
La Provincia de Buenos Ayres está atravesando una transformación silenciosa que casi no ocupa el centro del debate público, pero que definirá su destino económico, social y territorial durante las próximas décadas. Lo que está en juego es el uso del suelo, el modelo productivo y el equilibrio territorial de la provincia más importante de la Argentina.
El diagnóstico es incómodo, pero ineludible: el suelo productivo bonaerense, uno de los más fértiles del planeta, comienza a ser disputado por una nueva lógica económica. Allí donde durante generaciones se produjo alimento, hoy se proyectan barrios cerrados, urbanizaciones privadas, “ciudades de 15 minutos” y emprendimientos residenciales que prometen rentabilidad rápida a propietarios rurales y desarrolladores.
Este fenómeno no es marginal ni aislado. Se expande desde el Conurbano hacia el interior bonaerense. Lo que antes ocurría en la periferia de las grandes ciudades -la transformación de suelo rural en urbanizaciones- ahora se replica en municipios intermedios y regiones productivas. Arquitectos, consultoras urbanas, desarrolladores e inmobiliarias promueven un nuevo horizonte de negocios: reconvertir el campo en activo inmobiliario.
Detrás de este proceso emerge un cambio profundo en el modelo económico del territorio. Históricamente, la tierra bonaerense estuvo asociada a la producción: ganadería, agricultura, industria agroalimentaria. Hoy se concibe cada vez más como un activo financiero. No importa lo que se produce sobre ella, sino el valor que puede adquirir como superficie urbanizable. El campo deja de ser espacio de producción para convertirse en reserva de valor inmobiliario.
Este desplazamiento no ocurre por azar. Responde a la falta de planificación territorial y a la ausencia de una política provincial clara sobre el uso estratégico del suelo. La Provincia de Buenos Ayres carece de una discusión seria y profunda sobre su ordenamiento territorial a largo plazo. Mientras tanto, miles de hectáreas quedan libradas a acuerdos privados, presiones del mercado o decisiones municipales aisladas.
En ese vacío institucional se despliega el mecanismo que transforma la tierra productiva en negocio inmobiliario: primero la promoción del proyecto, luego la seducción al propietario rural, finalmente los cambios de zonificación y la urbanización. El resultado es una transferencia silenciosa del suelo productivo hacia usos residenciales o especulativos.
Las consecuencias sociales son evidentes:
* Menor superficie para producir alimentos, con impacto directo en precios y abastecimiento.
* Pueblos rurales que pierden población y economías locales debilitadas.
* Mayor desequilibrio territorial entre el Conurbano y el interior bonaerense.
Una provincia que convierte su tierra productiva en urbanización privada corre el riesgo de perder su base económica histórica. Y cuando la producción retrocede, lo que avanza es la dependencia, la desigualdad y la inestabilidad política.
La responsabilidad política es insoslayable. La ausencia de planificación, la falta de legislación protectora y la debilidad de los mecanismos de control permiten que el mercado avance allí donde el Estado se retira. En muchos casos, además, la política acompaña o facilita estos procesos mediante excepciones urbanísticas, cambios de uso del suelo o falta de regulación efectiva.
La pregunta de fondo es inevitable: ¿qué modelo territorial quiere la Provincia de Buenos Ayres para su futuro?
Puede seguir avanzando hacia un territorio fragmentado, con expansión urbana desordenada, interior productivo debilitado y concentración demográfica creciente en el Conurbano. O puede discutir un modelo territorial equilibrado, donde la tierra productiva sea protegida, los pueblos del interior se fortalezcan y el desarrollo urbano responda a una planificación estratégica.
La provincia tiene recursos, territorio, producción, universidades y capacidad humana para hacerlo. Lo que falta es decisión política. Porque la tierra no es simplemente un activo económico: es el fundamento material de la comunidad.
Cuando el territorio se organiza sin planificación, el mercado decide. Y cuando el mercado decide sobre la tierra, lo que se pone en juego no es solo un negocio: es el futuro de toda una provincia.
*Coautor de Buenos Ayres Humana I: la hora de tu comunidad (Ed. Fabro, 2022); Buenos Ayres Humana II: la hora de tus intendentes (Ed. Fabro, 2024); y en preparación: Buenos Ayres Humana III: La Revolución Bonaerense del Siglo XXI, las Cartas Orgánicas municipales; y, Buenos Ayres Humana IV: Junín, capital de los bonaerenses [email protected]


