
En Semana Santa de 1996, la Unidad Penitenciaria 2 de Sierra Chica, en Olavarría, fue escenario de uno de los motines más violentos de la historia carcelaria argentina.
Durante ocho días, un grupo de presos liderados por Marcelo “Popó” Brandán Juárez se enfrentó a otro bando liderado por Agapito “Gapo” Lencina, en un intento de fuga que terminó en una masacre.
La rebelión comenzó el 30 de marzo, cuando los “Doce Apóstoles” tomaron como rehenes a guardias, un médico y tres pastores evangelistas. La jueza de Azul, María de las Mercedes Malere, llegó al lugar para negociar, pero fue tomada como rehén. Detrás de las rejas, los presos se entregaron a un juego macabro de ajustes de cuentas, que incluyó la muerte de ocho personas, entre ellas Lencina, quien fue asesinado de un tiro en la nuca y cuchillazos.
Los cuerpos fueron descuartizados y incinerados en un horno de la panadería del penal, y se hicieron empanadas con carne humana que se dieron a comer a guardiacárceles y rehenes.
La situación se mantuvo en secreto hasta que los cabecillas subieron al techo del pabellón 11 y hablaron con la prensa, exigiendo armas, móviles para escapar y comida. La rendición se produjo el 7 de abril, Domingo de Pascua, después de que se negociara la liberación de los rehenes y el traslado de los cabecillas a un penal federal. El juicio por la masacre se llevó a cabo en 2000, y seis de los imputados fueron condenados a reclusión perpetua, mientras que otros recibieron penas más bajas.


