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Los ‘Madrugadores del 9’ rezaron el Rosario en la Catedral y unieron la oración con la vida de Santo Domingo

En una jornada muy especial para los nuevejulienses, la corriente de oración se reunieron en la Catedral rezaron el Santo Rosario, en el marco de la celebración del, patrono de la ciudad

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En una jornada muy especial para los nuevejulienses, los Madrugadores del 9 se reunieron en la Catedral de Nueve de Julio para rezar el Santo Rosario, en el marco de la celebración de Santo Domingo, patrono de la ciudad y de la diócesis.

El encuentro tuvo una característica particular: cada misterio del Rosario fue contemplado a la luz de la vida, la espiritualidad y las enseñanzas de Santo Domingo. La propuesta, orientada por el padre Daniel Camagna, permitió recorrer no solamente la tradición del rezo del Rosario, sino también su significado como camino de oración, confianza y encuentro con Dios.

Desde el comienzo de la celebración se recordó especialmente la relación de Santo Domingo y la tradición dominicana con la conformación del Santo Rosario. Por eso, se propuso rezarlo de una manera especial, vinculando cada misterio con distintos aspectos de la vida y el mensaje del santo.

Una Palabra que invitó a confiar

La liturgia tuvo como centro el Evangelio de San Mateo, en el pasaje en el que Jesús camina sobre las aguas y Pedro intenta ir a su encuentro. Frente a la tormenta y al miedo de los discípulos, Jesús les dice que no teman. Pedro comienza a caminar sobre el agua, pero al sentir la fuerza del viento tiene miedo y pide ayuda. Jesús entonces le tiende la mano y lo sostiene.

A partir de este Evangelio, el padre Camagna destacó el valor de la oración como una verdadera conexión y comunicación con Dios, no limitada únicamente al pedido, sino entendida como confianza y entrega de toda la vida.

La escena de la tormenta fue presentada como una imagen de las propias dificultades que atraviesa cada persona. En medio de esas situaciones, la fe permite reconocer la presencia de Jesús y confiar en que Dios sostiene incluso en los momentos más difíciles.

Los misterios del Rosario y las enseñanzas de Santo Domingo

El primer misterio glorioso, dedicado a la Resurrección de Jesús, fue relacionado con el testimonio de Santo Domingo. Se destacó que el santo no solamente predicó a Jesús resucitado, sino que dio testimonio de esa fe con toda su existencia. La reflexión invitó a pedir que los cristianos puedan ser también verdaderos testigos del Evangelio.

En el segundo misterio, la Ascensión de Jesús al cielo, la reflexión se centró en la pedagogía de oración atribuida a Santo Domingo. Se habló de un camino que comienza en la humildad, representada en la inclinación, y que alcanza su madurez en la confianza, simbolizada en el abrazo y en ponerse en los brazos de Dios.

El tercer misterio, dedicado a la venida del Espíritu Santo en Pentecostés, permitió reflexionar sobre la necesidad de invocar al Espíritu Santo para comprender y llevar a la vida la Palabra de Dios. Se pidió que ese Espíritu sea para cada persona luz, fuerza, verdad, consuelo, alegría y paz.

El cuarto misterio llevó a contemplar la Asunción de María al cielo. Allí apareció otra de las imágenes utilizadas para explicar la espiritualidad de Santo Domingo: la vida como una escalera que puede llevar al encuentro con Dios a través de los mandamientos, las virtudes y los dones recibidos. La reflexión invitó a no perder la esperanza y a continuar ascendiendo por el camino de la fe, la verdad, la compasión y la solidaridad.

Finalmente, en el quinto misterio glorioso, se contempló la coronación de María como Reina y Madre de la creación. Allí la oración fue presentada como la “corona” de la vida: una práctica que no solamente prepara para la eternidad junto a Dios, sino que debe acompañar y coronar cada jornada de la existencia.

La historia del Rosario, una oración que atraviesa los siglos

La reflexión también permitió detenerse en la historia y evolución de esta oración mariana. Se explicó la relación entre el Rosario y la tradición de los salmos, señalando cómo las oraciones fueron adquiriendo una forma sistematizada y organizándose alrededor de los distintos misterios de la vida de Jesús y de María.

En ese recorrido se hizo referencia a los misterios gozosos, dolorosos y gloriosos, y a la incorporación posterior de los misterios luminosos. De esta manera, el Rosario fue presentado no simplemente como la repetición de oraciones, sino como una manera de contemplar distintos momentos del Evangelio y de la vida de Cristo.

Intenciones por la comunidad

Como parte de la celebración, los Madrugadores elevaron numerosas intenciones por la salud de familiares, amigos y vecinos, además de pedir por la paz en el mundo, por los hogares, por el trabajo y por quienes atraviesan distintas dificultades. También hubo agradecimientos por la salud y por la presencia de Dios en la vida cotidiana.

De este modo, la oración comunitaria volvió a expresar uno de los sentidos más profundos del encuentro: poner la vida y las necesidades de los demás en las manos de Dios, desde la confianza y la intercesión.

Un nuevo Madrugador

La jornada tuvo además un momento especial para el grupo: la incorporación de Gustavo Albano, vecino de Nueve de Julio, quien se sumó a los Madrugadores del 9 de manera espontánea.

Según supo el grupo, Gustavo había estado caminando por plaza Belgrano y, al encontrarse con la corriente de oración y el espíritu del encuentro, decidió acercarse y participar. Su incorporación fue recibida con alegría por los demás Madrugadores, que le dieron la bienvenida a esta experiencia comunitaria de fe. Asimismo, se le cantó el Feliz Cumpleaños a Agustín Banchero, el Madrugador más joven que hoy cumple años.

La celebración del Santo Patrono

El encuentro de los Madrugadores se inscribió así en las actividades previstas para celebrar a Santo Domingo, una fecha especialmente significativa para la comunidad nuevejuliense.

Al finalizar, se invitó a la comunidad a participar de las celebraciones del Santo Patrono: desde las 16.30, en el Santuario de Nuestra Señora de Fátima; a las 18.30, la procesión hacia la Catedral; y a las 19, la celebración de la Santa Misa en la Catedral.

La jornada de los Madrugadores dejó así una invitación a continuar haciendo de la oración un espacio de encuentro, confianza y servicio, poniendo la vida cotidiana bajo la mirada de Dios y caminando, como propuso la reflexión del Rosario, hacia una fe capaz de sostenerse aun en medio de las tormentas.

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