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El poder, una geometría

Escribe para Cadena Nueve, jorge Suevus

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Cadena Nueve describe y descifra articulaciones del poder en su modo y forma de comunicar, cuya característica principal (del poder) es invisible, aunque luego se expresa en el marco operativo republicano desdoblado en poderes institucionales, cuya dificultad está en el movimiento bascular o pendular entre dos polos: de la soberanía a la representación republicana y desde ésta hacia aquella: Trump va por Maduro, Putin por Zelensky, Sheinbaum reforma el sistema judicial mexicano.

¿Qué conecta estos hechos (aparentemente) dispersos?

El poder redibujando su marco referencial.

Produciendo ese movimiento pendular un “ciudadano”: esclavo (para el imperialismo), siervo (para el feudalismo), empresario o empleado (para el capitalismo).

El capitalismo encontró una vía de escape para reproducirse bajo apariencias que todos compramos: ejerciendo un capitalismo que no dejara notar que era (más o menos) esclavista y (más o menos) feudal (de hecho, en la zona núcleo de la Pampa Húmeda, el alquiler de las tierras se ejerce según las reglas del feudalismo -40 a 60% de la producción para el señor feudal, digo, para el dueño de las tierras, que además es socio de la Sociedad Rural de Palermo; no de las otras).

Ahora desde el título de esta nota, puedo compartir una nueva perspectiva con los lectores de Cadena Nueve: cuando hablamos de poder decimos que alguien lo tiene o lo ejerce; sin embargo, el poder no se posee: opera. Lo hace estableciendo desde un conjunto referencial o marco desde el cual surge la legalidad, posibilidad y sentido.

Por ejemplo, un conjunto referencial no es una simple colección de elementos, es el marco que determina qué relaciones son posibles entre los conjuntos, subconjuntos o partes que contiene. La proximidad al marco establece la forma posible de establecer relaciones. China es la más alejada del marco: se llevó consigo a Inglaterra, pero primero a Alemania, luego a Francia; tanto como a Ucrania y Maduro, que no entendieron el nuevo escenario global (o marco o conjunto referencial -no por otra cosa hay tantos juicios a jueces en nuestro país: no entendieron que no tienen poder sino que hace operativas las reglas; hasta no hace mucho, las reglas del “sálvese quien pueda”, de ahora en más, las del marco jurídico que va surgiendo y se impondrá como Estado de Derecho).

Durante el esclavismo el conjunto referencial (o marco) contenía amos y esclavos; la relación era de posesión absoluta (no existía la posibilidad de “contrato laboral” o “derechos del trabajador”); no porque fueran inmorales, sino porque no contenía esas posibilidades.

El feudalismo agregó señores y siervos; nuevas relaciones: protección, tributo, arraigo territorial. Los esclavos no desaparecieron de un día para el otro, pero el marco los estaba volviendo relacionalmente imposibles (como vender combustible barato a China -un anacronismo estructural, que no encaja con las relaciones que habilita el nuevo marco).

El capitalismo creó empresarios, empleados y profesionales, habilitando la compraventa de la fuerza de trabajo; los siervos resultaron incompatibles. No hubo iluminación moral: hubo incompatibilidad con el marco referencial cuya operatividad exigía otro tipo de relaciones.

El capitalismo financiero (globalismo -China, Alemania, Unión Europea, Inglaterra, Davos) impuso un marco referencial curioso: privilegiaba la renta financiera (y modelos agropecuarios) sobre la producción de bienes y servicios. Beneficiando a pocos: especulando en bolsa de valores o vendiendo productos primarios. Los trabajadores y empresarios aislados relacionalmente (salvo grupos reducidos para demostrar la excepción a la regla).

Generando una ficción laboral: se mantenían puestos de trabajo como conjuntos de exhibición, no porque fueran necesarios dentro del maro, sino para sostener una narrativa moral: “el que no tiene trabajo es porque no se esfuerza” (decía la ficción). Pero la realidad estructural era otra: simplemente no habilitaba el marco referencial del globalismo, las relaciones productivas masivas. Alcanzaba con las ganancias de la especulación, no del trabajo. Por eso, por ejemplo, históricamente Brasil considera a la pobreza estructural (a Lula lo metieron preso por regalar bolsones de comida; en cambio, en Argentina, por el peronismo del 43 al 55, los pobres también comen carne -no alimentos que se comen con la mano como en Brasil- con cubiertos -cuchillo y tenedor. Entonces no alcanza con regalarles comida, se les da acceso a bienes y servicios para equilibrarlos), dando la posibilidad de que se trate a la pobreza como contingente (no como estructural) en Argentina.

El nuevo marco (que conducen Trump y Putin, al ponerse de acuerdo en Alaska) establece una partición categórica: naciones con energía barata y naciones con energía más cara siempre que la de Estados Unidos y Rusia (estos solo pueden vender energía a precios más altos -a unos muy altos, a otros menos alto; pero superiores al costo en esos dos países).

Por eso la globalización deja de operar entre empresas de distintos países: ahora los contratos son entre países, a través de sus presidentes y de sus embajadores.

¿Qué fue pasando entre paradigmas, marcos o conjuntos referenciales (orden internacional)?

La tecnología adelanta los procesos: no es lo mismo dar batallas con armas de poco alcance que con armas de mayor alcance, por ejemplo.

Como no es lo mismo interactuar por correo postal que con modelos de IA.

La inteligencia artificial data de alrededor de 1900; las matemáticas apropiadas y los primeros materiales, de la década de 1940. Pero la sofisticación masiva de los materiales que ampliaron la tecnología, es de hace un par de años: por eso podemos usar no solo smarts (surgidos hace décadas) sino modelos de IA. La velocidad es tan tremenda como la posibilidad de almacenar datos de manera gigante en forma remota.

Esto modificó la manera de hablar y de organizarnos como sociedad. Eso impone los cambios de paradigma: el discurso establece las reglas de las probabilidades. Es decir, Trump y Putin no son “iluminados” o “malvados”, utilizan lo que la ciencia posibilita a través de la tecnología. Como nuestra Intendente: las nuevas reglas del poder están en el discurso, cierto que son invisibles. Uno se articula o no a ellas. Una de las reglas es: hacer costos (para toda discusión).

Hoy es posible organizar al mundo para que todos tengan trabajo. El problema está en que se aprende lentamente y, por otra parte, es inconveniente para los que se enriquecían sin trabajar.

Entonces ¿qué tenemos?

El poder no es moral, no decide ser cruel o bondadoso. Simplemente establece el conjunto referencial que la tecnología disponible hace viable.

Por ejemplo, Trump y Putin se ponen de acuerdo porque a ninguno de los dos les resulta conveniente, según el cálculo de costos, borrar la Tierra del universo a través de sus armas. Entonces, acuerdan respetarse, fijándose reglas convenientes para los dos, bajo la premisa de dar trabajo a sus pueblos; ya para que sus pueblos puedan trabajar, necesitan que haya trabajadores en otras partes del mundo que compren sus productos. Por eso necesitan un mundo industrialista.

Ocurre el poder porque el marco establece reglas operativas que los hombres y mujeres ejercen.

Ahora se entenderá mejor porqué Claudia Sheinbaum, sin tener la menor idea de lo que estamos tratando a través de Cadena Nueve, actualizó junto al pueblo mexicano, el sistema judicial completo: eso posibilitó que los Bancos viraran gradualmente los préstamos al consumo hacia los préstamos para la producción. Dirigiendo a las universidades y ciencia oficial hacia la producción de chips y nanotecnología, que posibilitó no depender de otros países y contar con una producción a la altura de la norteamericana que posibilita a su vez la integración de ambos países en una economía sólida. Aunque Trump a veces contradice discursivamente a México, pero es en apoyo a Sheinbaum, para demostrarle a los cárteles de la droga que, si Sheinbaum no puede, se ocupará él (Trump) personalmente, como hizo con Maduro y con el desarrollo de las ojivas nucleares de Irán. (¿imaginan la preocupación de los narcotraficantes que viven en Nordelta, cuando noten esto?).

El poder está operando según un nuevo paradigma: va dibujándose como marco. La IA cataliza (como las enzimas) la transición que antes hubiera costado una guerra mundial en territorio europeo (sí, los poderosos discuten sus guerras en otros escenarios: en la guerra de Ucrania, la mitad quedará para Rusia y la otra mitad Estados Unidos; como Zelensky no entendió la cuestión de los costos, perdió su país. Lo mismo proponen Kast desde Chile y Milei desde Argentina. Intentó burlarse Maduro y tuvo que acordar esconderse en alguna cárcel norteamericana).

A partir de este punto se erige el principio de autoridad.

Luego se construyen instituciones acordes. Siendo así, no corresponde decir “derecho internacional” (porque era del globalismo; como cuando se pasó del esclavismo al feudalismo, hubo que construir una legalidad feudal); por eso no van más el multilateralismo, ni la Agenda 2030, ni nada que tuviera que ver con el globalismo) para la “extracción” de Maduro.

Lo más difícil de notar es que es un paradigma de: amor y paz (léase, altísimos niveles de intercambios comerciales entre países, respetando las diferencias y organizando las ventajas comparativas en función de un mundo que afiance la relación entre los pueblos).

Claro que, como expresaba Bachelard: se conoce contra obstáculo de saber (el saber anterior es un impedimento al el saber nuevo). El saber instituido por el globalismo costará tiempo y vidas, desbaratarlo.

Nuestro distrito, gracias a Cadena Nueve y la Intendente cuentan con pasos acordes al nuevo paradigma, y llevamos distancia recorrida que otros distritos aún no dieron ni imaginan que tendrán que dar.

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