
Los acontecimientos internacionales, por lo novedosos, parecen ampulosos; sin embargo, son del mismo tamaño que los que venían ocurriendo. La diferencia, es que son disruptivos, al dirigirse hacia otra dirección.
Construyen el interés nacional.
Van contra el interés global, que no es otra cosa que el interés individual.
Hacer costos es cosa seria: ya no se trata de cómo uno se salva (o una agrupación o sindicato para decidir un paro, por ejemplo) sino de cómo uno se salva, salvando a su nación (y al pueblo, ciudad, provincia en la que uno vive).
En los últimos conflictos en el distrito, la Intendente dio cátedra junto a Cadena Nueve al exponer que cada quien, sin importar el puesto, es un trabajador. Un trabajador nacional, no un trabajador global.
La desesperación del productor quemando gomas no tenía que ver con construir una ciudad elegante sino con no perder su producción para colocarla a precios internacionales en los mercados globales. Tanto como el sindicato que responde a intereses globales, sin importarle más que sostenerse en sus puestos en el sindicato y darse algo de visibilidad ante cualquier oportunidad.
Claro que, el productor y el sindicato, no lo hicieron adrede. Les surgió acudir a resolver “sus” problemas como la legalidad del paradigma, guiaba.
Guiaba sin evaluar costos.
La Intendente resuelve haciendo costos. El tema es sumar que sean óptimos mientras el problema produce, pero también evaluar el resultado (costo de resolución). Por ejemplo, dando a conocer (no lo estoy pidiendo, solo describiendo como ejemplo) cuánto le costó al Municipio la caución para pagar a tiempo y cómo la pasaron (en las fiestas de fin de año) por no cobrar otra parte, los empleados.
La idea del nacionalismo vigente no tiene que ver con la salvación individual.
Para el globalismo, por ejemplo, en una familia de cinco o diez miembros, si uno la pasa mal y cuatro o nueve bien, es porque uno hizo las cosas mal y los demás las hicieron bien.
Para el nacionalismo, en ese mismo ejemplo, uno hizo lo que pudo y los cuatro o nueve hicieron lo posible para salvarse también a costa del que no avanzó.
No había otra manera de dividir generando prestigio a ganadores y desprestigio a perdedores (en general, el desprestigio de perdedores fue la única diferencia del “esfuerzo” de los ganadores).
No habrá manera de dividir entre ganadores y perdedores, en el paradigma nacionalista: si uno pierde, pierden todos.
No por otra cosa es un paradigma de amor y paz: las interacciones serán profusas, pero también equilibradas.
En este punto, la Sociedad Rural Argentina (de Palermo) está revisando su posición oligárquica (“mirarse el ombligo”) para retomar lo que fue: aristocrática. Algo necesario para una nación: una aristocracia que no molesta, que produce y que guía sobre la diferencia de estilos (respecto de otros países) que se van imponiendo como moda; mientras diversifica su producción, industrializando lo posible, para ocuparse del trabajo generando empleos, y ganando dinero no solo de rentas por la venta de la producción primaria, sino de los beneficios por ser, además de productores y aristocracia, empresarios.
Es lo que construyen Trump y Putin y forzaba el Papa Francisco (que León XIV promueve, porque su guía era nuestro Papa).
No es difícil. Cierto que es necesario utilizar brújulas que no tengan adulterados el norte: el norte deja de ser cada uno en cada brújula.
En las brújulas, el norte comenzó a ser el norte y, como si no fuera poco y por primera vez en la historia de la humanidad: el sur comenzó a ser el sur.
Y el mundo pasa a ser como el organismo: no una suma de orejas, ojos, bocas, brazos, piernas y órganos. Mucho más que la suma de las partes.
Un mundo humano y para la humanidad: para que vivamos mejor, mientras transitamos la vida.
Necesario para alentar a nuestros jóvenes que no notaban destino alguno en el horizonte del globalismo.
El horizonte es esperanzador a pesar de los ruidos de demolición de la obra anterior y los ruidos de la nueva construcción.
Agradeciendo que nuestro Distrito está bien ubicado (algo que podría comprobarse en poco tiempo), como lo describe, día a día, la crónica de este medio.



