
Este 3 de enero de 2026, un evento sin precedentes en la historia reciente de América Latina sacudió al continente: el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, arrestó al presidente venezolano Nicolás Maduro, lo sacó de Caracas y lo llevó a Nueva York, tras una operación sorpresa que se enmarca dentro de la continua escalada de tensiones entre ambos países, impulsdas por la potencia del norte.
La fecha es coincidente con la invasión inglesa, con principios del derecho anglosajón, en el Sur del continente americano: la invasión a Malvinas que sigue en el tiempo desde hace 193 años.
Este hecho no solo ha conmocionado a Venezuela, sino que también pone en grave peligro la estabilidad de toda la región. Con esta acción, Estados Unidos ha dado un paso más en su injerencia directa en los asuntos internos de América Latina, marcando un precedente peligroso que podría tener repercusiones en otros países de la región. La pregunta que surge de este escenario es clara: ¿Hasta qué punto es legítima la intervención de potencias en otra y dentro de un mismo continente con tratado de la OEA que mitiga esos comportamientos?
Venezuela: El Caso que ha destapado la Caja de Pandora
Desde hace años, Venezuela ha sido un foco de tensiones internacionales debido a su crisis interna y la gestión del gobierno de Nicolás Maduro. La situación política, económica y social del país ha sido utilizada por diversas potencias extranjeras, especialmente Estados Unidos, para justificar un paquete de sanciones económicas, bloqueos financieros y presiones diplomáticas. No obstante, la acción tomada por el presidente Trump —el arresto de Maduro bajo acusaciones de corrupción – narcotráfico- y violaciones de derechos humanos— marca un giro drástico en la política de injerencia estadounidense.
Este arresto ha sido descrito por la administración estadounidense como un intento por “restaurar la democracia” en Venezuela, pero para muchos observadores, se trata de una violación flagrante de la soberanía nacional del país. Es más, las primeras informaciones dan cuenta que USA gobernará un tiempo en Caracas a todo el país.
En primer lugar, la legitimidad de esta intervención ha sido puesta en duda por varios países de América Latina y organizaciones internacionales. Además se violan los principios rectores de la OEA y el TIAR – El Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca-.
El derecho internacional establece que los asuntos internos de un país deben ser resueltos por sus propios ciudadanos y autoridades, sin la imposición de decisiones extranjeras que pongan en peligro su autonomía o autodeterminación.
El Riesgo para América Latina: Gobernar por la Fuerza o la Intromisión
La intervención de Estados Unidos en Venezuela pone de manifiesto un riesgo mayor: la tendencia de algunas potencias extranjeras a utilizar la fuerza y la injerencia para influir en los procesos internos de los países de América Latina. El uso de sanciones, el apoyo a opositores políticos y, como hemos visto en este caso, la detención de un presidente en un país soberano, demuestran la vulnerabilidad de la región ante las políticas de dominación geopolítica.
A lo largo de la historia de América Latina, la región ha sido testigo de repetidas intervenciones extranjeras, muchas veces en nombre de la “seguridad nacional” o la “democracia”, pero siempre dejando de lado el respeto por la soberanía de los pueblos. Durante el siglo XX, las intervenciones de Estados Unidos en países como Cuba, Chile, Nicaragua y Guatemala dejaron cicatrices profundas, ya que se utilizaron para desestabilizar gobiernos legítimos y promover regímenes que favorecían intereses ajenos a la región.
La intervención en Venezuela es un recordatorio de que los intereses de grandes potencias como Estados Unidos pueden chocar con la autodeterminación de los pueblos latinoamericanos. Cuando un país se ve arrastrado por políticas impuestas desde el exterior, se corre el riesgo de perder no solo su soberanía política, sino también su identidad cultural y social. La democracia y el derecho a elegir a los propios gobernantes deben ser protegidos sin interferencias externas.
La Respuesta Regional: El Defensa de la Soberanía y la Paz
Frente a este escenario, la región ha comenzado a mostrar signos de resistencia ante la intromisión de Estados Unidos en los asuntos de Venezuela. El gobierno de Chile, que ha sido un firme defensor de la soberanía y la autodeterminación en América Latina, ha expresado en varias ocasiones su condena ante cualquier intento de intervención extranjera. En un comunicado reciente, el presidente chileno afirmó que “la soberanía es un derecho sagrado de los pueblos” y que la injerencia extranjera “pone en riesgo no solo la estabilidad de Venezuela, sino de toda América Latina”.
Otros países como México, han seguido una postura similar, exigiendo que se respete la integridad de los países latinoamericanos y se busquen soluciones pacíficas a los conflictos. La Organización de Estados Americanos (OEA), aunque a veces ha sido criticada por su alineamiento con las políticas estadounidenses, también juega un papel clave en este contexto. La OEA debe ser un espacio para el diálogo y la negociación, y no un foro que justifique las intervenciones externas, que violan los principios del derecho internacional.
¿Qué Está en Juego? El Futuro de América Latina
El hecho de que Estados Unidos haya dado este paso tan drástico al arrestar a un presidente en funciones en otro país no solo desafía la soberanía de Venezuela, sino que también establece un precedente peligroso para la región. Si se permite que una potencia extranjera gobierne o influencie los destinos de países latinoamericanos a través de la fuerza o la injerencia, la estabilidad regional se verá comprometida.
La historia de América Latina está marcada por la lucha constante por la independencia y la autodeterminación. Las intervenciones externas solo han causado sufrimiento, divisiones y conflictos prolongados. Hoy, más que nunca, es crucial que los países latinoamericanos trabajen juntos para garantizar que el continente sea un espacio de paz, respeto y cooperación mutua, sin la amenaza de injerencias extranjeras.
La Lección que deja la Crisis de Venezuela: La Autonomía es la Clave para la Paz Regional
América Latina debe aprender de su historia y resistir la tentación de permitir que otros países, con intereses geopolíticos propios, dictaminen su futuro. La autonomía política, la cooperación regional y el respeto por los derechos humanos deben ser los pilares sobre los cuales se construyan las relaciones internacionales en el continente.
Si bien la crisis de Venezuela es uno de los casos más graves de injerencia externa en los últimos años, no debe convertirse en un modelo a seguir ni para Estados Unidos ni para ningún otro país. La lección es clara: la paz en América Latina solo puede lograrse si los países de la región tienen el control de sus propios destinos, sin la amenaza constante de intervenciones externas que violan sus derechos fundamentales.
En resumen, el arresto de Maduro y la creciente injerencia de Estados Unidos en los asuntos de Venezuela no solo desafían la soberanía del país, sino que también ponen en riesgo la estabilidad y la unidad de toda América Latina.
El continente debe defender con firmeza sus principios de no intervención y autodeterminación, y reafirmar su compromiso con la paz y la democracia en el siglo XXI. Solo así podrá garantizar un futuro sin injerencias externas que pongan en peligro la autonomía de sus pueblos.



Con el debido respeto. Para opinar sobre la realidad venezolana existen algunos requisitos necesarios para tener la autoridad de hacerlo, el primero de ellos es haber nacido y vivido en Venezuela o estar viviendo actualmente ahì, 10.000.000 de venezolanos en el exilio, miles de ellos privados de la libertad por razones polìticas en su paìs, no opinan lo mismo que el autor del editorial. no pueden regir su propio destino aquellos que son sometidos brutalmente por una dictadura impensable en el año 2026.