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¿Debe colegiarse el periodismo? Entre la libertad de expresión y la responsabilidad de informar

Escribe para Cadena Nueve, Gustavo Tinetti*

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Dar por fallecido al padre del deportista más conocido del planeta despues del Papa, abrió el debate sobre el rol del periodismo y las redes sociales.

Ocurrió este último jueves cuando todas las miradas están puestas en el Mundial de Futbol.

La noticia circuló con velocidad por redes sociales, y se tomo por cierta en un medio de comunicación. Si dio por ciento sin corroborar rumores. Horas después, la verdad desmintió lo que ya millones de personas habían leído o escuchado o visto.

Este episodio y otros que se han suscitado a lo largo del tiempo, reabre una discusión antigua: ¿debe el periodismo contar con algún tipo de colegiación o certificación profesional que distinga a quienes ejercen la tarea de informar con responsabilidad?.

Los detractores de la colegiación sostienen un argumento poderoso. No hace falta un título para ejercer el periodismo como señala la Convención Americana sobre Derechos Humanos.

Se va a diraio en Nueve de Julio que desde una página de Facebook se dan a conocer hechos con perpil noticioso por quien hoy enfrenta por irresponsable dos juicios en Mercedes y está alentado por un ‘ilustrado’ que redacta bien pero desconoce parámetros de la actividad periodisitica. La gente lo acepta y lo acompañan comercialmente pese a carecer de registración alguna. Es todo un tema de responsabilidad.

Además, la libertad de expresión es un derecho fundamental que pertenece a todos los ciudadanos, no solamente a quienes poseen un título o una matrícula profesional.

Desde esta perspectiva, exigir una habilitación para ejercer el periodismo podría transformarse en una barrera que limite voces críticas, favorezca mecanismos de control estatal o corporativo y termine afectando el pluralismo democrático.

La historia ofrece ejemplos suficientes para desconfiar de cualquier herramienta que permita decidir quién puede hablar y quién no.

Una sociedad libre necesita periodistas independientes, pero también ciudadanos capaces de expresar ideas, investigar y denunciar sin pedir permiso.Siempre con responsabilidad y respeto ciudadano.

Sin embargo, la realidad actual plantea un problema nuevo.

Las redes sociales han democratizado la comunicación, algo positivo en muchos aspectos, pero también han diluido las fronteras entre información, opinión, propaganda y simple rumor.

Hoy una publicación falsa puede alcanzar a millones de personas antes de que aparezca una rectificación. El daño ya está hecho.

En este contexto, la discusión sobre la colegiación no debería centrarse en restringir la palabra, sino en reconocer una profesión.

Del mismo modo que nadie prohíbe opinar sobre medicina pero sí exige formación para ejercerla, podría pensarse en mecanismos que identifiquen a quienes asumen estándares éticos y metodológicos para informar.

La diferencia no estaría en quién puede hablar, sino en quién se presenta ante la sociedad como profesional de la información.

Un periodista no debería distinguirse por un privilegio legal, sino por un compromiso verificable con la búsqueda de la verdad, la contrastación de fuentes, la rectificación de errores y el respeto por los hechos y de la teleaudiencia.

Quizás el desafío no sea crear una matrícula obligatoria que habilite o prohíba ejercer, sino fortalecer los criterios profesionales que permitan a la ciudadanía reconocer qué contenidos surgen de un trabajo periodístico responsable y cuáles son simples expresiones personales sin verificación previa.

La pregunta de fondo es si estamos dispuestos a aceptar que informar con rigor implica una responsabilidad social especial.

Porque mientras las redes sociales premian la velocidad, el periodismo debería seguir premiando la verdad.

Y cuando la verdad pierde terreno frente al rumor, no solo se degrada una profesión: se debilita el derecho de toda la sociedad a estar correctamente informada.

La libertad de expresión debe seguir siendo irrestricta, con las limitaciones de la ley y la ética.

Pero también es legítimo preguntarse si ha llegado el momento de reivindicar al periodismo como una profesión con deberes específicos, precisamente para diferenciarlo de un universo digital donde cualquiera puede hablar, aunque no siempre tenga la voluntad —o el compromiso— de verificar lo que dice.

Con la Constitución Nación en la mano, como guía para la libre expresión, a sabiendas de esos límites, para una acabada libertad de expresión, se abre la puerta a distinguir profesionalmente el periodismo por su responsabilidad ética y su obligación de verificar la información, como distinción de la libre manifestación de quien está en una red social.

La responsabilidad, objetividad y vericidad, harán la diferencia, la debe contar con el respaldo de la sociedad consumidora, de lo contrario, ésta no crecerá con dignidad.

*Director-creador del Grupo-Multimedios Cadena Nueve-Periodista-Abogado-Consultor de Medios-Autor de: ‘Delitos en la Prensa’-La Plata,1983-‘La Noticia en Imagen’, Pamplona 1991-‘Lo Mejor de Dios, Ellas’, El Remanso (Parada Robles), 2007

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