
Según el último boletín de la Dirección de Estadísticas e Información de Salud (DEIS), aumentó un 0,5 por mil nacidos vivos la tasa de mortalidad infantil y neonatal, considerada el indicador más sensible de la situación social de un país: pasó de 8 por mil en 2023 (el número más bajo registrado) a 8,5 en 2024.
De acuerdo al anuario de Estadísticas Vitales 2024, es decir, el mapa de los nacimientos y defunciones del país agrupados por edad, género, ubicación geográfica y causa de muerte durante el 2023, con 460.902 nacidos vivos, fallecieron 3.689 menores de un año; en 2024, con 413.135, ese número fue de 3.513. Hubo unos 47.000 nacimientos menos, pero si hubiera habido la misma cantidad, hubieran ocurrido 220 muertes infantiles adicionales.
La tasa de mortalidad infantil (TMI) expresa cuántos bebés mueren antes de cumplir un año por cada mil que nacen vivos en un año determinado.
La nutrición, el acceso al agua potable, la vacunación o la atención primaria suelen ser las barreras de protección que fallaron para que la TMI suba.
“Las muertes infantiles (hasta el año de edad) y neonatales (en los primeros 27 días) se agrupan en inevitables (de bebés que nacen con patologías incompatibles con la vida), reducibles con intervenciones de alta complejidad, y reducibles con cuidados primarios y preventivos”, explicó la epidemióloga Alicia Stolkiner
Y agregó: «Las principales causas que se advierten son ‘reducibles en mortalidad perinatal’ y ‘reducibles en el parto’; o sea, dependientes de atención médica. En las post neonatales, las prevenibles que son reducibles por medidas secundarias y primarias ocupan el primer y segundo lugar. Todas tienen que ver con cuidados articulados entre condiciones de vida y acceso a servicios de salud adecuados»


