Escuela para Padres: cómo crear hábitos saludables en casa y ayudar a los chicos a sostenerlos
La psicóloga Sofía Guaragna explicó en el ciclo de los martes por Despertate (Cadena Nueve, Máxima 89.9 y Visión Plus TV) cómo incorporar hábitos positivos en la vida familiar y eliminar conductas que no ayudan al desarrollo de niños y adultos, basada en un libro bestseller sobre hábitos, remarcó que la clave está en la repetición, el ejemplo y la organización cotidiana
En una nueva edición de su espacio Escuela para Padres, la licenciada Sofía Guaragna abordó una problemática que atraviesa a muchas familias: cómo lograr que los chicos incorporen hábitos saludables y abandonen rutinas que no les hacen bien.
“La conducta se convierte en destino”, resumió la especialista al explicar que todo hábito nace de la repetición. “Lo que repetimos con frecuencia termina instalándose de manera natural. Si repetimos hábitos saludables, los resultados serán positivos; si repetimos hábitos negativos, también habrá consecuencias”, señaló.
Guaragna explicó que, según diversos estudios sobre comportamiento, un hábito comienza a consolidarse aproximadamente después de 21 días de repetición constante, momento en el que el cerebro empieza a generar nuevas conexiones.
Las cuatro claves para crear buenos hábitos
Durante la entrevista, la profesional detalló cuatro principios fundamentales para incorporar hábitos saludables en niños y adultos:
1. Hacerlo obvio Consiste en dejar a la vista aquello que queremos incorporar. Por ejemplo: colocar una botella de agua en la mochila escolar o dejar los cuadernos sobre la mesa para recordar que hay tarea pendiente.
“Si el hábito está visible, es más fácil sostenerlo. Si queda guardado, probablemente nos olvidemos”, explicó.
2. Hacerlo atractivo El entorno influye directamente en las decisiones. Una frutera visible puede fomentar una alimentación saludable, mientras que tener golosinas al alcance permanente genera el efecto contrario.
También mencionó la importancia de ofrecer alternativas atractivas como juegos de mesa, libros o actividades recreativas por encima del exceso de pantallas.
3. Hacerlo sencillo La organización previa simplifica el cumplimiento de los hábitos. Tener preparada la ropa para hacer actividad física o planificar comidas saludables evita decisiones impulsivas.
“Las cosas tienen que invitarnos a hacer hábitos saludables”, remarcó.
4. Hacerlo satisfactorio La especialista advirtió sobre los riesgos de la autoexigencia excesiva tanto en adultos como en niños.
“Si exigimos demasiado, generamos frustración. Los hábitos también tienen que ser disfrutables”, sostuvo.
Los chicos aprenden por imitación
Uno de los conceptos más fuertes de la charla fue el rol del ejemplo familiar. Según Guaragna, los niños reproducen lo que observan en casa.
“Les encanta parecerse a mamá y papá. Si queremos que hagan actividad física, lean o tengan hábitos ordenados, primero debemos revisar qué hacemos nosotros”, afirmó.
En ese sentido, insistió en que la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace es fundamental en la crianza.
Cómo eliminar malos hábitos
La psicóloga también explicó que existen estrategias para abandonar conductas perjudiciales:
Hacerlo invisible: quitar de vista aquello que genera tentación.
Hacerlo poco atractivo: tomar conciencia de sus consecuencias negativas.
Hacerlo difícil: poner barreras para evitar caer en el hábito.
Hacerlo insatisfactorio: asociarlo con resultados negativos.
Aplicó este concepto especialmente al uso excesivo de pantallas en niños, y recomendó anticipar límites y ofrecer actividades alternativas.
Menos estímulos, más orden
Guaragna advirtió además sobre el exceso de actividades, juguetes y pantallas en la vida cotidiana infantil.
“Menos es más. A veces hay demasiados estímulos y eso termina generando caos”, explicó.
Propuso ordenar espacios, rotar juguetes y generar ambientes que inviten al juego creativo, la lectura y la autonomía.
Una reflexión final para las familias
Para cerrar, dejó un mensaje dirigido a padres y madres:
“No se trata de ser perfectos, sino de revisar qué hábitos tenemos y cuáles queremos transmitir. Si cambiamos nosotros, nuestros hijos probablemente también cambien”.
Y concluyó con una definición contundente:
“La integridad es que haya coherencia entre lo que digo, lo que hago, lo que pienso y lo que siento”.