esto lastima la democracia, la corroe y la hace peligrar. ¿Qué ejemplo le estamos dejando a las jóvenes generaciones? ¿A quién vamos a entusiasmar para que se anime a abrazar la vocación política?
Continúa diciendo Francisco: “En esta pugna de intereses que nos enfrenta a todos contra todos, donde vencer pasa a ser sinónimo de destruir, ¿cómo es posible levantar la cabeza para reconocer al vecino o para ponerse al lado del que está caído en el camino? Un proyecto con grandes objetivos para el desarrollo de toda la humanidad hoy suena a delirio. Aumentan las distancias entre nosotros, y la marcha dura y lenta hacia un mundo unido y más
justo sufre un nuevo y drástico retroceso. Cuidar el mundo que nos rodea y contiene es cuidarnos a nosotros mismos. Pero necesitamos constituirnos en un “nosotros” que habita la casa común” (FT 16-17).
Alfonsín intentó construir este “nosotros” desde su amplia convocatoria de diversos sectores para desplegar un proyecto de país, a largo plazo, sembrar para que cosechen otros, políticas de Estado, proyectos comunes, con el aporte de todos. Un tejido que se va entrelazando con los colores más diversos, con sus matices, historias y tradiciones. Un ejemplo de esto es la conformación variada de la CONADEP, con grandes personalidades, a tan solo 5 días de asumir su mandato… No se trataba de ubicar a los amigos, sino de poner a los mejores…
Dice Francisco: “Para muchos la política hoy es una mala palabra, y no se puede ignorar que detrás de este hecho están a menudo los errores, la corrupción, la ineficiencia de algunos políticos. A esto se añaden las estrategias que buscan debilitarla, reemplazarla por la economía o dominarla con alguna ideología. Pero, ¿puede funcionar el mundo sin política? ¿Puede haber un camino eficaz hacia la fraternidad universal y la paz social sin una buena política? Pienso en una sana política, capaz de reformar las instituciones, coordinarlas y dotarlas de mejores prácticas, que permitan superar presiones (los distintos lobbys que pululan por los pasillos del Congreso) e inercias viciosas. No se puede pedir esto a la economía, ni se puede aceptar que esta asuma el poder real del Estado. Ante tantas formas mezquinas e inmediatistas de política, recuerdo que la grandeza política se muestra cuando, en momentos difíciles, se obra por grandes principios y pensando en el bien común a largo plazo” (FT 176-178).
Nos sigue recordando Francisco acerca de la sana política: “Se trata de avanzar hacia un orden social y político cuya alma sea la caridad social. Una vez más convoco a rehabilitar la política, que es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común. Esta caridad política supone haber desarrollado un sentido social que supera toda mentalidad individualista. Cada uno es plenamente persona cuando pertenece a un pueblo, y al mismo tiempo no hay verdadero pueblo sin respeto al rostro de cada persona. Pueblo y persona son términos correlativos” (FT 180 y 182).
El testimonio de Raúl Alfonsín nos ayuda a reivindicar la vocación política, el amor y el compromiso por la cosa pública, poniendo el cuerpo, como lo supo hacer en aquella difícil Semana Santa de 1987, comprometido con firmeza por la paz y la institucionalidad. Sin dejarse amedrentar por presiones, ni concesiones para volver al régimen de la fuerza, por encima del Estado de derecho… Su paso previo por la Capilla de la Casa Rosada, con una profunda confianza en Dios heredada de su madre, Ana María, antes de emprender el viaje a Campo de Mayo… La casa pudo estar en orden porque no hubo derramamiento de sangre en la Argentina y cada uno pudo besar a sus hijos y celebrar una Pascua en paz.
Su firme compromiso con los derechos humanos, con la libertad, con el respeto irrenunciable a la dignidad de cada persona humana, nos recuerda esta vocación de todo político, en palabras de Francisco, de “preocuparse de la fragilidad, de la fragilidad de los pueblos y de las personas. Cuidar la fragilidad quiere decir fuerza y ternura, lucha y fecundidad, en medio de un modelo funcionalista y privatista que conduce inexorablemente a la “cultura del descarte”. Significa hacerse cargo del presente en su situación más marginal y angustiante, y ser capaz de dotarlo de dignidad. El político es un hacedor, un constructor con grandes objetivos, con mirada amplia, realista y pragmática, aún más allá de su propio país. Las mayores angustias de un político no deberían ser las causadas por una caída en las
encuestas, sino por no resolver efectivamente el fenómeno de la exclusión social y económica, con sus tristes consecuencias” (FT188).
La grandeza política de Raúl Alfonsín, lo llevó a abrir procesos democráticos, a sentar las bases para que “nunca más el odio, para que nunca más la violencia perturbe, conmueva y degrade a la sociedad argentina” (al recibir el informe de la CONADEP el 20/9/1984), para que nunca más se cayera en la barbarie del terrorismo de Estado, cuyo cincuentenario de su inicio estamos recordando en estos días. Dice el Papa Francisco: “Una gran nobleza es ser capaz de desatar procesos cuyos frutos serán recogidos por otros, con la esperanza puesta en las fuerzas secretas del bien que se siembra. La buena política une al amor la esperanza, la confianza en las reservas de bien que hay en el corazón del pueblo, a pesar de todo” (FT 196). Así lo afirmaba el mismo Alfonsín: “sigan ideas…los hombres pasan, las ideas quedan y se transforman en antorchas que mantienen viva la democracia”.
Su no alineamiento con la política intervencionista de Estados Unidos y sus iniciativas de integración regional y diplomacia internacional sentaron las bases del Mercosur, en un contexto global de Guerra Fría. Junto a José Sarney, presidente en Brasil (Declaración Foz de Iguazú 30/11/1985), realizaron algo extraordinario en beneficio de la humanidad: terminar con la carrera nuclear en la región, con una opción firme por la paz y de consolidación de la democracia, en aquella difícil década del 80 para toda América Latina. Qué bien nos haría abrevar de estos testimonios, en este contexto de tercera guerra mundial en pedacitos (Francisco).
La democracia se construye con memoria, verdad y justicia. A pesar de la fragilidad institucional, Alfonsín tuvo el coraje para no dejar que la impunidad y el olvido le ganaran a la memoria, la verdad y la justicia. Venciendo el miedo, abrazó decididamente la causa de los derechos humanos. Dice Francisco: “hacen falta caminos de paz que lleven a cicatrizar las heridas, se necesitan artesanos de paz dispuestos a generar procesos de sanación y de reencuentro con ingenio y audacia (FT 225). La justicia sólo se busca adecuadamente por amor a la justicia misma, por respeto a las víctimas, para prevenir nuevos crímenes y en orden a preservar el bien común, no como una supuesta descarga de la propia ira. El perdón es precisamente lo que permite buscar la justicia sin caer en el círculo vicioso de la venganza ni en la injusticia del olvido (252). El perdón no implica olvido (250). Los que perdonan de verdad no olvidan, pero renuncian a ser poseídos por esa misma fuerza destructiva que los ha perjudicado. Rompen el círculo vicioso, frenan el avance de las fuerzas de la destrucción. Deciden no seguir inoculando en la sociedad la energía de la venganza que tarde o temprano termina recayendo una vez más sobre ellos mismos. La venganza no resuelve nada” (251). Y esto comienza en cada corazón, por eso es una empresa personal y colectiva.
La democracia se construye ante todo con el diálogo y la firme decisión de trabajar por la paz. Hoy la Palabra (Jer 7,23-28; Sal 94) nos advertía contra el mal de la dureza del corazón, de la obstinación, que viene, justamente de no saber escuchar, de cerrarnos en nuestras propias ideologías. De este modo, se imposibilita el diálogo y peligra la paz. Alfonsín supo zanjar el conflicto con Chile, aceptando el largo y arduo camino de la escucha y el diálogo y evitando el atajo de la guerra. Así fortalecía esta incipiente democracia, a través de la vía diplomática y del respaldo popular en el plebiscito (25/11/1987), que puso de manifiesto, una vez más, que el pueblo elige la paz y no la guerra. De ahí, su profundo cariño y admiración por Juan Pablo II, artesano mensajero de la paz. De este modo, hacía suyas estas palabras recientes del Papa León, durante el Angelus del 1° de marzo de este año: “La estabilidad y la paz no se
construyen con amenazas mutuas, ni con armas, que siembran destrucción, dolor y muerte, sino solo a través de un diálogo razonable, auténtico y responsable. Ante la posibilidad de una tragedia de enormes proporciones, hago un llamamiento encarecido a las partes implicadas para que asuman la responsabilidad moral de detener la espiral de violencia antes de que se convierta en un abismo irreparable. Que la diplomacia recupere su papel y se promueva el bien de los pueblos, que anhelan una convivencia pacífica, basada en la justicia”.
“El que no está conmigo, está contra mí; el que no recoge conmigo, desparrama” (Lc 11,23): nos decía Jesús en su Palabra. Acentuar las diferencias es seguir lastimando este frágil tejido social, que ya no da para más. Todos estiran para llevar a su búnker, pero nadie cede, entrega o sacrifica… Por eso, junto al Papa León, hoy clamamos por una paz desarmada y desarmante: Ya no más confrontación que divida y tensione. Ya no más enemigos dentro. La gran batalla ha de ser contra los “de afuera”: la pobreza, el hambre, la falta de vivienda, el desempleo, la falta de oportunidades para todos, el desánimo generalizado, la inseguridad, la droga, los suicidios, la falta de educación y de salud, la inequidad, la cultura del extraer, consumir y descartar, el cambio climático, la trata de personas… Todos juntos, distintos, pero unidos. Equipos más que personalidades deslumbrantes; ponernos en los zapatos del otro, para evitar las posiciones seguras e inamovibles, la ternura para romper toda gravedad, aspereza y sordera… Hoy más que nunca necesitamos un poco de racionalidad, bajar un cambio, “deponer las armas”, respirar hondo, mirarnos a los ojos y reconocernos hermanos. Nos merecemos una Argentina distinta y somos todos artífices de una Argentina distinta, la que todos soñamos, la que todos esperamos… Esa Argentina por la que luchó Alfonsín y la que forjó en sus sueños de Nación…
Termino con otras palabras del Papa Francisco, tomadas de la Evangelii Gaudium, donde invita a una mirada trascendente, capaz de inspirar los proyectos políticos, trascendencia y profunda fe que animó a Raúl Alfonsín: “¡Ruego al Señor que nos regale más políticos a quienes les duela de verdad la sociedad, el pueblo, la vida de los pobres! Es imperioso que los gobernantes y los poderes financieros levanten la mirada y amplíen sus perspectivas, que procuren que haya trabajo digno, educación y cuidado de la salud para todos los ciudadanos. ¿Y por qué no acudir a Dios para que inspire sus planes? Estoy convencido de que a partir de una apertura a la trascendencia podría formarse una nueva mentalidad política y económica que ayudaría a superar la dicotomía absoluta entre la economía y el bien común social” (EG 205).
Que nuestra Madre de Luján, patrona de nuestra Argentina, bendiga nuestra Nación y sus gobernantes, que ASÍ SEA…

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