
El fracaso de la Educación regula los análisis de quienes tienen visibilidad institucional (universidades y tres poderes) y empresas (medios de comunicación). Hombres y mujeres, prácticos.
Para colmo, la combinación de la hiper especialización de poco y nada junto a “sálvese quien pueda”, hizo lo suyo “guiando” éxitos que no solo no eran éxitos, además eran paupérrimos por dónde se los mire.
Casi ninguno pudo notar que no fue “secuestro”, que la palabra “extracción” venía bien y a la mano porque, al cambiar el paradigma definitivamente luego de la Nueva Doctrina de Seguridad de Estados Unidos, la extracción de Maduro no se inscribe en el Derecho Internacional porque ese derecho quedó aniquilado el mismo día de dicha Nueva Doctrina de Seguridad.
Y el marco jurídico se irá construyendo paso a paso, al tiempo que vayan surgiendo las nuevas instituciones que sostengan ese nuevo derecho internacional (ONU, FMI, OTAN, OMC fueron instituciones del globalismo y su marco jurídico, que no existen más -y las 66 de las que se retiró USA).
El discurso de la ciencia desde 1940 aceleró su paso; esto modificó la tecnología que nos rodea y luego fue modificando, paulatinamente, la manera de hablar, la manera de organizar nuestros discursos.
Tardíamente el “sentido común” se actualizó y comenzó a votar “cambio” (no porque se volcaran hacia la derecha o hacia la izquierda, según la perspectiva globalista) sino porque habían cambiado las interacciones habituales a través de la tecnología.
Los norteamericanos y los rusos (también de algún modo los chinos en el paradigma anterior, pero con pasos muy atrasados respecto del paradigma actual) imbuidos de los adelantos tecnológicos, lideran los cambios discursivos (los rusos lo llevaron a sus escuelas y universidades, por eso sus científicos son los más adelantados del mundo, hoy). Cambios que se sistematizan y comienzan a producir nuevas teorías. Teorías que lleva a sus pueblos a que cambien actualizando lo que sea posible.
Notaron que podían cambiar el mundo cambiando el paradigma (ya no pocos viviendo de rentas, otros disimulando que el mundo es para pocos, y las mayorías en la pobreza o miseria. El globalismo consiguió que 100 personas tengan la misma cantidad de dinero que 3500 millones de personas) y fueron sus elites entrenando a sus dirigentes para que los gobiernen. De ese derrotero surgieron Putin y Trump y para las religiones monoteístas, el Papa Francisco (no por otra cosa elige como sucesor al norteamericano -por el hecho de conocer las oscuridades del poder detrás de bambalinas -también el papa norteamericano).
Como César Augusto haciendo surgir al imperialismo sobre la república romana; o tras la caída de ese imperio, los reinos francos y Carlomagno lo reemplazaron con lo que llamamos el feudalismo. Aquél habría comenzado con el otorgamiento del título de “Augusto” a César y el feudalismo con el surgimiento del Colonato (nace la servidumbre) bajo Diocleciano o Constantino; del mismo modo que el globalismo se consolida con el Consenso de Washington o el nacionalismo vigente con el acuerdo de Alaska entre Trump y Putin.
Por eso juega Trump con que el límite es su propia moralidad, su propia mente lo único que puede detenerlo. Porque “su” y “mi” es el sentido común que creció en las sombras al amparo de las nuevas tecnologías que posibilitan también extender la vida humana. Por eso no necesita el “derecho internacional”: porque no va más el derecho internacional del globalismo (de los banqueros), porque es necesario construir el “derecho internacional” de nacionalismo industrialista, cuya legalidad no se basa más en “las cosas cuestan lo que valen (lo que a uno se le ocurra”) sino en que las cosas cuestan poco más que una ganancia justa y razonable sobre los costos.
El problema es que la academia, medios y líderes se guían con tesis muy probadas en el cenit del globalismo. Pero no notaron que no existe más que el fade out del globalismo.
El fade in del nacionalismo requiere de nociones nuevas: nociones que guíen a los sentidos según el nuevo paradigma.
El problema es la transición de un paradigma a otro, en la que los líderes y medios se guían: sin tesis (porque se están construyendo, mientras).


