Quiero compartir con ustedes un recuerdo que me llena de orgullo, expresa a CN, Walter Martín Zárate, convecino de Dudignac, ex soldado del Regimiento de Granaderos a Caballo, que en 1990 tuvo el honor más grande que un soldado podría tener: ‘fui custodio del Sable Corvo del General José de San Martín. Esta arma, que simboliza la lucha por la libertad de medio continente, estuvo en mis manos, y esa sensación es indescriptible’.
Este recuerdo de Zárate se enmarca en que este relicario de nuestra independencia será entregado nuevamente al Regimiento de Granaderos a Caballo el próximo 7 de febrero, tras un decreto de Javier Milei.
El acto se llevará a cabo en el Campo de la Gloria, en San Lorenzo, Santa Fe, uno de los escenarios clave de la lucha por la independencia. El sable, que a lo largo de los siglos ha recorrido múltiples destinos, regresa ahora a la unidad que San Martín fundó, justo cuando se cumplen más de 200 años de esa histórica batalla.
El Origen de un Símbolo
En 1811, durante su paso por Londres, San Martín adquirió este sable corvo, un arma con una hoja de metal de Damasco, resistente y flexible, que lo acompañó en cada una de las batallas que luchó por la libertad de América del Sur. La empuñadura, de ébano, y la vaina recubierta en cuero y bronce, le conferían no solo funcionalidad, sino también un carácter emblemático.
El sable fue testigo de la expulsión del dominio colonial español en Sudamérica. Tras la culminación de la campaña libertadora, San Martín se exilió en Francia, dejando el sable en Mendoza bajo la custodia de Josefa Ruiz Huidobro. Fue en 1837 cuando el Libertador solicitó su regreso, pidiéndole a su hija Mercedes y su yerno, Mariano Balcarce, que lo trajeran de vuelta. En su testamento de 1844, San Martín dispuso que el sable fuera entregado al entonces General Juan Manuel de Rosas como símbolo de la gratitud por su defensa de la República.
De Rosas al Museo Histórico Nacional
Luego de la muerte de Rosas en 1877, el sable pasó a manos de su hija, Manuela Rosas, quien lo guardó con sumo cuidado hasta que en 1896, lo ofreció como un “monumento de gloria” para la Nación. El sable ingresó al Museo Histórico Nacional en 1897, donde permaneció hasta que, en 1965, fue robado en el contexto de la proscripción del peronismo. Aunque fue recuperado en dos ocasiones, su custodia definitiva pasó al Regimiento de Granaderos a Caballo, que lo conservó durante más de 40 años.
En 2015, el sable fue devuelto al Museo Histórico Nacional para su conservación y exhibición. Ahora, un nuevo ciclo comienza, con su regreso al lugar donde una de las batallas más importantes de la independencia, la de San Lorenzo, tuvo lugar.
Este 7 de febrero, el sable corvo de San Martín retornará a San Lorenzo, simbolizando no solo la gloria de la independencia, sino también el honor de aquellos que, como yo, tuvimos la oportunidad de custodiarlo en nombre de la historia.
¡La historia sigue viva, y el sable de San Martín sigue siendo un faro de libertad para las generaciones presentes y futuras!


